Buñuel según Bieito, sí, pero ¿cuál de ellos?

París

04 / 03 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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La producción de Calixto Bieito de 'El ángel exterminador' de Thomas Adès
angel paris La producción de Calixto Bieito de 'El ángel exterminador' de Thomas Adès © ONP / Agathe POUPENEY
angel paris La producción de Calixto Bieito de 'El ángel exterminador' de Thomas Adès © ONP / Agathe POUPENEY

Opéra national de Paris

Adès: THE EXTERMINATING ANGEL

Nueva producción

Jacquelyn Stucker, Gloria Tronel, Hilary Summers, Claudia Boyle, Christine Rice, Amina Edris, Nicky Spence, Frédéric Antoun, Jarret Ott, Anthony Roth Costanzo, Filipe Manu, Philippe Sly, Paul Gay, Clive Bayley. Dirección musical: Thomas Adès. Dirección de escena: Calixto Bieito. 29 de febrero de 2024.

Tras su estreno en el Festival de Salzburgo (2017) y su presentación en Londres y Nueva York, llegó a la Opéra de Paris The exterminating Angel, la tercera ópera del británico Thomas Adès (ver entrevista en este enlace), con libreto del propio compositor y de Tom Cairns. La obra, que hace referencia al film homónimo de Luis Buñuel, de dimensiones musicales considerables (enorme orquesta, coro y ondas Martenot) y dramáticas (22 solistas), encontró en la sala Bastilla la horma para su zapato.

Es del todo imposible dar razón cabal de las sutilidades de su música (que incluyen una referencia a los tambores de Calanda, patria chica del cineasta) madurada a lo largo de más de un decenio. Se trata de una composición mayormente tonal, fácil de escuchar, grandilocuente, con inmensas exigencias vocales; la partitura impresiona por su robustez, su riqueza cromática, su espesor armónico y su intensidad, pero no emociona. Se trata de un envoltorio eficaz para reflejar (y esta es la finalidad de la ópera, como lo fue el del film de Buñuel) una sociedad con ínfulas de poderío, pero sin alma, vacía.

En una escenografía firmada por Anna-Sofia Kirsch, lisa y monda, blanca, y un vestuario de Ingo Krüger vistoso y sencillo, renovable en cada función, Calixto Bieito tuvo que vérselas con los 22 solistas, 14 de los cuales en el escenario durante casi dos horas. No se arredró el burgalés y brindó a cada uno, a cada momento indicaciones precisas que definieran su acción dentro de un conjunto armónico y coherente. Un gran trabajo dramático para ordenar aquel desorden que mantuvo en vilo a los 2.679 espectadores que llenaban la sala parisina. Por exigencias del libreto, sin embargo, y desde un buen principio –la repetición de la escena de las presentaciones–, el regista debió encadenar situaciones que más reflejaron el teatro del absurdo del Buñuel de la época francesa (Le charme discret de la bourgeoisie, 1972), que el surrealismo pretérito (L’âge d’or, 1930), remanente en su producción mexicana y bien encarnado en El ángel exterminador (1962). Dígase que los extremos se tocan y pásese la página. No olvidó el director de escena la tendencia antirreligiosa del cineasta y aludió a las procesiones de Semana Santa en términos otrora valientes por sacrílegos, hoy de una pedantería forzada y penosa.

"Thomas Adès no escatimó los decibeles que él mismo había plasmado en la partitura y encadenó musicalmente las infinitas historietas tejidas por los personajes"

¿Quién mejor que el propio compositor para dirigir su obra? Thomas Adès mantuvo en vilo foso y escenario con autoridad, y no escatimó los decibeles que él mismo había plasmado en la partitura al encadenar musicalmente las infinitas historietas tejidas por los personajes. Alargó tanto como pudo los momentos de menor tensión –los hubo– como para dar un necesario respiro a los espectadores, a los cantantes y a los músicos. En realidad, esta vez, por voluntad del director, la orquesta estuvo muy ocultada por las voces de los cantantes. Aunque cueste creerlo, los solistas taparon en muchísimas ocasiones los fortissimi del foso mediante otro tanto de vociferaciones, griterío y aparente desorden vocal en el escenario, apaciguado en escasos momentos por las suaves intervenciones femeninas de Jacquelyn Stucker (Lucia), Gloria Tronel (Leticia), Hilary Summers (Leonora), Claudia Boyle (Silvia), Christine Rice (Blanca) o Amina Edris (Beatriz), de corta duración.

Durante el resto de la noche ellas gritaron tanto o más que los comprimarios masculinos en todas las tesituras. Nicky Spence (Edmundo de voz de trueno), Frédéric Antoun, (Raùl), Jarret Ott (Álvaro Gómez), el contratenor Anthony Roth Costanzo (Francisco), Filipe Manu (Eduardo), Philippe Sly (Russell), Paul Gay (Roc) y Clive Bayley (Doctor Carlos), cantaron en forte con muchas efes y ejecutaron con diligencia cuanto les mandó el director de escena. El coro de la casa que prepara ChingLieng cantó esta vez un final tan majestuoso como impropio desde la sala.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL