Lorenzo Viotti y Barrie Kosky cierran su ciclo pucciniano

Ámsterdam

08 / 05 / 2024 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

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puccini amsterdam La producción de 'Gianni Schicchi' de Barrie Kosky © Dutch National Opera / Monika RITTERSHAUS
puccini amsterdam La producción de 'Il tabarro' de Barrie Kosky © Dutch National Opera / Monika RITTERSHAUS
puccini amsterdam La producción de 'Suor Angelica' de Barrie Kosky © Dutch National Opera / Monika RITTERSHAUS

De Nationale Opera

Puccini: IL TRITTICO

Nueva producción

Daniel Luis de Vicente, Joshua Guerrero, Leah Hawkins, Elena Stikhina, Raehann Bryce-Davis, Inna Demenkova, Helena Rasker. Dirección musical: Lorenzo Viotti. Dirección de escena: Barrie Kosky. 5 de mayo de 2024.

El centenario de la muerte de Puccini ha sido el marco en el que De Nationale Opera ha puesto punto final al ciclo de producciones que ha dedicado al compositor italiano, una trilogía a cargo de Lorenzo Viotti y Barrie Kosky que, justamente, ha culminado con Il trittico. La austeridad visual y el virtuosismo teatral han sido los dos ejes sobre los que el director de escena australiano ha construido una propuesta hábil, pero sin el impacto que creó con su anterior Turandot. La escenografía de Rebecca Ringst sirve de elemento unificador del conjunto, dos muros imponentes en diagonal, a los que se añaden a cada parte elementos significativos.

En Il tabarro, una gran estructura a dos niveles que evoca la barcaza de Michele; en Suor Angelica, una vertiginosa escalinata y unos estantes móviles con plantas; en Gianni Schicchi la mesa donde Buoso celebra su cumpleaños. El pertinente vestuario de Victoria Behr se ajusta a cada trama, ya sea el ambiente proletario, la comunidad monástica o los colores horteras de los parientes, pero es sobre todo la iluminación de Joachim Klein, con sus juegos de luces y sombras proyectadas sobre los muros la que contribuye al atractivo visual del montaje pese a su extrema simplicidad.

Con estos mimbres Kosky puede desplegar sin limitaciones su conocida capacidad para la dirección de actores, atento tanto a las singularidades de los protagonistas como a los movimientos de conjunto (magistral, por ejemplo, el contraste entre la solemnidad ritual y la ligereza juvenil de las monjas en el momento del recreo), en esta ocasión lastrada por una tendencia al trazo grueso. La tensión en Il tabarro está bien conducida, con momentos reveladores como el dúo entre Giorgietta y Michele en un cubículo claustrofóbico, mostrando como la proximidad inevitable de su convivencia en un espacio limitado no impide que la distancia anímica entre los cónyuges sea enorme. El director da una vuelta de tuerca a la trama haciendo que Michele no sólo mate a Luigi, también a Giorgietta, en una imagen final demasiado artificiosa.

En Suor Angelica la ausencia de trazo fino se centra en una Zia Principessa desprovista de toda nobleza en sus gestos (incluso abofetea a la sobrina), una óptica que reduce en demasía la gélida inflexibilidad del personaje, ya que no su crueldad: le deja a Angelica un retrato y la urna con las cenizas de su hijo. Por supuesto, no hay ni milagro ni apariciones angélicas, y la monja suicida acaba sola tras tirarse por encima las cenizas, una imagen tan chocante como discutible. Para Gianni Schicchi Kosky reserva buenas dosis de humor poco sutil, aunque bien es cierto que el arranque es brillante: Duoso muere en plena fiesta de cumpleaños, con lo que la mesa del banquete reemplaza el habitual lecho. Los parientes son ridiculizados sin miramientos en una acción vertiginosa que incluye desnudar casi por completo al difunto hasta encontrar el testamento (escondido bajo los calzoncillos). Los buenos detalles (“O mio babbino caro” es un puro ejercicio de chantaje emocional) compensan solo en parte la chabacanería del conjunto hasta la perorata conclusiva de Schicchi, cómo no, acompañado por Duoso.

"Con una voz compacta, bien timbrada y de agudo seguro, De Vicente tradujo con acentos siempre certeros tanto la rabia a duras penas contenida de Michele como la astucia y el histrionismo de Gianni Schicchi"

¿Otra dirección musical hubiera mejorado la impresión mitigada del montaje? Es posible, aunque en realidad la versión de Lorenzo Viotti, con sus largas pausas, se amoldaba como un guante a las necesidades de la escena. En su haber cabe subrayar la capacidad para sacar a relucir todas las delicuescencias de la escritura pucciniana, con la plena complicidad de una excelente Filarmónica de Holanda (magnífico también, como suele estar, el coro de la casa), pero los tiempos lentos que marcaron su lectura tenían el riesgo, no siempre evitado, de desarticulación del discurso dramático, convertido en una sucesión de momentos tan atractivos como aislados más que no en un conjunto cohesionado.

La sorpresa de la representación fue el barítono estadounidense Daniel Luis de Vicente como Michele y Gianni Schicchi en sustitución del inicialmente anunciado Michael Volle: con una voz compacta, bien timbrada y de agudo seguro, De Vicente tradujo con acentos siempre certeros tanto la rabia a duras penas contenida del primer personaje como la astucia y el histrionismo del segundo. Leah Hawkins fue una Giorgietta de voz amplia, homogénea en toda la extensión y fraseo generoso, bien correspondida por el Luigi vibrante de Joshua Guerrero, más tarde también un Rinuccio exultante. Las líneas ágiles de las intervenciones de la Frugola evidenciaron los desajustes entre registros de Raehann Bryce-Davis, quien explotó también la contundencia de su registro grave como Zia Principessa, pese a que el montaje propiciaba un fraseo de perfiles exagerados.

Elena Stikhina fue una emotiva Suor Angelica, compensado con la luminosidad y consistencia de su timbre, un agudo algo duro y una limitada capacidad para apianar. Diversos integrantes de un reparto bien equilibrado participaron en varias partes del tríptico, como Inna Demenkova, encantadora tanto como Amante, Suor Genovieffa y Lauretta. Helena Rasker pasó sin problemas de la serenidad de la Badessa al registro cómico de Zita. Otros nombres para reseñar fueron Sam Carl (contundente Talpa y Betto di Signa), Mark Omvlee (eficaz Tinca y Gherardo) y Tomeu Bibiloni como un Maestro Spinelloccio conscientemente incomprensible por su canto gangoso (incluso en los sobretítulos solo aparecían puntos suspensivos). Un gag más sacado de la chistera inagotable de Barrie Kosky.  * Xavier CESTER, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL