Los hombres y los animales hacen su aparición en la 'Tetralogía' de Castellucci

Bruselas

23 / 01 / 2024 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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walkure castellucci La nueva producción de 'Die Walküre' de Romeo Castellucci © La Monnaie / Monika RITTERSHAUS
walkure castellucci Ingela Brimberg (Brünnhilde) y Gábor Bretz (Wotan) en ‘Die Walküre’ © La Monnaie / Monika RITTERSHAUS
walkure castellucci Nadja Stefanoff (Sieglinde) y Peter Wedd (Siegmund) en ‘Die Walküre’ © La Monnaie / Monika RITTERSHAUS

La Monnaie-De Munt

Wagner: DIE WALKÜRE

Nueva producción

Peter Wedd, Ante Jerkunica, Gábor Bretz, Nadja Stefanoff, Ingela Brimberg, Marie-Nicole Lemieux. Dirección musical: Alain Altinoglu. Dirección de escena: Romeo Castellucci. 21 de enero de 2024.

El nuevo montaje de Der Ring des Nibelungen que propone La Monnaie en coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona mantiene como dos ejes centrales del atractivo de la propuesta la dirección musical de Alain Altinoglu y la escénica de Romeo Castellucci. Responsable también del decorado, el vestuario y la iluminación, el dramaturgo italiano acentúa la depuración estética en una lectura que no es tanto una reinterpretación del magno opus wagneriano, como una re-imaginación, entendida como la creación de imágenes que buscan resonancias profundas en el espíritu del espectador, no necesariamente coincidentes para cada miembro de la audiencia.

En Die Walküre (ver crítica de Das Rheingold en este enlace), Castellucci mostraba de forma fascinante un doble camino de reunificación y separación. Reunificación en el encuentro de Siegmund y Sieglinde, con el apasionado reconocimiento del final del primer acto, en el que los dos gemelos, sobre un manto de flores y bañados en sangre y leche (bautizados incluso, podría decirse), acaban protegidos bajo una membrana, como la placenta que los cubría en el útero materno, cuando eran un único ente. Separación en el caso de Wotan y Brünnhilde, con la valquiria doblando los gestos de su padre hasta que su toma de conciencia del puro amor humano le lleva a seguir un camino diferente. El dios más poderoso, sin embargo, no es un ser libre, y en su larga peroración del segundo acto un figurante marca sus gestos, como un titiritero. Pese a la inevitabilidad del castigo, el dolor por la separación de su hija más amada será evidente en el tercer acto, culminado con un gran panel de blancura resplandeciente que cubrirá a Brünnhilde. Un anillo, como el que aparecía al principio de Das Rheingold, cubierto en llamas sirve de enlace entre lo que hemos visto y lo que experimentaremos en las próximas entregas del ciclo.

La gran novedad del montaje de Die Walküre es la presencia de animales vivos en el escenario del teatro bruselense. Un perro negro acompaña a Hunding, merodeando de forma inquietante por el laberinto de muebles en continuo movimiento que es su morada, también prisión para los gemelos, de la que escapan hacia un espacio blanco en el que solo se mantiene una cama, una especie de altar-confesionario y una nevera en la que Siegmund guarda a Notung, un elemento de un prosaísmo desconcertante teniendo en cuenta que, en otra imagen subyugante, el Wälsung extrae la espada del cuerpo de su hermana. Más problemática, por la distracción que generan, es la legión de palomas blancas que revolotean y se posan en un poste mientras Fricka se encara con Wotan. El destino de los dos hermanos que exige la diosa del matrimonio, vestida de blanco de forma aparatosa, queda simbolizado por las dos palomas que sacrifica con violencia (de mentira, por descontado, el teatro avisa que todos los animales son bien tratados). La coreografía risible de las criaturas blanquecinas que manejan las palomas contribuye a que la escena sea la peor resuelta de lo que ha podido verse de esta Tetralogía.

El golpe final se lo reserva Castellucci en la célebre cabalgata, aquí encarnada por los caballos negros en los que las valquirias transportan los cuerpos desnudos de los caídos, a los que tratan con una mezcla de violencia (los arrastran sin miramientos) y cuidado (en composiciones que recuerdan una pietà). El movimiento continuo de los equinos da fluidez a una escena siempre complicada de realizar antes que el despojamiento visual permita al espectador concentrarse en la dramática conclusión de la obra.

Como sucedía en Das Rheingold, ante un teatro no narrativo como el de Castellucci es a la orquesta y a la batuta a quien corresponde llevar el hilo dramático y, de nuevo, Alain Altinoglu y las fuerzas estables de La Monnaie cumplen con creces. En especial en el primer acto, el director francés optó por tiempos moderados que favorecían la efusión lírica de la partitura, con los diversos motivos expuestos con el carácter apropiado, un discurso mantenido con mano firme y la fluidez, imprescindible en Wagner, para negociar las transiciones. Una orquesta dúctil y su titular merecieron de forma justificada las mayores ovaciones de esta función de estreno.

"Destacó la Brünnhilde impetuosa de Ingela Brimberg, soprano de voz consistente y agudo firme que subrayó con un canto generoso la emotividad a punto de erupción de la valquiria, que culmina en la escena final con Wotan"

Otra de las características de Altinoglu es la capacidad de adaptarse a las características de sus solistas, virtud necesaria cuando no todos los cantantes poseen el formato vocal óptimo. No era el caso de la Brünnhilde impetuosa de Ingela Brimberg, soprano de voz consistente y agudo firme que subrayó con un canto generoso la emotividad a punto de erupción de la valquiria, que culmina en la escena final con Wotan, uno de los puntos álgidos de la representación gracias también a Gábor Bretz; el bajo barítono húngaro debutaba en este ciclo bruselense como el señor del Valhalla, con resultados aún más estimulantes en Die Walküre: un Wotan más tonante es posible, pero, con un instrumento sin problemas en toda la extensión y fuerzas más que suficientes hasta el final, Bretz aporta una nobleza en su línea de canto para nada desdeñable. No menos autoridad mostró Marie-Nicole Lemieux como Fricka, consiguiendo atraer la atención pese a la distracción aviar. Un octeto bien conjuntado y potente de valquirias (Karen Vermeiren, Tineke Van Ingelgem, Polly Leech, Lotte Verstaen, Katie Lowe, Marie-Andrée Bouchard-Lesieur, Iris Van Wijnen y Christel Loetzsch) redondearon la cuota divina del reparto.

En el terreno humano, el nivel no fue el mismo, exceptuando el Hunding rocoso y amenazador de Ante Jerkunica. Peter Wedd fue un Siegmund de voz engolada y dosis justas de heroísmo, en parte compensado por una aplicada musicalidad en los pasajes más poéticos, mientras que el instrumento de Nadja Stefanoff era demasiado frágil para las grandes expansiones de Sieglinde. Ambos intérpretes, pese a todo, cumplieron con corrección en una representación que fue más que una suma de individualidades. Las dos últimas entregas del Ring de Bruselas llegarán en la temporada 2024-25.  * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL