Michel Fau suaviza el inquietante ‘Wozzeck’ de Berg

Mónaco

31 / 03 / 2022 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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wozzeck-operaactual-montecarlo (3) Una escena del montaje de 'Wozzeck' de Michel Fau © Opéra de Monte-Carlo / Alain HANEL
wozzeck-operaactual-montecarlo (3) Birger Radde como Wozzeck © Opéra de Monte-Carlo / Alain HANEL
wozzeck-operaactual-montecarlo (3) Una escena del montaje de 'Wozzeck' de Michel Fau © Opéra de Monte-Carlo / Alain HANEL

Opéra de Monte-Carlo

Berg: WOZZECK

Estreno local

Birger Radde, Daniel Brenna, Michael Porter, Mikeldi Atxalandabaso, Albert Dohmen, Annemarie Kremer, Lucy Schaufer, Andreas Conrad y otros. Dirección musical: Kazuki Yamana. Dirección de escena: Michel Fau. 29 de marzo 2022.

La ópera Wozzeck se basa en el asesinato de la esposa de un soldado a manos suyas en los aledaños del primer tercio del siglo XIX. Fue un crimen de honor, un hecho de sociedad, un suceso sin mayor importancia informativa por su frecuencia y por la identidad de los protagonistas que se transformó poco más tarde en una obra de arte gracias al genio del dramaturgo Georg Büchner (1836) y en la ópera de Alban Berg (1925), casi un siglo después. Ambos pusieron de relieve la sordidez del mundo que envolvía al asesino, causa previa de la flaqueza mental del individuo que, en cierta forma, lo disculpaba: “El honor es incompatible con la pobreza”, dice y repite el soldado sin parar.

Michel Fau no quiso entrar de llano en el mundo propuesto por Berg compuesto de música descoyuntada y de sórdidos diálogos. Situó la acción en un lugar de fábula, deformado sí pero reconocible –un gran trabajo de escenografía de Emmanuel Charles–, poblado por muñecos vestidos de vivos colores –por David Belugou–, animados por gestos de teatro de títeres. Integró la música como contrapunto del lugar inquietante y de la gente grotesca que lo puebla suavizando la trama, lo cual facilitó su seguimiento y su comprensión.

"Brilló Birger Radde en particular, caracterizando un Wozzeck inquietante, molesto, bien en su papel por su porte de muñeco articulado, por la potencia y por el bello timbre de su voz"

Kazuki Yamada brindó una lectura inteligente de la partitura, vale decir, orientada a facilitar su escucha sin escatimar los bruscos cambios de ritmo exigidos ni, por momentos, la profusión de decibelios. Todo quedó tan bien integrado en la historia que ni el espectador advertido se extrañó de la rareza de la música, ni el neófito protestó por los excesos sonoros de metales y percusión.

En el escenario se lucieron las voces. Brilló Birger Radde en particular, caracterizando un Wozzeck inquietante, molesto, bien en su papel por su porte de muñeco articulado, por la potencia, el bello timbre –voluntariamente endurecido– de su voz y la continuidad y la facilidad de su manera de decir, su Sprechgesang, una especialidad nada fácil. Mikeldi Atxalandabaso, el Capitán, de voz clara y con la indispensable punta de metal que convenía, formó una pareja muy creíble con Albert Dohmen –el Doctor–, que triunfó en una gran interpretación de la vacuidad del saber del galeno castrense. Annemarie Kremer fue Marie, la compañera del pobre soldado, que convenció por su cansancio no fingido ante la actitud del padre de su hijo, su solicitud materna y sus escenas de seducción con el Tambor Mayor, un Daniel Brenna excelente bajo todo aspecto; su trabajo vocal fue aplaudido si bien las variaciones de timbre, por la intensidad o la altura de su emisión, algo deslucieron su trabajo. Completaron el reparto, entre otros, Michael Porter –el soldado Andres–, Lucy Schaufer –Marget–, Andreas Conrad –el Loco– a quienes Fau no dejó en su trabajo dramático ir más lejos de lo que marcaban las rúbricas.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL