Los claroscuros de 'La Cenicienta' liceísta

Barcelona

19 / 05 / 2024 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 2 min

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Cenerentola Liceu 'La Cenerentola' en la producción de Emma Dante en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Cenerentola Liceu 'La Cenerentola' en la producción de Emma Dante en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Cenerentola Liceu 'La Cenerentola' en la producción de Emma Dante en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Cenerentola Liceu 'La Cenerentola' en la producción de Emma Dante en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Cenerentola Liceu 'La Cenerentola' en la producción de Emma Dante en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Cenerentola Liceu 'La Cenerentola' en la producción de Emma Dante en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Rossini: LA CENERENTOLA

Maria Kataeva, Javier Camarena, Florian Sempey, Paolo Bordogna, Erwin Schrott, Isabella Gaudí, Marina Pinchuk. Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu. Cor Madrigal (Dirección: Pere Lluís Biosca). Dirección musical: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Emma Dante.

Hubo un tiempo en que el Liceu era una capital internacional del bel canto romántico. Hoy no puede presumir de ello, ya que ese poderío parece haberse desplazado hacia Madrid o Valencia, donde se suceden obras de Bellini, Rossini y hasta se organizan acontecimientos como desgranar al completo la Trilogía Tudor donizettiana. A pesar de los grandes nombres anunciados por el coliseo barcelonés para este regreso de La Cenerentola, ausente de su escenario desde 2008, las voces reclutadas demostraron que todo tiempo pasado fue mejor, moviéndose dentro de una gris efectividad, aunque con alguna sorpresa agradable, pero con mucho terreno por mejorar.

"Maria Kataeva aportó un talento que le permite un amplio juego de colores, de timbre hermoso y cremoso y gran sentido del ornamento. Su rondó final fue de absoluta antología por dominio, virtuosismo y originalidad en las variaciones"

La Cenerentola de Maria Kataeva aportó un talento que le permite un amplio juego de colores, de timbre hermoso y cremoso y gran sentido del ornamento, aunque también es verdad que con graves poco sonoros, detalle que suplió con perfectas agilidades y una zona aguda siempre segura. Su rondó final fue, en todo caso, de absoluta antología por dominio, virtuosismo y originalidad en las variaciones. Uno de los atractivos del reparto era el Príncipe Don Ramiro de Javier Camarena; al cantante mexicano –adorado en este teatro y aclamado anoche– le faltó la rotunda elegancia en el fraseo que requiere el personaje; por supuesto que el tenor posee todas las notas y sobre el escenario es casi un Villazón, pero quizás ya no está tan cómodo en este repertorio; su “Sì, ritrovarla io giuro” en todo caso, llegó servida con todo lo necesario para triunfar, y así sucedió; sus momentos de gloria también se extendieron a los números de conjunto, con precisión de relojero.

Paolo Bordogna, en su línea habitual, mostró absoluto dominio actoral del estilo, pero su voz limitada no da para mucho lucimiento, poco timbrada y de escasa proyección, aunque, para suerte del público, el cantante italiano es un experto en las tablas y sabe aprovechar su material vocal al máximo con su olfato de bufo de manual. El aclamado Erwin Schrott sorprendió con su aparición en este reparto como Alidoro; el cantante uruguayo se mostró poco cómodo ya en su primer y breve concertado, con entradas poco efectivas, síntoma que mejoró en su aria, escena en la que proyectó una voz timbrada y potente, pero lejos del estilo. Más en su salsa apareció el Dandini de Florian Sempey, que se mostró tan simpático como eficaz y, aunque no tiene la fluidez en la coloratura que exige el papel, sí que posee la vis cómica necesaria dibujando un personaje bien delineado. Las hermanastras de Isabella Gaudí y Marina Pinchuk se complementaron bien, contribuyendo a los momentos más divertidos –y crueles– del espectáculo.

Este cuento de hadas lleno de claroscuros llegó procedente del Teatro dell’Opera de Roma en un montaje de la actriz y directora teatral Emma Dante, que aportaba soluciones singulares y con toques góticos y pop en su estética, pero que también miran a la violencia de género (hay momentos terribles, como cuando el padrastro encadena a Angelina o cuando la golpea durante la tormenta) y a la crueldad de la sociedad. Para representarlo, Dante recluta a un ejército de autómatas que replican las labores de Cenicienta, pero que también bailan y decoran diversas escenas (el movimiento escénico coreografiado es de Manuela Lo Sicco), con algún exceso que acaba por cansar. Caracterizaciones, pelucas, calzado, cuellos, guantes, todo apoyaba un vestuario de colorines, imaginativo y de cuento firmado por Vanessa Sannino, pero con divertidos acentos pop y oscuros engarzados en una escenografía de Carmine Maringola práctica, mínima –descansa bastante en el escaso mobiliario y en el atrezo– y propia de una comedia de enredos, con el gran aliciente de que empujaba a los cantantes a actuar en la boca del escenario ayudando con ello a la proyección de las voces. La iluminación de Cristian Zucaro resultó siempre ser la más adecuada.

El Cor Madrigal que dirige Pere Lluís Biosca protagonizó demasiados momentos a los que les faltaron pulir aristas en cuanto a cuadratura (su presencia en esta producción se debe a que el coro liceísta está ensayando el Fidelio de Beethoven que la semana próxima dirigirá Gustavo Dudamel y al parecer no da para más).

La guía de todo este tremendo edificio musical le correspondió a un atento Giacomo Sagripanti (ver entrevista en este enlace), quien, desde el podio, supo ir adecuándose a las necesidades de cada solista llevando de la mano a una entregada y atenta Simfònica liceísta, consiguiendo momentos de auténtica magia rossiniana, como en el célebre sexteto del segundo acto y en toda la emocionante escena final. El maestro italiano demostró ser un sabio conocedor del estilo, aportando contrastes teatrales adecuados y la debida tensión que se merece esta obra maestra rossiniana. * Pablo MELÉNDEZ-HADDAD, jefe de Redacción de ÓPERA ACTUAL