Londres: Un Verdi demasiado gris

21 / 03 / 2019 - Eduardo BENARROCH - Tiempo de lectura: 4 min

Jonas Kaufmann como Don Alvaro en la nueva producción de 'La forza del destino' en el Covent Garden © The Royal Opera House / Bill COOPER
Anna Netrebko fue una Leonora extraordinaria © The Royal Opera House / Bill COOPER
Jonas Kaufmann junto a Ludovic Tézier (Don Carlo) © The Royal Opera House / Bill COOPER
Anna Netrebko junto a Ferruccio Furlanetto como Padre Guardiano © The Royal Opera House / Bill COOPER

The Royal Opera House, Londres

Giuseppe Verdi: LA FORZA DEL DESTINO

Nueva producción

Anna Netrebko, Jonas Kaufmann, Ludovic Tézier, Veronica Simeoni, Ferruccio Furlanetto, Alessandro Corbelli. Dirección: Antonio Pappano. Dirección de escena: Christof Loy. 21 de marzo de 2019.

Una noche de estrellas y limusinas en la puerta del teatro creaba una atmósfera de tensión y expectativas. El telón se alzó para revelar tres niños y una larga mesa: uno de ellos moría en brazos de su hermana y el escenario se ocultaba de nuevo. Poco después se abría otra vez para mostrar a dos adolescentes que se peleaban. Con el final de la obertura aparecía en una habitación gris con una gigantesca ventana y un guardarropa; interrumpir una obertura sublime como esta es un pecado, interrumpirla dos veces es imperdonable. Esto es un ejemplo de cómo fue el resto de esta producción, que se preocupaba más de convertir las escenas con coro en un musical con coreografía adecuadas para Kiss me Kate que de crear personajes creíbles

Un elenco espectacular compensó el montaje, con dos estrellas supremas, Anna Netrebko y Jonas Kaufmann

En la propuesta hubo incongruencias que jamás deberían haber sido permitidas. ¿De quién fue la idea de convertir a Preziosilla en una bailarina y rodearla de un grupo de bailarines? ¿Cuál era el fin? El montaje culminaba en el mismo sitio en el que comenzó, con Leonora en la habitación gris, una manera de simbolizar que ella jamás abandonó aquel lugar. Se debe dar gracias por no haber situado la acción en un supermercado, pero es hora de acabar con estas producciones que solo sirven para mostrar las limitaciones de los directores de escena.

Por suerte un elenco espectacular compensó el montaje, con dos estrellas supremas. Hoy en día cualquier razón es buena para ir a escuchar y ver a Anna Netrebko, una cantante en su apogeo vocal, un derroche de sonido, una voz que es oro líquido, un agudo segurísimo y la facilidad de dejar de lado la parte más oscura de su registro y cantar “Pace pace…”con voz liviana. Hacía tiempo que no se escuchaban ovaciones como las que siguieron a esta gloriosa aria. Jonas Kaufmann es un cantante diferente, con manierismos, un registro agudo que tiende a perder color y cuerpo; su Álvaro resultó un hombre más sufriente que heroico, alicaído y débil pero resuelto a condenarse. Sus admiradores no tendrán mucho para quejarse con esta caracterización. Ludovic Tézier destacó por una voz hermosa y su noble fraseo, presentando un Don Carlo como hacía mucho que no se escuchaba: ¡al fin un barítono verdiano de gran talla! Robert Lloyd encarnó a un severo Marques de CalatravaAlessandro Corbelli fue un Fra Melitone de antología –cantado y actuado con desparpajo–, Ferruccio Furlanetto daba peso y autoridad al Padre Guardiano y Veronica Simeoni se metió en la piel de Preziosilla con una voz cultivada, menos pesada que de costumbre.

Muy bien el coro mezclado con extras que le restaban importancia. Ya se había escuchado a Antonio Pappano dirigir esta obra en esta casa en 2004; ahora ha madurado y se ha convertido en una lectura desbordante, de sonido intenso, de detalles íntimos que salen a relucir y que coronaron un triunfo musical de proporciones.

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