Lyon: Acogida triunfal de 'Guillaume Tell'

09 / 10 / 2019 - Teresa LLACUNA - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena del espectacular montaje de 'Guillaume Tell' de Tobias Kratzer © Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH
Una escena del espectacular montaje de 'Guillaume Tell' de Tobias Kratzer © Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH
Una de las referencias escénicas de esta producción es 'La naranja mecánica' © Opéra National de Lyon / Bertrand STOFLETH

Opéra National de Lyon

Rossini: GUILLAUME TELL

Nueva producción

Nicola Alaimo, John Osborn, Jean Teitgen, Enkelejda Shkoza, Jane Archibald. Dirección: Daniele Rustioni. Dirección de escena: Tobias Kratzer. 5 de octubre de 2019.

En la inauguración de la temporada de la Opéra National de Lyon esta nueva producción de Guillaume Tell ha sido acogida con extraordinario entusiasmo, un tanto sorprendente si se considera que se trata de una obra poco popular, exceptuando algunas arias, y vista con recelo por algunos. La elección como director de escena de Tobias Kratzer ha sido esencial y con el material a su disposición –la orquesta con su director titular, el cuerpo de baile y el coro- ha conseguido firmar una obra maestra. Desde la obertura el espectador se ve inmerso en un sentimiento de desnudez y de belleza.

"Tobias Kratzer realiza un trabajo prodigioso gracias a su creatividad, creando una tensión que hace que pueda seguirse toda la obra sin un momento de relajación, trasladando al mismo tiempo la acción a la actualidad"

Las referencias o guiños (a la Naranja mecánica, por ejemplo) lejos de dispersar la atención de los espectadores como suele ocurrir, le permiten escuchar la música, que subliman e inscriben así en la memoria. Todo ello sin olvidar al niño, presente a lo largo de toda la obra, que rompe con rabia su violín con la caída del telón, lo que permite escuchar de otra manera el resto de la obertura con una mayor concentración. El decorado es idéntico para los cuatro cuadros: un escenario montado sobre un pequeño podio, en el que se desarrollará toda la acción en blanco y negro. En el fondo, una imagen difuminada de un gran paisaje suizo, que poco a poco se convierte en una visión abstracta a través de un bosque tenebroso. En escena los personajes visten todos de negro, en una confusión de pueblo y músicos que en la guerra lucharán con sus instrumentos, correspondiendo el color blanco a los opresores extranjeros.

Se agradecen, por el contrario, los vivos colores de las danzas –asesinas– del tercer acto, en un gran momento en que los bailarines se integran en la acción Al final, la orquesta se exalta con las aspiraciones divinas mientras los protagonistas regresa a sus quehaceres diarios. Queda solo el niño para la posible esperanza. Kratzer realiza un trabajo prodigioso gracias a su creatividad, generando una tensión que hace que pueda seguirse toda la obra sin un momento de relajación, trasladando al mismo tiempo la obra a la actualidad.

Debe citarse al conjunto de los solistas vocales en esta soberbia coproducción con Karlsruhe, todo ellos notables. Nicola Alaimo, en el papel titular, muestra un timbre potente y una proyección magnífica, mientras el John Orborn (Arnold) hay que destacar la resistencia y el estilo en un papel de gran dificultad. Jean Teitgen exhibe una gran presencia en el papel de Gessler y Enkelejda Shkoza hace gala de una hermosa voz de soprano wagneriana en el papel de Hedwige. La joven soprano canadiense Jane Archibald (Mathilde) se mostró particularmente fácil en la gestión de los sobreagudos.