Los jóvenes toman el poder en el Liceu

Barcelona

27 / 04 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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El monstre al laberint Una escena de 'El monstre al laberint' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
El monstre al laberint 'El monstre al laberint' inunda el Gran Teatre del Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
El monstre al laberint Paco Azorín dirige 'El monstre al laberint' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Dove: EL MONSTRE AL LABERINT

Ópera participativa

Roger Padullés, Gemma Coma-Alabert, Elias Arranz, Marc Pujol. Cor Càrmina, Cor Bruckner Barcelona. Orquestra del Conservatori del Liceu. Dirección musical: Manel Valdivieso. Dirección de escena: Paco Azorín. Gran Teatre del Liceu. 26 de abril de 2021.

Un torrente de emoción sacude la sala del Gran Teatre del Liceu al finalizar cada una de las representaciones de El monstre al laberint, la ópera participativa de Jonathan Dove que estos días se está representando en Barcelona. La energía y la euforia que se desata en los aplausos finales es el resultado de la realización, con indudable éxito, de un proyecto de gran complejidad y calado. Reunir y coordinar hasta quince institutos y centros educativos para ensayar una ópera de considerables dimensiones y dificultades, tanto escénicas como musicales, requiere de un trabajo a largo plazo y bien organizado. Y en ese sentido hay que felicitar al Liceu, y en concreto a LiceuAprèn, su departamento educativo, porque el resultado es un éxito sin paliativos.

Simon Rattle fue quien encargó a Jonathan Dove una ópera participativa para un proyecto social y educativo organizado por la London Symphony. A partir de ese momento la obra, en distintos idiomas (en Barcelona la traducción es de Marc Rosich), se ha dado a conocer en diferentes países. En ella se combina la participación de jóvenes estudiantes (en el caso del Liceu, cada función está interpretada por una serie de centros educativos distintos) con formaciones corales como el Cor Bruckner Barcelona o el Cor Càrmina. La integración de todos ellos hay que atribuirla al excelente trabajo de la directora Buia Reixach, con la colaboración de Júlia Sesé y Daniel Mestre.

Excelente, por otra parte, la Orquestra del Conservatori del Liceu dirigida por el siempre efectivo Manel Valdivieso en una partitura que apuesta con inteligencia por el predominio de metales y percusión, instrumentos que, en mayor medida que unas cuerdas asociadas a la música clásica más clásica, son capaces de captar la atención de los adolescentes, tanto participantes como asistentes.

"Brillante en su conjunto la propuesta de Paco Azorín que tiene diversas virtudes, pero una por encima de todas. Apelar a la inteligencia de los jóvenes"

Y brillante en su conjunto la propuesta de Paco Azorín que tiene diversas virtudes, pero una por encima de todas: apelar a la inteligencia de los jóvenes. Sin los paternalismos ni condescendencias, por desgracia habituales en este tipo de propuestas. Se expone un discurso político y social claro y nítido. Una apuesta por la integración y la fraternidad humana así como una crítica al capitalismo salvaje, aquí encarnado por un trasunto de Donald Trump que acaba radicalizándose aún más en la escena final, cuernos capitolinos incluidos.

La inteligente combinación de la mitológica hazaña de Teseo con ese discurso político constituye la plataforma a través de la cual Azorín construye un espectáculo que usa con brillantez toda la sala del teatro, pues el espectáculo empieza en platea, sube al escenario y concluye de nuevo en platea tras acabar con el monstruo. Un monstruo que reside en el poder oculto del mundo digital, en las redes sociales como avanzadilla del canibalismo capitalista, en la deshumanización de una excluyente sociedad occidental y en la destrucción del ecosistema. Un mundo al que los jóvenes no les quedará más remedio que hacer frente luchando unidos. Pero lo más destacable del trabajo de Azorín, con la ayuda inestimable de Carlos Martos de la Vega, es la habilidad con la que mueve tal multitud de jóvenes por todo el espacio, consiguiendo involucrarlos en la acción y, a través de ello, crear emoción.

Buen trabajo de Roger Padullés como Teseo, Gemma Coma-Alabert como Mare, Elías Arranz como Dèdal y Marc Pujol como desternillante Minos. Un aplauso para todos ellos pero, en este caso, los auténticos protagonistas eran los alumnos de Jesús Maria “Claudina Thévenet”, Escola Sant Felip Neri, Institut XXV Olimpíada, Institut Vapor del Fil, Institut Vil·la Romana, Institut Dolors Mallafré, Institut Emperador Carles, Institut La Sagrera, Institut Vall d’Hebron, Institut 22@, Institut Sagrada Família, Institut Doctor Puigvert e Institut Pablo Picasso. Un bravo para todos ellos.