Madrid: Schuen, el nuevo rey del 'Lied'

26 / 04 / 2019 - Jose María MARCO - Tiempo de lectura: 3 minutos

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Schuen demostró la frescura de su instrumento con un dominio impecable de una voz elegante y de proyección homogénea © CNDM / Ben VINE

Teatro de La Zarzuela

Recital André Schuen

Ciclo de 'Lied' del CNDM

Obras de Robert Schumann, Franz Liszt y Frank Martin. Daniel Heide, piano. 22 de abril de 2019.

El joven barítono suizo Andrè Schuen tiene ya tras de sí una carrera importante con papeles como Guglielmo, Fígaro y Don Giovanni del ciclo Mozart-Da Ponte, Fidelio, Capriccio o el Marcelo de La Bohème. En Madrid se presentó en el Ciclo de Lied, con un programa muy bien seleccionado. Schuen tiene una voz densa, de un color precioso, homogeneidad perfecta, ductilidad y unos graves de una profundidad que para sí quisieran algunos bajos actuales. La proyección es homogénea, el fraseo sutil y todo va presentado con un aire de elegancia sumamente aristocrática. La juventud, que se nota y se agradece en la frescura del instrumento, se cobra también su parte. El recital arrancó con el Liederkreis, Op. 24, el ciclo de canciones que Schumann regaló a su muy querida Clara Wieck. Un “Morgens steh’ich auf und frage” (“Cada mañana me levanto y pregunto”), cantado con extraordinaria delicadeza, sin forzar una sola nota, abrió el conjunto, seguido de un impaciente “Es treibt hin” (“Me veo empujado”), con fascinantes cambios de ritmos.

Preciosa la variedad de acentos en la melancólica “Ich wandelte unter den Bäumen” (“Vagué bajo los árboles”), que requiere subidas muy bien logradas, casi susurradas. Todo el ciclo transcurrió en esta tesitura, con gran acierto en la muy difícil del “Marinero indómito”, hasta la sublime “Mit Myrten und Rosen” (“Con mirtos y rosas”). Completaron esta primera parte un ramillete de Lieder del propio Schumann que alcanzaron momentos particularmente conmovedores en las dos “Tragödie” y en la última, “Du bist wie eine Blume” (“Eres como una flor”). La extrema sofisticación del planteamiento vocal apuntó algo tal vez irremediable, por esa juventud ya aludida, como es la falta de un poso auténticamente trágico. En los tres Sueños de amor (o Nocturnos) de Liszt, Schuen demostró una faceta distinta, como es su talento más extrovertido, casi operístico.

Completaron el programa obras menos conocidas de autores como Frank Martin, Daniel Heide o Tosti

Completaron el programa los Seis monólogos de Jedermann, compuestos por Frank Martin a partir de textos del auto sacramental escrito por Hofmannsthal sobre la muerte de un hombre rico. Son obras de factura más declamatoria y enrevesada que los anteriores, de gran exigencia vocal y gran amplitud y vigor. Se agradece la inclusión de una obra muy raramente escuchada, expuesta además con tanta convicción.

Daniel Heide, al piano, acompañó con finura, claridad y una expresividad sin la cual no se habrían logrado resultados tan extraordinarios. La gran acogida del público le ganó cuatro propinas, entre ellas la muy popular Ultima canzone de Tosti, cantada con una delicadeza casi mozartiana, la famosa Serenata de Schubert y una suerte de nana, de gran intimidad y recogimiento, de la región natal del cantante.