María José Siri vuelve a triunfar como Adriana

Florencia

04 / 05 / 2021 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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Adriana Siri Una escena de la producción que dirigió pero no diseñó Frederic Wake-Walker © Teatro del Maggio / Michele MONASTA
Adriana Siri María José Siri, triunfadora de la 'Adriana de Lecouvrer' de Florencia © Teatro del Maggio / Michele MONASTA
Adriana Siri María José Siri, junto con Nicola Alaimo © Teatro del Maggio / Michele MONASTA

Teatro del Maggio Fiorentino

Cilea: ADRIANA LECOUVREUR

Nueva producción

Maria José Siri, Ksenia Dudnikova, Martin Muehle, Nicola Alaimo, Alessandro Spina. Dirección musical: Daniel Harding. Dirección de escena: Frederic Wake-Walker. 30 de abril de 2021.

Poder volver a un teatro italiano con público ha supuesto un momento de gran emoción, con una sensación de gratitud para quienes han hecho posible no solo esta realidad sino la esperanza de una ansiada normalización de la actividad operística. Adriana Lecouvreur, el espectáculo con el que se daba inicio a la edición número 38 del Maggio Musicale Fiorentino, fue una ópera muy popular en su tiempo pero hoy en día ha quedado prácticamente excluida del repertorio.

Daniel Harding, al frente de una Orquesta del Maggio muy estimulada ante la batuta del director inglés, ofreció una lectura de la obra de Cilea en verdad merecedora de entusiasmo. La atención por el detalle, la limpieza y la precisión de los ataques y una articulación de las dinámicas de una transparencia mozartiana que acababa cediendo el paso a la oleada sonora de sabor straussiano, acompañaban a una agógica nunca supeditada al mero efecto y sabedora del valor teatral de la palabra cantada, sostenida ésta con vigor pero también con un aliento inspirado siempre en las razones musicales.

"María José Siri, tras el debut en el papel en Las Palmas de Gran Canaria, se ha confirmado como intérprete de la máxima referencia"

María José Siri, tras el debut en el papel hace poco más de un mes en Las Palmas de Gran Canaria, se ha confirmado como intérprete de la máxima referencia, y no solo por su lozana vocalidad sino por una emisión que recuerda idealmente el sonido pleno y rotundo de una Tebaldi, aun con un color quizá más claro y menos matronal, por la facilidad en la dosificación del fiato y de las medias voces y la obtención de piani y pianissimi de seductora belleza, en una concepción del personaje que aporta su propia personalidad, evitando así cualquier comparación con las figuras gigantescas que en un pasado más o menos reciente han vestido las galas de la desventurada protagonista.

Michonnet es el verdadero antagonista en la Adriana por la amorosa dedicación con que persigue sin esperanza la realización de sus deseos resignándose a ser «un padre almen», y Nicola Alaimo representó la encarnación perfecta del personaje, no solo por la imponente vocalidad y la absoluta competencia musical sino por la naturalidad en la exposición de la palabra cantada, el fraseo partícipe y variado  y el acento siempre sincero que acentuaba en gran medida al personaje más simpático de la obra.

Constituyó una hermosa sorpresa la Princesa de Bouillon de Ksenia Dudnikova, mezzosoprano de voz poderosa con una amplia impostación en la zona grave y facilidad en el agudo. Su vehemente presencia escénica contribuyó de manera esencial a caracterizar a la aborrecida rival. El tenor brasileño Martin Muehle se vio en el caso de tener que sustituir al previsto Fabio Sartori en el rol de Mauricio de Sajonia, y aunque no posee el color solar y latino de un Carreras o de un Alagna, puede ostentar una gallarda proyección del registro agudo, una entonación siempre correcta y una convincente línea interpretativa. Muy bien tanto el Abate del tenor Paolo Antognetti como el Príncipe del bajo Alessandro Spina. Perfectos también los cuatro miembros de la Comédie, con el Poisson del tenor Antonio Garés, el Quinalut del bajo Davide Piva, la Jouvenot de la soprano Chiara Mogini y la Dangeville dela mezzosoprano Valentina Corrò. Bien, aun en lo poco que tiene que cantar, el coro dirigido por Lorenzo Fratini.

En estos tiempos debería promulgarse un decreto ministerial prohibiendo las críticas denigratorias, vistos los estragos –aunque en fase de recesión– de la pandemia, a fin de favorecer la actividad teatral, y en este contexto no hay que enconarse con el espectáculo, que también tuvo que sufrir la sustitución del regista previsto, Jürgen Flimm por un Frederic Wake-Walker, que se encontró con un montaje ya preparado que firmaban Polina Liefers en la escenografía, Julia Katharina Berndt en el vestuario, con coreografía de Anna Olkhovaya y diseño de luces de Marco Faustini. Un juicio generoso tildaría a todo ello de «funcional y substancialmente inocuo».