CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Mälkki y Mitchell deslumbran con Pelléas y Jaho resplandece en una decepcionante Butterfly
Aix-en-Provence
Festival d'Aix-en-Provence
Debussy: PÉLLEAS ET MÉLISANDE / Puccini: MADAMA BUTTERFLY
Pelléas et Mélisande
Huw Montague Rendall, Chiara Skerath, Laurent Nouri, Vicent Le Texier, Lucile Richardot, Emma Feketee. Dirección musical: Susanna Mälkki. Dirección de escena: Katie Mitchel. Grand Théâtre de la Provence, 17 de julio de 2024.
Madama Butterfly
Ermonela Jaho, Adam Smith, Mihoko Fujimura, Lionel Lhote, Carlo Bosi, Inho Jeong, Kristofer Lundin, Albane Carrère, Kristjan Jóhannesson, Alexander de Jong, Hugo Santos, Karine Motyka, Sharona Applebaum, Marie-Eve Gouin. Dirección musical: Daniele Rustioni. Dirección de escena: Andrea Breth. Théâtre de l’Archevêché, 19 de julio de 2024.
El Festival d’Aix-en-Provence resucitó la producción de Pelléas et Mélisande bajo la magistral dirección de Susanna Mälkki y con una puesta en escena de Katie Mitchell que, aunque conocida por su estreno en 2016, sigue deslumbrando por su inteligencia y teatralidad. Desde el primer acorde, Mälkki demostró su profunda comprensión de la partitura de Debussy. La dirección fue sublime, destacándose por combinar fluidez y rigor estructural, lo que mantuvo al público en vilo. La Orquesta de la Ópera de Lyon, bajo su batuta, ofreció una interpretación de ensueño, rica en matices y con una profundidad emocional que pocas veces se escucha en vivo.
En el escenario, la producciónrestó misticismo a la historia, pero aportó una fascinante visión sobre la femme fatale de fin–de–siècle. Esta Mélisande no es una figura etérea sino una mujer de carne y hueso, atrapada en un sueño inquietante. La escenografía de Lizzie Clachan fue un prodigio de transformación, con un escenario que se metamorfoseaba constantemente, desde un baño hasta una escalera al estilo Hitchcock o una piscina abandonada, reflejando la naturaleza onírica y cambiante de la obra. La combinación de Mälkki y Mitchell creó una experiencia operística que es tanto un festín para los sentidos como un reto intelectual.
El reparto fue igualmente impresionante. Chiara Skerath, que sustituyó a Julia Bullock, interpretó a Mélisande con una claridad y ambigüedad que capturaron la esencia del personaje; su voz, delicada y precisa, resonó con una pureza que destacó especialmente en los pasajes más introspectivos. Huw Montague Rendall encarnó a un Pelléas herido y melancólico, con una voz que osciló entre la nobleza y la desesperación; su visión, aunque pasiva, fue emocionalmente poderosa, especialmente en las escenas culminantes de amor. Laurent Naouri, como Golaud, sorprendió al público con una proyección y vitalidad vocal que no se le escuchaba desde hace tiempo. Su interpretación fue rica en matices, alternando entre la amenaza oscura y la violencia contenida. Vincent Le Texier, en el rol de Arkel, aportó una dignidad solemne, mientras que Lucile Richardot, como Geneviève, y Emma Fekete, como Yniold, completaron un elenco de altísimo nivel. La pequeña Yniold de Fekete, interpretada como una adolescente traumatizada, añadió una capa adicional de horror al ya de por sí perturbador drama familiar.
Dos días después se ofreció Madama Butterfly en una producción firmada por Andrea Breth. Sin embargo, a diferencia del éxito rotundo de Pelléas et Mélisande, esta puesta en escena resultó ser una experiencia decepcionante. Breth, conocida por sus interpretaciones minimalistas y a menudo subversivas, presentó una Butterfly convencional y la escenografía, diseñada por Raimund Orfeo Voigt, imitaba una casa tradicional japonesa, rodeada de un pasillo con una cinta transportadora. Esta elección, aunque interesante en concepto, se ejecutó de manera deficiente, con problemas técnicos que afectaron la fluidez de la producción.
Ermonela Jaho, en el papel titular, fue la gran salvadora de la noche; su Cio-Cio San fue profundamente conmovedora, combinando una técnica impecable con una intensidad emocional que mantuvo al público hechizado. «Un bel dì vedremo» fue un punto culminante, lleno de delicadeza y dolor contenido, capaz de arrancar lágrimas a más de un espectador. Sin embargo, su incomodidad en los registros más dramáticos fue evidente, y aunque sus pianissimi fueron exquisitos, en algunos momentos perdió armónicos que afectaron la plenitud de su interpretación.
Adam Smith, como Pinkerton, no logró estar a la altura del papel. Su voz, aunque elegante, carecía del poder y el color necesarios para este rol tan demandante y en varios momentos, especialmente en las notas agudas, su desempeño fue inconsistente y tuvo que lidiar con un par de accidentes, lo que restó impacto a su actuación. Mihoko Fujimura, como Suzuki, aportó una voz cálida y maternal, aunque su presencia escénica fue menos destacada que en otras ocasiones. Lionel Lhote, como Sharpless, tampoco convenció vocalmente, aunque ofreció una interpretación dramática sólida, mostrando la humanidad y compasión.
La dirección musical de Daniele Rustioni, si bien enérgica, careció de la sutileza y el refinamiento necesarios para elevar la producción. La orquesta de la Ópera de Lyon, aunque técnicamente competente, no logró capturar la riqueza emocional de la partitura de Puccini, dejando a la audiencia con una sensación de insatisfacción. * Albert GARRIGA, crítico de ÓPERA ACTUAL





