CRÍTICAS
NACIONAL
Meditación de Sabata y Villalobos frente al Castillo
Peralada
Festival Perelada
GENIUS LOCI
Estreno absoluto
Obras de John Dowland, Henry Purcell, Daniel Purcell, John Eccles, Ralph Vaughan Williams, Benjamin Britten. Xavier Sabata, contratenor. Jonas Nordberg, archilaúd. Liam Byrne, viola de gamba y electrónica. Guion y dirección de escena: Rafael R. Villalobos. Espacio Mirador, 5 de julio de 2025.
El Festival Perelada 2025 ha acogido el estreno absoluto de Genius Loci, una creación escénico-musical firmada por el director de escena Rafael R. Villalobos (guion, vestuario, iluminación y dirección de escena) y el contratenor y actor Xavier Sabata. Lejos de plantearse como un simple recital dramatizado, la propuesta navegaba entre la instalación sonora, la performance teatral y la meditación estética, desafiando las convenciones del concierto tradicional. El programa, presentado en cinco partes, se construye a partir de una cuidadosa selección de obras del repertorio vocal británico, desde el lirismo melancólico del Renacimiento hasta las inquietudes existenciales del siglo XX. El canto de cada una de las piezas se entrelaza con la palabra, con fragmentos declamados por el propio Sabata en castellano inspirados libremente en el ensayo Le jardin perdu de Jørn de Précy (pseudónimo del paisajista italiano Marco Martella, que también publica con el heterónimo Teodor Ceric), que, sin ser excesivamente narrativas, aportan una reflexión poético-filosófica sobre el paso del tiempo, la espiritualidad y la angustia existencial de los humanos. Acompañaban a Sabata sobre el escenario Jonas Nordberg, aportando la sonoridad del archilaúd y sumándose también a la acción escénica, mientras que Liam Byrne completaba el trío con su intervención con la viola da gamba y recursos electrónicos desde la oscuridad.
En el espacio diáfano del Mirador, justo delante del imponente Castillo de Peralada, Rafael R. Villalobos —quien ya ha demostrado su afán por romper moldes en montajes anteriores, como la polémica Tosca de Barcelona, Bruselas y Sevilla— concibe la escena junto al artista visual Cachito Vallés. El regista español imagina un jardín que nada tiene de bucólico ni de idílico: en lugar de vegetación y armonía natural, el espacio se presenta como un terreno árido y fragmentado, con grava oscura cubriendo el suelo, árboles simulados con luces de neón, estructuras frías y utensilios desperdigados que configuran un paisaje desolado. No es un jardín para habitar, sino la evocación inquietante de uno que ha sido destruido o que tal vez nunca llegó a existir.
Xavier Sabata, maestro de ceremonias del espectáculo, ejerciendo tanto de actor como de cantante, se enfrenta a este mosaico escénico con una notable capacidad de adaptación estilística y una lectura vocal que prescinde de todo artificio superfluo. Su aproximación al canto es sobria, íntima y rigurosa, aunque no olvida el cuidado por el ornamento: una voz proyectada con naturalidad, sin afectación ni amaneramientos, capaz de modular el fraseo en función del carácter de cada obra, buscando más la honestidad expresiva que la exhibición técnica. La dicción es nítida y el control del aire impecable, lo que le permite sostener largas líneas melódicas sin perder intensidad emocional. Destacaron especialmente las versiones de Flow My Tears de John Dowland, en la que su voz desplegó un lirismo contenido y melancólico, o Whither Must I Wander de Vaughan Williams, donde supo transmitir una nostalgia profunda sin caer en el exceso expresivo. En O Solitude de Henry Purcell, su timbre claro y su control del fraseo permitieron una lectura introspectiva y extremadamente creíble, mientras que el lamento final de Dido & Aeneas de Purcell reveló una mezcla de fragilidad y serena belleza.
Ahora bien, Sabata no solo canta, sino que cada intervención vocal está integrada en una propuesta que demanda del intérprete una presencia física y escénica constante. En este sentido, su trabajo excede el marco de solista: su figura encarna una suerte de demiurgo que observa, recuerda y reconstruye fragmentos de un jardín simbólico, sin necesidad de enunciar su historia. Sin embargo, en los pasajes hablados, en los cuales Sabata adopta el rol de actor declamando textos poéticos, se percibe cierta pérdida de tensión. Aunque su compromiso actoral es evidente, la vocalización y el ritmo dramatúrgico en estos fragmentos no siempre consiguen sostener la intensidad alcanzada en las partes musicales, brillantes sin duda, y la interacción del contratenor con el laudista, que como actor interpretaba al jardinero, tiende a diluir el impacto dramático.
Pese a estos detalles, Genius Loci no deja de ser una propuesta extremadamente interesante y sugerente, que confirma una vez más la condición de Xavier Sabata y de Rafael R. Villalobos como artistas comprometidos con el pasado y el presente de la música, el teatro y la poesía. * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL
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