Macerata: Rigoletto de feria

05 / 08 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 minutos

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Macerata recuperó la producción de 'Rigoletto' firmada por Federico Grazzini © Festival de Macerata
Macerata recuperó la producción de 'Rigoletto' firmada por Federico Grazzini © Festival de Macerata

Festival de Ópera de Macerata

Verdi: RIGOLETTO

Claudia Pavone, Enea Scala, Amartuvshin Enkbat, Simón Orfila, Matteo Ferrara, Martina Belli. Dirección: Giampaolo Bisanti. Dirección de escena: Federico Grazzini. 21 de julio de 2019.

Como tercer título del Festival, después de Carmen y de Macbeth, regresó este Rigoletto en una producción aquí ya consolidada que firman Federico Grazzini en la dirección escénica, Andrea Belli en la escenografía, Valeria Donata Bettella en el vestuario y Alessandro Verazzi en la disposición de las luces, revisada por Ludovico Gobbi en esta reposición, una propuesta que traslada la acción a un recinto ferial desvencijado, dominado por la inquietante máscara de un payaso por cuya boca se accede al fondo de la escena, reducida a una vieja roulotte a la derecha de los espectadores que es donde viven Rigoletto y Gilda, y un furgón a la izquierda que servirá para guarida de Sparafucile y punto de venta para el sicario de cervezas y panecillos.

Gracias a una buena dinámica teatral, la acción transcurre sin contradicciones dignas de nota, puesto que el Duque es aquí un chulo enjoyado siempre rodeado de sus secuaces, tan vulgares y violentos como él. En la última escena, cuando la feria se convierte en lugar de tránsito para prostitutas en busca de clientes, el furgón de Sparafucile se desplaza hasta el centro de la escena y a decir verdad algo se encuentra a faltar ahí, ya sea una pared o un par de cubos de basura, para poder ocultar a Gilda y a su padre de la vista del duque o de Maddalena y su hermano. Por lo demás, el Sferisterio parece insistir en su actual programación en estas lecturas descontextualizadas, que el público parece aceptar resignadamente.

La ópera estaba confiada a la batuta de otra de las actuales columnas entre los nuevos directores de orquesta, Giampaolo Bisanti, y fue ejecutada prácticamente sin cortes, con la repetición de la cabaletta del Duque en el segundo acto. Bisanti escogió un ritmo tenso pero atento a la búsqueda del color y de la tinta típica de esta ópera, casi siempre nocturna y permeada de momentos angustiosos pero con momentos arropados por la luz lunar como ese “Caro nome” de la soprano casi mozartiano. Puede aceptarse, pues el teatro no es como el disco, algún compromiso con la tradición, como por ejemplo la corona sobre el Si no escrito de “La donna è mobile”, que después repetirá fuera de la escena de modo intrépido el vibrante tenor Enea Scala; su aportación, tanto vocal como escénica, merecería el aluvión de plausos que la celebraría, aplausos que saludaron también las prestaciones de Claudia Pavone, una Gilda fresca y bien cantada, el tenebroso Sparafucile del bajo menorquín Simón Orfila y la muy dotada, tanto física como vocalmente, Maddalena de Martina Belli, de una belleza extraordinaria.

De buen nivel el numeroso comprimariado, con el buen Monterone del bajo Seung-GiJung, el Marullo de Matteo Ferrara, el Matteo Borsa de Vasyl Solodky y el Ceprano de Cesare Kwon. Muy en su papel la rasta Giovanna de Alessandra Della Croce, escénicamente irreconocible, y el episódico Paje –con atuendo femenino y hablando por teléfono con la Duquesa– de Raffaella Paulmbo, con un puntual Ujier en Gianni Paci. Perfecto el coro masculino, como siempre confiado a Martino Faggiani, incluso en su comportamiento escénico. El Rigoletto de Amartuvshin Enkhbat merece capítulo aparte. Que el barítono mongol sea dueño de una voz excepcional por amplitud de color y extensión es cosa sabida. Pero lo que realmente sorprende a quien le escucha por primera vez es la identificación con el personaje, y especialmente en el marco de una dirección de escena nada convencional, adueñándose de todas las características inherentes a un rol del que posiblemente sea el mejor intérprete en la actualidad. Que su manera de emitir la voz conmueva y toque particularmente la fibra del oyente es ya un factor enteramente personal.