Luces entre callejones oscuros

Oviedo

03 / 03 / 2020 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 3 min

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El exitoso 'Barberillo' con Borja Quiza y Cristina Faus llegará a Sevilla © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
Quiza, acompañado por Faus y una fantástica María Miró © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
Una escena de la elogiada propuesta de escena firmada por Alfredo Sanzol © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ

XXVII Festival de Teatro Lírico Español

Barbieri: EL BARBERILLO DE LAVAPIÉS

Espectáculo inaugural

Borja Quiza, Cristina Faus, María Miró, Javier Tomé, David Sánchez, Abel García, Ángel Burgos. Dirección: Miquel Ortega. Dirección de escena: Alfredo Sanzol. Teatro Campoamor, 27 y 29 de febrero.

Entre castizos y aristócratas se desarrolla El barberillo de Lavapiés, mientras la trama la marcan las intrigas políticas que condicionan los sucesos del corazón. La conspiración para derrocar al marqués de Grimaldi une a las parejas protagonistas con el fin de lograr un mejor futuro para el país, de manera que se disipan las diferencias sociales. Así, las aventuras de Lamparilla y Paloma transmiten vida y esperanza, aunque no sin ciertas dudas hacia la eficacia política y la tranquilidad social. La zarzuela de Francisco Asenjo Barbieri, con libro de Luis Mariano de Larra, puede entenderse desde la actualidad, como hizo Alfredo Sanzol en su adaptación para la producción del Teatro de La Zarzuela de Madrid. Esta propuesta supuso la brillante inauguración del XXVII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo.

"Con su fuerza y flexibilidad, Borja Quiza demostró las condiciones impecables de su voz que, unido a su naturalidad dramática, le convierten en un Barberillo de campanillas"

El Festival ovetense arrancó así entre callejones oscuros de Lavapiés según la idea de Alejandro Andújar, que firmó una escenografía minimalista y funcional, con altos bloques que limitaban calles y dibujaban los juegos de los personajes en escena, no sin carga simbólica en algunos números. Los recovecos en las sombras se encendían con el colorido del vestuario del propio Andújar y los matices lumínicos de Pedro Yagüe, como si los tipos populares de los cuadros de Goya viviesen en el cuerpo de baile y el coro, aportando alegría al siglo XVIII. Hay que destacar el desempeño del cuerpo de baile al pintar cuadros de bella fantasía (como en La jota de los estudiantes), así como la actuación de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras, imprescindible, con una actuación in crescendo. Las coplas de las costureras, con La Paloma más las bailarinas, fue otro momento de especial plasticidad y bien acabado en lo musical. Para ello, la batuta de Miquel Ortega en el foso asturiano fue garantía de éxito para extraer la brillantez de los recursos populares y el poder de la orquestación de Barbieri, en atriles de Oviedo Filarmonía.

Desde que Lamparilla cantó sus hazañas, en el tour de force inicial para el barítono, hay que celebrar el regreso de Borja Quiza. Con su fuerza y flexibilidad demostró las condiciones de su voz que, unidas a su naturalidad dramática, le convierten en un Barberillo de campanillas. Otro de sus momentos estelares fue el número 6, «De la cárcel al barrio de Lavapiés», expuesto con voz pletórica y muy resolutivo en la escena. También hay que destacar las seguidillas de Lamparilla, en un número muy dinámico en el mismo acto. Su corazón lo ocupa Paloma, una Cristina Faus inmensa, también con gran presencia escénica desde su aparición, con total soltura abanico en mano. Y esto también en lo vocal, con una voz gruesa y de medios firmes. Entre la pareja de majos saltaron chispas, sobre todo en el dúo de segundo acto cuando se reencuentran, premiado con los aplausos más sonoros. Gracia y salero, a través de un alicatado hacer vocal y dramático fueron las constantes de la pareja protagonista de esta zarzuela de tema pseudohistórico, que marcó el devenir del teatro musical español.

El trío de aristócratas lució algo más descompensado, si bien conquistó al público, especialmente con María Miró como la Marquesita del Bierzo, luciendo carácter y una voz de medios potentes. El terceto con Lamparilla y Paloma funcionó perfectamente, mientras trazaban el plan con el Barberillo entre las dos mujeres. También el dúo de las majas, muy efectivo en la escena, con Faus en toda su amplitud vocal. Más que en la parte cantada, se resintió la interpretación dramática en algunos textos. Así, entre los aristócratas, al bajo David Sánchez como Don Juan de Peralta se le escuchó imponente vocalmente, y supo a poco su papel. Javier Tomé como Don Luis de Haro resultó menos efectivo en lo vocal, aunque se impuso en el dúo en la casa solariega, con la incorporación de Miró, esta con fraseo refinado, en un número que el tenor resolvió mejor por su registro, y sin olvidar en su aventura a su amigo, Pedro de Monforte, en la piel de Abel García, que dibujó sonrisas como actor.