Los albores del gran Händel

Barcelona

27 / 10 / 2023 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 4 min

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Vivica Genaux-operaactual.com Vivica Genaux y Dani Espasa © Lorenzo DUASO
Dani Espasa El director Dani Espasa © Vespres d'Arnadí

L'Auditori

G. F. Händel: ACI, GALATEA E POLIFEMO

David Hansen, Vivica Genaux, Nicolas Brooymans. Vespres d’Arnadí. Dirección: Dani Espasa. 26 de octubre de 2023.

El primer viaje de Händel a lo que hoy se conoce como Italia y que a inicios del siglo XVII era un conglomerado de ciudades-estado independientes, alumbró las primeras obras vocales profanas importantes del compositor alemán. Il trionfo del tempo e del disinganno, estrenada en Roma en 1707, y su ópera Rodrigo, representada ese mismo año en Florencia, le valieron ya a Händel el apelativo de il caro sassone. Su progresiva madurez en el tratamiento vocal se confirmó definitivamente en Nápoles, donde compuso en 1708 la serenata a tres voces Aci, Galatea e Polifemo. En esta obra semi escénica se percibe ya la maestría del Händel que, apenas tres años más tarde, desembarcaría en Londres para convertirse en el Rey Midas de la ópera italiana a nivel internacional. Las principales características dramáticas y el personal estilo vocal que desarrollaría a partir de Rinaldo (1711) están esbozadas en esta pieza, especialmente querida por el compositor, que revisaría varias veces en sus años de máximo esplendor.

Todo ello se puso de manifiesto en la reveladora lectura que el conjunto Vespres d’Arnadí guiado desde el clavicémbalo por su director, Dani Espasa, ofreció en L’Auditori de Barcelona. Pese a que, en principio, la Sala Pau Casals podía parecer demasiado grande para una obra de este perfil, la reducida orquesta de época supo llenarla de un sonido amplio, cálido y bellamente coloreado. Hace tiempo que se viene resaltado la progresión de un conjunto que, paso a paso y concierto tras concierto, se ha ido consolidado como una referencia en el repertorio barroco en el país y que ya ha adquirido la madurez para dar el salto al competitivo mercado internacional.

"Vespres d’Arnadí se convirtió en el gran triunfador del concierto y a ello no fue ajena la dirección vibrante y refinada de un Dani Espasa que muestra un gesto cada vez más expresivo"

Con una empastada, precisa y expresiva sección de violines encabezada por Farran James, un imponente y sensible bajo continuo liderado por el cello de Oriol Aymat, en esta ocasión colaborando por el archilaúd de Pablo Fitzgerald, y las excelentes intervenciones de maderas y metales, Vespres d’Arnadí se convirtió en el gran triunfador de la velada. A ello no fue ajena la dirección vibrante y refinada de un Dani Espasa que muestra un gesto cada vez más expresivo, consiguiendo un raro equilibrio entre la libertad que otorga a sus instrumentistas y la claridad con la que desarrolla su discurso.

Como ha quedado apuntado, en esta obra Händel impone ya a los cantantes el virtuosismo que se convertirá en marca de fábrica. A cada uno de ellos –una voz de soprano para Aci, una de contralto para Galatea y una de bajo en el rol de Polifemo– les exige un dominio absoluto de todos los palos, desde el legato más elegíaco hasta la coloratura más desenfrenada. La respuesta de los solistas fue, en líneas generales, irregular, aunque cabe decir que fue de menos a más. Al contratenor David Hansen, que encarnó a Aci, se le pudo escuchar recientemente en Barcelona como Nerone en L’incoronazione di Poppea que cerró la pasada temporada del Gran Teatre del Liceu; en esta ocasión confirmó, de nuevo, las sensaciones que dejó entonces: una buena línea de canto y un timbre atractivo en la franja central que se ven perjudicadas por una zona aguda descontrolada y tendente al grito. Da la sensación de que el repertorio de sopranista le resulta demasiado tirante y que, probablemente, papeles más cercanos al registro de alto favorecerían sus cualidades. En la bellísima, íntima interpretación que hizo de «Verso già l’alma» dejó meridianamente claro que las tiene.

La mezzosoprano Vivica Genaux era, sin duda, uno de los principales atractivos de la propuesta. La cantante de Alaska arrancó fría en sus primeras intervenciones, con dificultades para proyectar en una sala siempre incómoda para las voces; tras una discreta primera parte, quizás estimulada por el ardor creciente de sus colegas y la orquesta, dio su mejor prestación en el recitativo acompagnato y el aria «Del mar fra l’onde», uno de sus últimos números. Un bagaje discreto para una cantante que ha tenido noches mejores en Barcelona. Menos referencias había, en cambio, del bajo francés Nicolas Brooymans que asumió la complicada parte de Polifemo: cantar a voz fría una aria tan enrevesada como «Sibilar l’angui d’Aletto» es todo un reto que superó con autoridad y bravura; el timbre no es especialmente oscuro ni pulposo, más bien baritonal, pero la extensión es notable como demostró en otra piedra de toque, «Fra l’ombre e gl’orrori», haciendo gala de sólidos graves y remarcable control del fiato. *  Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL