Mágico 'Orlando' madrileño

Madrid

31 / 01 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Kathryn Lewek y Núria Rial, ambas maravillosas en este 'Orlando' © CNDM / Elvira MEGÍAS
El Orlando de Max Emanuel Cencic ofreció variadas carencias © CNDM / Elvira MEGÍAS
Ovación final del público después de esta versión en concierto de 'Orlando' © CNDM / Elvira MEGÍAS

CNDM

Händel: ORLANDO

Ciclo Universo Barroco

Max Emanuel Cencic, Kathryn Lewek, Delphine Galou, Núria Rial y John Chest. Il Pomo d’Oro. Dirección: Francesco Corti. Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, 26 de enero de 2020.

Händel no debería faltar en ninguna temporada operística que se precie, no tanto por su capacidad para crear arcos melódicos inolvidables sino por su magisterio dramático, por esa capacidad de usar los límites de sus códigos estéticos para ir más allá en el dibujo de personajes. Si hay una ópera donde la ruptura, la belleza y el sentido dramático saben circular en equilibrio, esta es Orlando, un manual sobre cómo transgredir hermosamente bajo el disfraz de la épica caballeresca. El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) trajo esta joya de la corona de madurez händeliana escrita en su segundo “año mágico” –en el que compuso también Ariodante y Alcina–, y que contra todo pronóstico parece aún precisar de reivindicación. Y no hubo mejor manera de hacerlo que con el espectáculo orquestal que ofreció Il Pomo d’Oro, en fantástica forma y con el mejor rendimiento de sus últimas visitas a Madrid. Francesco Corti consiguió matiz, contraste, profundidad y color en cada número, con una entrega ejemplar durante las tres horas, a pesar de las reducidas dimensiones del ensamble (apenas 20 músicos). Como ejemplos de brillantez, la seducción pastoril de “Quando spieghi” o el patetismo de “Verdi piante”.

"Núria Rial resultó ser la encarnación ideal de Dorinda tanto por adecuación vocal como por desenvoltura teatral, con su carga de inocencia pero sin almibarar"

El reparto contenía muchos aciertos y algún reparo serio. Entre los primeros, destacó Núria Rial, encarnación inmejorable de Dorinda tanto por adecuación vocal como por desenvoltura teatral, con su carga de inocencia pero sin almibarar. También a un gran nivel estuvo la Angelica de Kathryn Lewek, modesta en su primer acto para desbordar con potencia, riesgo e implicación durante el resto de la velada. Se llevó las ovaciones del público, que llegó a tapar el magnífico final orquestal de alguna de las arias por aplaudirla antes de hora. John Chest, el mago Zoroastro, tenía la peor perspectiva de la noche, por tener que asumir un papel para una tipología vocal hoy inexistente, que aúna el bajo profundo y el barítono de ágil coloratura. Chest resolvió más que notablemente, aunque es cierto que su papel, esencial para el transcurso de la ópera, pierde mucho peso al no poder llevar a escena sus hechizos. Delphine Galou cumplió en un papel menos lucido, más allá del magnífico falso trío que cierra el primer acto, “Consolati o bella”.

El lunar, y no pequeño, fue el Orlando de Max Emanuel Cencic. Más allá de los problemas de volumen, ni nuevos ni completamente achacables a la voz (Orlando no fue concebida ni para esta cuerda vocal ni para un espacio tan amplio y abierto como el Auditorio Nacional), habría que recordar que un sobreagudo final en fortissimo no justifica arias mal encaradas, menos ensayadas y apenas matizadas, de canto completamente plano. Por suerte el resto del reparto, la orquesta y la música hicieron que todo valiese la pena. Ojalá se pueda ver Orlando con escena más pronto que tarde.