Mérida: Gaza entre piedras romanas

11 / 07 / 2019 - Julio BRAVO - Tiempo de lectura: 3 min

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El Festival de Teatro Clásico de Mérida se inauguró con una nueva producción de Paco Azorín de 'Samson et Dalila' © Festival de Mérida
El Festival de Teatro Clásico de Mérida se inauguró con una nueva producción de Paco Azorín de 'Samson et Dalila' © Festival de Mérida

Festival de Teatro Clásico

Saint-Saëns: SAMSON ET DALILA

Nueva producción

María José Montiel, Noah Stewart, David Menéndez, Simón Orfila, Damián del Castillo. Dirección: Álvaro Albiach. Dirección de escena: Paco Azorín. 27 de junio de 2019

No es la ópera un género ajeno al teatro romano de Mérida, un imponente espacio por el que no hace tanto tiempo pasaron artistas como Montserrat Caballé, José Carreras, Elena Obratzsova o Joan Pons, que protagonizaron a finales de los años ochenta títulos como Medea, de Cherubini, y Herodiade, de Massenet.

María José Montiel y Noah Stewart

Y precisamente otra ópera francesa, Samson et Dalila, de Camille Saint-Saëns, ha abierto la 65ª edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Estrenada en Weimar (Alemania) el 2 de diciembre de 1877 –gracias al empeño de Franz Liszt–, no llegaría a Francia hasta trece años más tarde, y no se presentaría en la Ópera de París hasta 1892. Está basada en un episodio recogido en el Libro de los Jueces del Antiguo Testamento. Paco Azorín la ha convertido en una historia de nuestros días, situada en el siempre conflictivo territorio de Gaza. La violencia, la libertad, el sometimiento de un pueblo, y también el racismo y la religión, cobran en esta puesta en escena una relevante actualidad que Azorín ha sabido traducir con habilidad. Resulta poco estimulante comprobar que seguimos anclados en los mismos problemas que hace dos mil años, y el director nos lo pone delante de los ojos. Para ello sitúa en el centro de la escena a una periodista de televisión, testigo mudo de la tragedia, que acompaña y relata al tiempo

Mérida no es un escenario sencillo. Azorín –respetado escenógrafo además de director– lo sabe bien, y como único elemento ajeno a las milenarias piedras ha colocado unas gigantescas letras que forman la palabra Israel, que se suman a puntuales proyecciones. Y es que el pueblo hebreo es parte fundamental de esta ópera; el director lo ha querido representar en el pueblo extremeño, y ha llenado el escenario con cerca de 400 figurantes que proceden de distintos colectivos de discapacitados y de personas en peligro de exclusión social. El resultado ha sido una impresionante turba que aparecía al principio y al final de la obra y que se movía con mayor voluntad que donaire, aunque cumplió perfectamente con el objetivo buscado por Azorín.

"Y en medio de todo ello emerge la historia de amor y traición entre los dos protagonistas: Sansón, tan firme como héroe popular como frágil como enamorado; y Dalila, tan astuta como despiadada"

Y en medio de todo ello emerge la historia de amor y traición entre los dos protagonistas: Sansón, tan firme como héroe popular como frágil como enamorado; y Dalila, tan astuta como despiadada. A aquél lo encarnó el tenor estadounidense Noah Stewart, de timbre particular y cierta destemplanza en la emisión; a su Sansón, físicamente imponente, le faltó contundencia. Todo lo contrario que a la mezzosoprano madrileña María José Montiel, una Dalila ideal por su voz pastosa, seductora y aterciopelada; su “Mon cœur s’ouvre à ta voix” –el momento álgido de su intervención resultó hermosísima. David Menéndez, Damián del Castillo y, sobre todo, Simón Orfila, llenaron de calidad sus intervenciones.

La dificultad que supone el por otro lado estimulante escenario de Mérida para el director de escena es la misma que para el director de orquesta. Álvaro Albiach supo conducir a la Orquesta de Extremadura y al Coro de Cámara de Extremadura con habilidad y sirvió la partitura con la densidad y la sutileza necesarias.