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'Maestro', Bernstein más allá de la partitura

Película

29 / 12 / 2023 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 4 min

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Una escena de la película de 'Maestro', sobre Leonard Berstein © Netflix

COOPER, Bradley

Maestro

Estreno en Netflix

Bradley Cooper, Carey Mulligan, Matt Bomer, Maya Hawke y Sarah Silverman. Dirección: Bradley Cooper. 129 minutos. 2023.

Coincidiendo con las fechas navideñas, Netflix vuelve a estrenar en exclusiva una película de producción propia, pensando en la campaña de premios que empieza en enero. Este año, la plataforma de streaming propone Maestro, un biopic sobre el compositor y director estadounidense Leonard Bernstein, dirigido y protagonizado por Bradley Cooper, que, tras un breve paso por algunas salas de cine españolas, ya se encuentra disponible para los suscriptores del canal online. Así, después de que el año pasado se presentara en cartelera Tár, sobre la vida de una atormentada directora de orquesta (ver crítica en este enlace), los amantes del cine y la música clásica disponen ahora de una nueva propuesta melómana.

La apuesta de Maestro es funcional e interesante, pero, sin embargo, pese a que el protagonista absoluto de la película es un músico reconocidísimo, su arte no es el tema central de la película, sino más bien el contexto y el pretexto que la rodea. Y es que, tal y como sucedía en Tár, la película de Cooper desplaza la mirada de la partitura y la batuta para profundizar en el drama personal, las relaciones y el retrato psicológico de los personajes que conforman la trama. Maestro, pues, no plantea un recorrido biográfico por la trayectoria artística del compositor de Candide y West Side Story, ni mucho menos un debate sobre sus creaciones o una reflexión sobre la evolución de la música americana del siglo XX, sino que prefiere centrar la atención en la vida privada de Bernstein. Alejándose de los focos del escenario y del trabajo frente al piano, la película traza un viaje por la historia de amor del músico, desde sus primeros amoríos con diversos amantes y cuando se enamora de Felicia Montealegre tras debutar al mando de la Sinfónica de Nueva York en 1943, hasta los últimos días de su relación con la que fuera su esposa.

En la película, el matrimonio, para Bernstein, es un pilar fundamental de su carrera, ya que, pese a tensiones,  a una vida disipada, aventuras homosexuales y discusiones varias, nunca tambalea, le da fuerza para seguir adelante y solventa sus preocupaciones. Felicia es un apoyo insustituible porque el carácter del compositor es difícil de tratar, inestable y lleno de contradicciones y matices. El Bernstein de Cooper ama la música por encima de todo pero a la vez necesita el amor humano para creer en la vida, es ególatra y a la vez se muestra encandilado por enseñar, ama el espectáculo pero al mismo tiempo sufre antes de actuar.

"Cooper tiene un material interpretativo ideal para lucirse, demostrando su capacidad para expresar el dramatismo y adaptarse a diferentes registros"

Con este retrato poliédrico, Cooper dispone de un material interpretativo ideal para lucirse, demostrando su capacidad para expresar el dramatismo y adaptarse a diferentes registros. Es un personaje construido a su medida, interpretado claramente con el objetivo del Oscar en el horizonte. Además, siguiendo con la moda contemporánea de la imitación exacta de los personajes reales, el actor no pretende dar su visión e interpretación del compositor, sino que aspira a revivir al mismo Bernstein en pantalla, apostando por el máximo parecido físico y mimetizando cada gesto, la voz, la fisonomía o el vestuario. El trabajo es irreprochable, gusta e impresiona. Al lado de este Bradley Cooper en su salsa, la actriz Carey Mulligan como Felicia mantiene el temple durante toda la película, sin ser mera acompañante del músico, sino coprotagonista por derecho propio, con personalidad, simetría, sufriendo en las dificultades y emocionándose con el talento y la sensibilidad de su marido.

De fondo de este romance, como banda sonora, suena la música original del compositor, desde versiones instrumentales de West Side Story hasta los ritmos de On the Waterfront, que acompañan los primeros compases de la película, en blanco y negro, con una puesta en escena que imita los juegos de claroscuro del cine de Hollywood del momento. Desde el punto de vista musical, uno de los momentos del film más destacados sucede antes del clímax final, con la recreación del concierto de la Sinfonía N.º 2 «Resurrección» de Mahler, en la catedral de Ely. La grabación de este concierto es famosísima y, en la revisión de la película, Bradley Cooper consigue recrear la dirección expresiva, liberada, expansiva y feliz de Bernstein, sin complejos ni corsés clásicos, impulsando la emoción y la inspiración de la partitura. Eso sí, quien conozca la profesión, notará rápidamente que sus movimientos de batuta son gestos al aire de cara a la galería que no marcan el compás: solo habría que reprocharle al actor y director cierta exageración en el gesto cuando sube a su personaje al podio; Bernstein podía llegar a mostrarse tremendamente sobreactuado, pero ¿tanto?  * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL