Luisotti salva la distancia de seguridad

Madrid

13 / 07 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Lana Kos como Violetta © Teatro Real / Javier DEL REal
Lana Kos e Ismael Jordi, Violetta y Alfredo a la distancia © Teatro Real / Javier DEL REAL
Javier Franco, un eficiente Germont 'père' © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Verdi: LA TRAVIATA

Versión semiescenificada

Lana Kos, Ismael Jordi, Javier Franco, Sandra Ferrández, Marifé Nogales, Albert Casals, Isaac Galán, Tomeu Bibiloni. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Leo Castaldi. 11 de julio de 2020.

Cada nuevo pase de esta Traviata madrileña se acoge como un acto reivindicativo, que no pretende hacer olvidar todo lo que está ocurriendo fuera porque la distancia social, la mascarilla, el foso ampliado y las butacas precintadas son insoslayables. Para esta sesión se contaba con el enésimo reparto (¿el cuarto?) que mantenía secundarios y traía a Lana Kos (Ver entrevista en ÓA), Ismael Jordi y Javier Franco.

Lana Kos puede presumir de un centenar de Violettas cantadas, y esas tablas le permiten resolver algunas de las dificultades inherentes a un papel que no es ni lírico-coloratura, ni lírico-spinto ni dramático. La voz de la soprano croata es ancha y mantiene un sentido del fraseo muy inteligente, que no cae nunca en lo mecánico. Mantiene además el equilibrio aprovechando una tímbrica muy cálida. Con todo, le faltó algo de cuerpo en el registro medio y se percibió un abuso de portamenti en los pasajes en sobreagudo, que desembocaron en un vibrato amplio algo bajo de afinación en la endiablada “Follie! Follie!”. Nada que afectase a su sentida interpretación, en cualquier caso.

"El gusto por el contraste de Ismael Jordi y su manejo de los reguladores conformaron a un amante creíble, entregado, que no fue más por cierta falta de química con la Violetta de Kos (es complicado conectar sin poder tocarse) y su reiteración de tics dramáticos"

El Alfredo de Ismael Jordi funcionó muy bien en lo vocal y algo menos en lo actoral. Sus líneas vocales siempre están bien matizadas, aprovechando sus múltiples recursos técnicos en pro de una expresividad necesaria para sostener a Alfredo, un rol algo monolítico y sin apenas evolución escénica. Su gusto por el contraste y su manejo de los reguladores conformaron a un amante creíble, entregado, que no fue más convincente por cierta falta de química con la Violetta de Kos (es complicado conectar sin poder tocarse) y su reiteración de tics dramáticos. El Germont père de Javier Franco fue resolutivo, aunque con menos brillo, lastrado por alguna dificultad rítmica durante su primera intervención resuelta gracias al oficio de Nicola Luisotti. Imprecisiones lógicas si se piensa en la escasez de ensayos y variabilidad inherentes a cinco repartos tan distintos y distantes. Su mejor momento llegó en “Di Provenza il mar”, dulce y envolvente.

Pero si hubiera que elegir, infantilmente, un único triunfador, este sería Luisotti, quien mantuvo la tensión en la orquesta, el sentido narrativo y la coherencia estructural a pesar de ser el quinto día seguido de representación y oscilando entre quince cantantes. Muy buena lectura de orquesta y coro, con máxima implicación y rendidas ovaciones, más que ningún cantante, reconociendo el riesgo que su foso, aunque ampliado, comporta.