Londres: Viaje al corazón de la injusticia

06 / 05 / 2019 - Eduardo BENARROCH - Tiempo de lectura: 3 minutos

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© ROH / Trevor SAMSON
La innovadora propuesta del Isango Ensemble buscó conectar con el espectador para reflejar a través de la identidad musical la realidad que se vive en diferentes territorios africanos. © ROH / Trevor SAMSON

The Royal Opera House

Steinberg: A MAN OF GOOD HOPE

Isango Ensemble. Dirección: Mandisi Dyantyis. Dirección de escena: Mark Dornford-May. Teatro Linsbury, 16 y 18 de abril de 2019.

 

El género operístico no es mero entretenimiento, hay muchas ocasiones para que trascienda y se convierta en educación. Esta fue una de ellas. El nuevo Teatro Linbury sirvió de marco para que esta compañía sudafricana educara al público en las complejidades de la vida en partes de África Oriental, Somalia, Etiopia y Sudáfrica.

La obra trata sobre el viaje que emprende un niño somalí que pierde a su madre asesinada en su presencia por guerrillas. La figura del niño personificado por Siphosethu Hintsho, caído sobre el pecho de su madre, quedará por siempre en la mente de los espectadores, y su lamento, un grito contenido, estremeció al teatro.

Sobre las tablas se movió un elenco entusiasta y honesto, que cantaba y bailaba con un ritmo contagioso, que a su vez llevaba al espectador a la atmósfera de temor que reina tan a menudo en sus vidas. La tragedia de este niño llamado Asad, fue real y se convirtió en una novela escrita por Jonny Steinberg y más tarde se convirtió en esta ópera-musical bajo la extraordinaria dirección de Mark Dornford-May, director artístico de esta compañía.

© ROH / Trevor SAMSON

El espectáculo marida la interpretación lírica de los miembros del grupo con armonías y ritmos típicos de África

Con el acompañamiento de marimbas, bombos, tambores y otros elementos de percusión, la sensación más fuerte era la que generaba el ritmo y las armonías típicas africanas, muy cerradas y atractivas, cantadas por todos los intérpretes. Para escapar del terror reinante, de las mafias, del hambre, de la miseria, Asad realiza un viaje de 11 años hacia Sudáfrica a través de Etiopía, Kenya, Somalía, Tanzania y Zambia, ex colonias europeas que han sufrido auténticas hecatombes por mil motivos y que no cuentan con el apoyo de sus anteriores colonizadores. A través del épico trayecto del chico, el espectador aprendía que en África la gente se divide en clanes celosos que impiden el progreso de unos y otros, que luchan entre ellos, que se ayudan entre clanes y que en Sudáfrica la violencia y el crimen aterroriza a aquellos que provienen de otros países africanos.

También se aprendió que el SS Mendi fue un buque que en 1917 transportaba trabajadores negros de Sudáfrica para cavar trincheras apoyando a las tropas británicas y que se hundió cargado de trabajadores explotados a pocas millas de la costa; la mayoría de sus tripulantes pereció. Por eso hoy la decoración más alta que otorga el gobierno sudafricano es La orden de Mendi. En este espectáculo presentado por la Royal Opera, la compañía Isango lleva al público a situarse dentro de las vidas de esos hombres llenos de dignidad pero tratados como seres inferiores. He aquí un ejemplo de segregación por color, del menosprecio que paradójicamente ofrece al espectador la oportunidad de aprender que no todo es como parece en la vida occidental. A Occidente le queda muchísimo por aprender.