Malabares con Rossini

Bilbao

22 / 10 / 2020 - José Miguel BALZOLA - Tiempo de lectura: 2 min

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Paolo Bordogna y Sabina Puértolas formaron un dúo muy aplaudido © ABAO Bilbao Opera / Enrique MORENO ESQUIBEL
David Alegret y Pietro Spagnoli cumplieron en su exigente rol © ABAO Bilbao Opera / Enrique MORENO ESQUIBEL
Una escena de la colorista producción firmada por Emilio Sagi © ABAO Bilbao Opera / Enrique MORENO ESQUIBEL

ABAO Bilbao Opera

Rossini: IL TURCO IN ITALIA

Estreno en Bilbao

Paolo Bordogna, Sabina Puértolas, Renato Girolami, David Alegret, Pietro Spagnoli, Maria Viotti, Moisés Marín. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Coro de la Ópera de Bilbao. Dirección: Christophe Rousset. Dirección de escena: Emilio Sagi. Palacio Euskalduna, 21 de octubre de 2020

Apuesta sumamente arriesgada, pero exitosa al fin, la que se vio obligada a realizar la ABAO Bilbao Opera para salvar el estreno de su sexagésimo novena temporada. Haciendo de la necesidad virtud, por una parte acortó la larga comedia de enredo que sirve de base al libreto de Felice Romani para esta simpática y alegre obra de un Rossini en su mejor momento de inspiración, de música hilarante, para adaptarse, en segundo lugar, a las restricciones que impone la lucha contra la pandemia. La reducción de una hora de espectáculo se ha realizado conjuntamente entre la dirección de escena y la musical, capitaneadas respectivamente por Emilio Sagi y Chrisophe Rousset, logrando un inteligente trabajo de microcirugía que permitió empalmar coherentemente diálogos y música, respetando sobre todo los números musicales principales aunque se suprimieron, otros, entre ellos, ¡ay!, dos bellas arias de Narciso.

Empezó la Sinfonía con alguna falta de precisión, pero todo cambió al entrar la trompa solista de Luis Fernando Núñez, que cantó su larga melodía con tino, fraseo y musicalidad. A partir de ahí se contó con una sobresaliente actuación de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa bajo la mano segura de Rousset. Al levantarse un telón semitransparente aparecía una escena ciudadana en Nápoles en la segunda mitad del pasado siglo, con varios planos y profundidades, una bella composición escenográfica firmada por Daniel Bianco complementada por la excelente iluminación de Eduardo Bravo y el colorista vestuario de la recientemente fallecida Pepa Ojanguren. La traslación temporal permite hacer llegar a los miembros del coro en trolebús y a la bella Fiorilla en una vespa; y en el centro de la escena se ubica una vistosa pizzería como lugar de encuentros y desencuentros. Con estos mimbres se tejió un eficaz y ágil movimiento escénico firmado por Sagi.

"Se lucieron ambos protagonistas: Sabina Puértolas como Fiorilla junto al Selim de Paolo Bordogna"

Todo el quehacer vocal resultó muy consistente. Excelente la actuación del Coro de la Ópera de Bilbao que dirige Boris Dujin junto a un equipo solista de gran solvencia, que hizo además una espléndida actuación en lo teatral. Con frecuencia varios de los roles funcionan como soporte de los protagonistas, pero en esta propuesta están obligados a bastante más: cumplieron con expresividad y musicalidad Moisés Marín, David Alegret (en su recortado personaje) y Pietro Spagnoli tanto en sus intervenciones en solitario como en los conjuntos; gustó, y mucho, Marina Viotti en su papel, algo reducido, de gitana, mostrando acertada línea de canto y  excelente voz. Renato Girolami brilló como Don Geronio y más aún se lucieron ambos protagonistas. Sabina Puértolas exhibió como Fiorilla una bella figura y un desenvuelto saber hacer teatral, lo que suma a sus capacidades vocales. Si bien empezó con alguna tirantez en su primera cavatina, ello desapareció ya antes de unirse a Selim en ese primer mágico dúo de la obra. El trabajo de la soprano española fue formidable, destacando en las dificultades de su aria final, ligada con soltura, limpieza, un timbre de voz bellísimo y un decir y una expresión admirables. Lo mismo puede decirse del Selim de Paolo Bordogna, muy difícilmente mejorable, brillante, brioso, musical, expresivo, gran voz y gran actor. Un final con los solistas y el coro, perfecto.

Queda por saber si la cultura superará la pandemia. La asociación bilbaína lo está intentando con mucho esfuerzo.