‘Los maestros cantores’ y la sorprendente libertad del artista

Madrid

25 / 04 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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wagner madrid La nueva producción de 'Los maestros cantores' de Laurent Pelly © Teatro Real / Javier DEL REAL
wagner madrid La nueva producción de 'Los maestros cantores' de Laurent Pelly © Teatro Real / Javier DEL REAL
wagner madrid La nueva producción de 'Los maestros cantores' de Laurent Pelly © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Wagner: LOS MAESTROS CANTORES DE NÚREMBERG

Nueva producción

Gerald Finley, Tomislav Muzek, Nicole Chevalier, Leigh Melrose, Anna Lapkovskaja, Sebastian Kohlhepp, Jongmin Park, Paul Schweinester, Barnaby Rea, José Antonio López, Albert Casals, Kyle van Schoonhoven, Jorge Rodríguez Norton, Bjorn Waag, Valeriano Lanchas, Frederic Just, Tomislav Muzek, Alexander Tsymbalyuk. Dirección musical: Pablo Heras-Casado. Dirección de escena: Laurent Pelly. 24 de abril de 2024.

Con sus Maestros cantores de Núremberg, Wagner planteó en un mismo nudo dos asuntos que le obsesionaban: la libertad del artista y el destino de Alemania. Aquello determinó fatalmente la acogida de la obra después de que el Tercer Reich le diera al intríngulis una solución propia y, hay que reconocerlo, sumamente original. Las puestas en escena actuales de Los Maestros difícilmente se sustraen a la cuestión, en particular en un ambiente tan politizado como el nuestro y en el que, por si eso fuera poco, los artistas han vuelto a considerarse a sí mismos como auténticos —quizás como los únicos auténticos, y respetables— agentes ideológicos.

La nueva puesta en escena de Laurent Pelly para el Teatro Real (ver previa en este enlace), en colaboración con la Royal Danish Opera y el National Theatre de Brno, no pierde la oportunidad de abordar el asunto. Convierte la ciudad de Núremberg en un gigantesco montón de ruinas, como después de un bombardeo, y a sus habitantes en seres uniformemente vestidos de materiales oscuros y cubiertos de polvo, como si acabaran de salir de un refugio o de un sótano.

"El zapatero Hans Sachs estuvo interpretado en esta ocasión por Gerald Finley, barítono solvente, de voz atractiva, bien colocada y de buena proyección, pero un poco demasiado ligero y sin la autoridad que requiere el personaje"

En este ambiente uniformemente gris se desarrolla la jornada del concurso de canto. El gran protagonista es, como bien se sabe, el zapatero Hans Sachs, interpretado en esta ocasión por Gerald Finley, barítono solvente, de voz atractiva, bien colocada y de buena proyección, pero un poco demasiado ligera y sin la autoridad que requiere el personaje que encarna al propio Richard Wagner. También le faltó mordiente y brillo, además de energía y apasionamiento, al Walther de Tomislav Muzek, que en cualquier caso lo cantó todo con honradez y no se arredró ante el personaje que se traía entre manos. La Eva de Nicole Chevalier, que consiguió algunos momentos mórbidos y evocadores en el segundo acto, exhibió un instrumento poco agradable, con algunos agudos abiertos, no del todo conveniente para un personaje de ingenuidad y astucia infantiles y candorosas. Bien la Magdalene de Anna Lapkovskaja, de canto hermoso e intencionado, aunque coartado por una dirección de actores que le impuso un rígido formalismo. Fabuloso Jongmin Park, con una voz densa, profunda y retumbante, capaz de hacer creíble a un Pogner que siempre corre el riesgo de hacer el ridículo al no enterarse de lo que está ocurriendo, y con mucho ruido, a su alrededor. Muy bien, a falta de un poco de variedad, el tenor Sebastian Kohlhepp en el papel de David, el más exigente, vocalmente, de la obra. Excelentes los Maestros cantores, entre los que se puede destacar al gran José Antonio López y a Albert Casas, aunque la caracterización no facilitaba las cosas a un público que no se supiera la obra de memoria. Fabuloso el Sereno de Alexander Tsymbalyuk, casi —como se suele decir— el más wagneriano del reparto, aunque le dejaran sin su instrumento musical.

Y excelente el Beckmesser de Leigh Melrose, que se sobrepuso, con su actuación y una interpretación vocal matizada e imponente, a la caricatura de trazo grueso que dibujó el director de escena. Como siempre, sobre Beckmesser giran buena parte de los problemas que plantea la obra. En este caso, sorprendieron la salvaje paliza que recibe en el acto segundo, de un realismo brutal, y algunos rasgos de la caracterización que recordaban, como en un guiño a Syberberg, a las parodias de Hitler por Lubitsch y Chaplin. Así queda problematizada una vez más lo que la puesta en escena parece, por otro lado, celebrar, como es la emancipación final del artista y su conversión en el auténtico mesías del Pueblo, alemán en este caso. De ahí que el coro, que apenas hace acto de presencia en el primer acto, aparezca con todo su esplendor, excesivo en algunos momentos, en el tercero. Pablo Heras-Casado impuso, con muy buen criterio, una visión fluida, elegante, casi camerística y extremadamente variada y colorida de la obra, dejando sin resolver las tensiones crecientes hasta el final, cuando, tras el estallido de la pelea callejera, se cierran, en un do mayor tan célebre como voluntarioso, todas las contradicciones. Excelente propuesta.

Muy bien la Orquesta Titular, aunque quizás mejor en cuanto a los solistas que en el conjunto, de gran altura en cualquier caso. Gran éxito de un público que aguantó bien las casi seis horas de función. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL