Michieletto y el 'Rigoletto' de la pandemia

Roma

22 / 07 / 2020 - Mauro MARIANNI - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena de la producción de Michieletto, con distancia de seguridad © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Roberto Frontali y Rosa Feola en el 'Rigoletto' ofrecido en julio por la Ópera de Roma en el Circo Massimo, un espectáculo al aire libre para 1.000 espectadores con dirección de escena de Damiano Michieletto que mantenía la distancia entre los intérpretes © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Roberto Frontali (Rigoletto) y Rosa Feola (Gilda), magnífico dúo de protagonistas © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Teatro dell'Opera di Roma

Verdi: RIGOLETTO

Ópera de verano en el Circo Massimo

Roberto Frontali, Rosa Feola, Iván Ayón Rivas, Martina Belli, Riccardo Zanellato, Gabriele Sagona, Irina Dragoti, Pietro Picone. Dirección: Daniele Gatti. Dirección escénica: Damiano Michieletto.  18 de julio de 2020.

Para el Rigoletto con el que la Ópera de Roma reemprendía sus actividades estivales fuera de sus muros, Damiano Michieletto había previsto la colocación en el vastísimo espacio del Circo Massimo de hasta seis automóviles para albergar a los distintos personajes de la ópera, garantizando así el distanciamiento previsto por la regulación anti-Covid-19. Para compensar de alguna manera ese distanciamiento necesario, la imagen de los personajes, tomada en directo, había de proyectarse sobre una gran pantalla situada al fondo del escenario. Posteriormente la regulación se hizo menos severa y Michieletto pudo hacer que los solistas se movieran con mayor libertad. La estructura del espectáculo, sin embargo, no cambió por ello y en la acción siguieron jugando los seis automóviles mientras la pantalla llevaba al primer plano los detalles de la acción que de otra manera hubieran pasado desapercibidos, al tiempo que revelaba con las imágenes los pensamientos, los recuerdos y los estados de ánimo de los protagonistas. Todo ello fue realizado con mucho ingenio y la inherente complejidad demostró una prodigiosa habilidad técnica.

"Las ideas de Michieletto eran muchas, quizá demasiadas, y si algunas eran geniales otras parecieron discutibles o simplemente superfluas"

Las ideas de Michieletto eran muchas, quizá demasiadas, y si algunas eran geniales otras parecieron discutibles o simplemente superfluas. La menos opinable fue la de presentar al Duque y a su corte como una banda de criminales, pues tales son en realidad, y baste para ello pensar en los raptos, asesinatos y estupros por ellos cometidos. Fue una sorpresa, en cambio, ver a una Gilda menos ingenua y casta de lo habitual, desde el momento en que regresa a su casa –de la que evidentemente se ha escapado a escondidas– con un atuendo sucinto y provocativo de color rojo, del que se desprende enseguida para no ser sorprendida por su padre, aunque podrían citarse otros ejemplos de su ambiguo comportamiento.

Rigoletto ofrecía una impresión más tradicional, pero resultaba una novedad la profundización en su configuración psíquica para poner  de manifiesto su naturaleza retorcida y contradictoria. Ello no le hubiera sido posible a Michieletto de no haber podido contar con la colaboración de un Roberto Frontali en un estado de espléndida madurez: su mímica era la de un gran actor y su canto se plegaba en sutiles inflexiones a las expresiones de rabia, amor y dolor  que se alternan en uno de los personajes más complejos creados por Verdi.

Rosa Feola prestó a Gilda una voz inmaculada a la que dotó en esta ocasión de un carácter más volitivo para hacer del personaje una mujer de carne y hueso en lugar de la muñeca habitual. La joven y briosa voz del tenor peruano Iván Ayón Rivas resultó ideal para el jactancioso duque de Mantua, y el resto de papeles fue bien servido por el reparto reclutado. La excelencia de la vertiente musical tenía en su base la espléndida dirección de Daniele Gatti, quien supo evitar el efecto fácil a favor de una profunda unidad musical y dramática que mantuvo la tensión hasta el trágico final.