Marina Monzó, Ismael Jordi y Rubén Fernández Aguirre, arte y lirismo

Bilbao

05 / 06 / 2024 - Nora FRANCO MADARIAGA - Tiempo de lectura: 3 min

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bilbao zarzuela Marina Monzó e Ismael Jordi con el pianista Rubén Fdez. Aguirre © Teatro Arriaga / Enrique M. ESQUIBEL

Teatro Arriaga

Recital de ISMAEL JORDI y MARINA MONZÓ

'Lied' Arriagan

Obras de Turina, Rodrigo, Vives, Sorozábal, Guridi, Millán, Luna y Penella. Rubén Fernández Aguirre, piano. 2 de junio de 2024.

El Teatro Arriaga, en su acertada y productiva colaboración con el pianista baracaldés Rubén Fernández Aguirre, sigue destinando un inestimable espacio para la lírica dentro de su programación, tanto con el ciclo Lied Arriagan, con sus íntimos recitales mensuales en el foyer del teatro, como con los recitales de mayor formato, como es el caso de este concierto Todo zarzuela que tuvo lugar el pasado domingo 2 de junio y que reunió en su escenario a tres artistas galardonados con el Premio ÓPERA ACTUAL (que también ostenta el director del Arriaga, el regista Calixto Bieito): Fernández Aguirre, que lo recibió en 2010, el tenor jerezano Ismael Jordi, galardonado en 2004, y la soprano valenciana Marina Monzó, premiada en 2023.

Abrió la velada Ismael Jordi con cinco canciones de Turina que, como bien explicó el propio cantante, siendo andaluz y alumno de Kraus y Berganza, no pueden faltar en su repertorio: estas piezas, aparentemente sencillas, pero de técnica exigente, sonaron elegantes en la voz del jerezano, mimando el cantabile de un centro amplio y caudaloso y el brillo de un registro agudo pleno y libre.

Respondió a la intervención de Jordi la soprano Marina Monzó con otras pequeñas piezas, en este caso de Joaquín Rodrigo, haciendo honor a un compositor de su tierra, como ya había hecho el andaluz. Tienen en común “Adela”, “Canticel” y los Cuatro madrigales amatorios una luminosidad y una transparencia en los que radica su belleza y que la soprano valenciana supo transmitir con voz dulce y una preciosa línea de canto incluso en las partes más incómodas de su tesitura; aun no siendo el grave extremo lo mejor de su registro, su voz siempre sonó honesta y bien timbrada en esa zona, y con una emisión hermosa y delicada.

"Las piezas de Turina, aparentemente sencillas, pero de técnica exigente, sonaron elegantes en la voz del jerezano, mimando el cantabile de un centro amplio y caudaloso y el brillo de un registro agudo pleno y libre"

Terminó la primera parte con el conocido dúo “Le van a oír, cállese usted” de Doña Francisquita, como un adelanto de lo que sería la segunda parte, esta vez sí, totalmente centrada en la zarzuela. Arrancó Monzó con la romanza “En un país de fábula” de La tabernera del puerto, con unos agudos cristalinos y ajustadísima afinación, siguiéndola el tenor con “Yo no sé qué veo en Ana Mari” de El Caserío que, aun siendo una pieza idónea para su vocalidad, como bien demostró, la interpretación estuvo algo forzada con acentos y portamenti que no cuadraron del todo con el estilo de esta romanza que el público bilbaíno conoce tan bien. En el dúo “Todos lo saben”, también de La tabernera, ambos cantantes estuvieron espléndidos, aunque quedó patente la gran diferencia en la dicción que mostraron, mucho más esmerada la de él, quien, además, supo jugar con su acento andaluz en las piezas que así lo requerían, con salero y minuciosidad a partes iguales. Terminó esta sección dedicada a los autores vascos Guridi y Sorozábal con el “Vals de Mirentxu”, interpretado al piano por Rubén Fernández Aguirre con esa limpieza, ternura y virtuosismo que le caracterizan.

La romanza de Monzó “Ya muerto está mi amor” de La Dogaresa, la de Jordi “Paxarín, tú que vuelas” de La pícara molinera y el saleroso dúo “Vaya una tarde bonita” de la ópera de Penella El gato montés cerraron el concierto, aunque aún quedaron las propinas “Sí, yo soy Cecilia Valdés” de la zarzuela homónima de Roig y “Estrellita” de Manuel Ponce, con las que Marina Monzó deleitó al público, y “Adiós, Granada” de Emigrantes y el zortziko “No te olvido” de Manuel Villar con el que Ismael Jordi recibió una cerrada ovación (y a quien Monzó y el pianista sorprendieron con un Cumpleaños feliz inesperado con el que le felicitaron públicamente por su aniversario).

Para cerrar esta magnífica velada se arrancaron con el célebre “Caballero del alto plumero”, de Luisa Fernanda, un broche de oro para una noche inolvidable a cargo de tres intérpretes excepcionales que saben dejarse la piel en el escenario.  * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL