Lyon: Un Chaikovsky fascinante

15 / 03 / 2019 - Teresa LLACUNA - Tiempo de lectura: 4 min

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© Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH
© Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH
© Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH
© Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH

Opéra National de Lyon

Piotr I. Chaikovsky: LA HECHICERA

Nueva producción. Estreno en Francia.

Elena Guseva, Evez Abdulla, Ksenia Vyaznikova, Migran Agadzhhanyan, Piotr Micinski. Dirección: Daniele Rustioni. Dirección de escena: Andriy Zholdak. 15 de marzo de 2019.

Los lioneses han descubierto una obra maravillosa que nunca antes se había representado en Francia. Una ocasión a registrar en los anales de las grandes obras del repertorio y que no justifica la frialdad del público en su estreno en 1887 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo a pesar de que el compositor la consideraba una de sus obras preferidas. El argumento es anodino y trata de una bella hostelera, Kuma, a la que se tiene por hechicera y de la que se enamoran sucesivamente el anciano príncipe-gobernador y su hijo, el príncipe Yuri. Entran también en juego la esposa del gobernador y las manipulaciones del entorno para acabar con el asesinato de Kuma. Los solistas están rodeados de una serie de personaje que representan al pueblo y que personifica el coro.

La obra se presenta como de una gran riqueza melódica, característica de su autor, y en ella destaca por encima de todo la importancia de los coros que reflejan temas populares y religiosos del siglo XVIII, aunque en su puesta en escena Andriy Zholdak prefirió prescindir de su presencia pintoresca para focalizar la atención en los héroes del drama y relegarlos a una decisiva aunque no muy presente clave de la acción. La parte orquestal es muy relevante, nada indigna de las obras sinfónicas del compositor, mientras los solistas cuentan con grandes momentos y magníficos dúos de amor.

La obra en nada es inferior a otras de Chaikovsky y habrá tenido probablemente que vérselas con registas poco hábiles o con solistas poco eficaces, dado que se necesita a cuatro voces de gran nivel . En Lyon ello pudo obtenerse y el reparto mostró una magnífica homogeneidad y un color exacto, desde la protagonista Elena Guseva, una voz cálida con un pequeño vibrato “a la rusa”, hasta los dos aspirantes a su amor, el viejo príncipe de Evez Abdulla, de una voz muy equilibrada y muy creíble en su personaje, y el joven príncipe de Migran Agadzhanyan, tenor de timbre atractivo y ausencia total de forzamientos. La princesa Eufrasia, la mezzosoprano Ksenia Vyaznikova, de rico registro vocal y hermosa presencia escénica, completaba el cuadro junto al intérprete del viejo sacerdote sacrílego, el bajo Piotr Micinski, formando todos ellos un conjunto admirable.

Zholdak ha sido el gran recreador de la obra desde la obertura inicial, ideando la figura de un sacerdote católico que domina a la sociedad entera con la única excepción de Kuma que, aun muerta, consigue escapar a su poder. La escenografía es tripartita, con una gran catedral en el centro que evoluciona para hablar a todos a través del confesonario a algunas estatuas y provoca sensaciones no fácilmente analizables. A la izquierda, una alcoba ordinaria con un armario transformable y a la derecha la posada de Kuma, también mudable en espacios diversos e íntimos. En todas las escenas principales merodeaba constantemente la figura del viejo manipulador. Las escenas en el palacio del príncipe podrían ocurrir en cualquier hogar burgués de la actualidad: todo era frialdad a imagen y semejanza de los personajes y de sus mediocres problemas. El final tiene tintes terriblemente shakespearianos: los dos principales antagonistas se matan entre ellos y mueren sumergidos en los sones de una orquesta desencadenada y magnífica. Solo quedaba en escena el agresivo sacerdote, vestido de verde y con una raqueta de tenis en la mano, riendo burlonamente para desenmascarar cualquier tentación de elevación del espíritu. La orquesta, a las órdenes de Daniele Rustioni, estuvo a la altura de la ocasión para hacer todavía más grande la velada.