Melodrama pequeño burgués en el Real

Madrid

04 / 03 / 2021 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Norma Real Yolanda Auyanet, protagonista de esta producción de Justin Way © Teatro Real / Javier DEL REAL
Norma Real Norma (Yolanda Auyanet) y Adalgisa (Clémentine Margaine) © Teatro Real / Javier DEL REAL
Norma Real Michael Spyres (Pollione), en el centro de la imagen, junto a la protagonista © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Bellini: NORMA

Nueva producción

Yolanda Auyanet, Michael Spyres, Clémentine Margaine, Roberto Tagliavini, Bena Perles, Fabián Lara. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Dirección: Marco Armiliato. Dirección de escena: Justin Way. 3 de febrero de 2021.

No es recomendable prodigar Norma, pero el Real, que sigue arriesgando fuerte, la ha vuelto a programar cuatro años después de su última reposición. En esta ocasión, eso sí, con una nueva producción del director de escena Justin Way, quien opta por lo metateatral, una decisión que exige un alto grado de sofisticación poco prodigada en este nuevo montaje. La acción se desarrolla en un teatro y representa (ya desde el telón, que imita al original del Real, tan hermoso) una compañía en la Italia del Risorgimento, cuyo reparto femenino anda enamorado de un oficial austríaco que también hace de Pollione, sin que se sepa por qué el hombre tiene esas aficiones canoras.

Se pretende dar a Norma un contenido político, que irrumpe en el coro «Guerra, guerra» –incluida una pancarta–, aunque lo que se consigue, por lo fundamental, es convertir una tragedia que quiere remontarse a la antigüedad vía Spontini, Gluck y el teatro clásico francés en un melodrama doméstico que cuenta las fantasías erótico sentimentales de una pobre actriz que se adivina enganchada, como Emma Bovary, a los folletones sensacionalistas y a la ópera romántica que, claro está, sale ridiculizada del trance.

"Yolanda Auyanet se encargó de sacar adelante a la protagonista y lo hizo voluntariosamente, con una voz oscura, potente, centrada y bien proyectada"

La soprano Yolanda Auyanet se encargó de sacar adelante el papelón protagonista –nunca mejor dicho– y lo hizo voluntariosamente, con una voz oscura, potente, centrada y bien proyectada, a la que sin embargo por momentos le faltó cierta fluidez, variedad en los colores e imaginación. Michael Spyres hizo lo propio con su Pollione, un personaje ingrato, al borde siempre de la trivialidad, aspecto que la puesta en escena subraya: lo defendió con buen ánimo y generosidad, sin escatimar unos medios que no están del todo a la altura de la ambición y con extraños giros en los adornos. La Adalgisa de Clémentine Margaine derrochó expresividad con un instrumento de gran volumen y calidez, muy rico y matizado: soberbios su dúo con Pollione el austríaco y el segundo con Norma.

El gran Roberto Tagliavini plantó un Oroveso convenientemente autoritario, indiscutible, de excelente línea de canto, y también patético al final, con esa revelación inconcebible para un padre tradicional y comme il faut. Excelente la Clotilde de Berna Perles, que cantó con naturalidad y dignidad su papel de confidente, y muy bien Fabián Lara.

Entre lo mejor de la velada estuvo el foso, con una orquesta brillante, contrastada, matizadísima, sutil, empeñada en desmentir los tópicos sobre la pobreza de la orquestación de Bellini. Marco Armiliato logró una dirección nerviosa e hipersensible, impredecible como la partitura, que expresó a la perfección el ambiente opresivo y atroz propio de la obra, tanto que a veces parecía un comentario algo impertinente sobre lo que ocurría –o más bien no ocurría– en el escenario. Excelente el Coro, sin duda encantado de lucirse como las masas rebeldes de una Italia en trance de unificarse y convertirse en una monarquía constitucional. Eso era entonces la revolución.