Milán: Domingo, y basta

12 / 03 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 2 min

Print Friendly, PDF & Email
La soprano estadounidense Angel Blue rompió el tabú de las cantantes de color en la ópera de Verdi y en La Scala, al lado de un inconmensurable Plácido Domingo como Giorgio Germont © Teatro alla Scala / RAMELLA & GIANESE
La soprano estadounidense Angel Blue rompió el tabú de las cantantes de color en la ópera de Verdi y en La Scala, al lado de un inconmensurable Plácido Domingo como Giorgio Germont © Teatro alla Scala / RAMELLA & GIANESE
La soprano estadounidense Angel Blue rompió el tabú de las cantantes de color en la ópera de Verdi y en La Scala, al lado de un inconmensurable Plácido Domingo como Giorgio Germont © Teatro alla Scala / RAMELLA & GIANESE

Teatro alla Scala

Verdi LA TRAVIATA

Angel Blue, Francesco Meli, Plácido Domingo, Riccardo della Sciucca, Caterina Piva. Dirección: Marco Armiliato. Dirección de escena: Liliana Cavani. 12 de marzo de 2019.

En esta reposición de la Traviata de Liliana Cavani, con funciones fuera de abono, llenos absolutos y una notable presencia de jóvenes en el gallinero, contó con el debut en el podio de La Scala de Marco Armiliato, un director que ha obtenido el reconocimiento internacional con el repertorio italiano. No decepcionó con su dirección puntual, con tempi exactos y bien medidos y comunicando correctamente lo que ocurría en el escenario. La orquesta se luce siempre con este título y lo mismo ocurre con el coro que prepara Bruno Casoni.

Estaba prevista como protagonista la búlgara Sonia Yoncheva, pero finalmente se hizo cargo del papel Angel Blue, una estadounidense que rompía el tabú de las cantantes de color en esta ópera, intérprete que ya había gustado aquí con la Bess de la ópera de Gershwin. Tras un primer acto en el que pudo detectarse una comprensible cautela y que sin embargo coronó con un brillante mi bemol, su Violetta aportó temperamento y participación, con un segundo acto memorable y un no menos eficaz tercero, en el que solo pudo reprochársele unos exagerados accesos de tos que deslucieron un tanto su emocionante “Addio, del passato”. La acogida triunfal que tuvo al final del espectáculo, y que casi la sorprendió, fue merecidísima. No menor fue el triunfo personal de Plácido Domingo, y no solo se festejaba en este caso a toda una carrera de la que no puede verse el ocaso. Es inútil entrar en discusiones sobre si el timbre es más o menos baritonal. Domingo es Domingo, y basta. Sorprende, no obstante, que la voz siga mostrando esa firmeza, esa proyección y esa riqueza de armónicos en un hombre que ha sobrepasado ya la barrera de los 78 años. Interpretativamente no se le discute: es un grandísimo artista. Su carisma tuvo al público en suspenso hasta hacerse estallar en una prolongada ovación después de un “Di Provenza” que pasará a la historia.

Francesco Meli es ya un Alfredo con todas las de la ley; lo tiene todo del joven enamorado, desde la pasión en el carácter al físico ideal, que él traduce en un canto matizado y lleno de color. Todo el resto, por lo demás, se ha mostrado a un gran nivel, con unas parti di fianco al nivel de los tres protagonistas. Cabe recordar especialmente al Gastone de Riccardo della Sciucca, al que habrá que ir pensando en confiarle empeños superiores, al poderoso Marqués de Antonio di Matteo o a las excelentes Chiara Isotton (Flora) y Caterina Piva (Annina), junto a los no menos destacados Alessandro Spina (Doctor Grenvil) y Costantino Finucci (Baron Douphol), todos ellos muy aplaudidos.