Londres: Un Don Juan triste y solitario

11 / 10 / 2019 - Eduardo BENARROCH - Tiempo de lectura: 3 min

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Erwin Schrott como Don Giovanni y Malin Bystrom como Donna Anna © ROH / Mark DOUET

The Royal Opera House, Covent Garden

Mozart: DON GIOVANNI

Roberto Tagliavini, Malyn Byström, Erwin Schrott, Petros Magoulas, Daniel Behle, Myrtò Papatanasiu, Louise Alder, Leon Košavić. Dirección: Harmut Haenchen. Dirección de escena: Jack Furness. 8 de octubre de 2019.

Quizás lo mas revelador de esta mamotrética producción de Kasper Holten es la forma en que Don Giovanni es visto como una figura tristona que aparece cuando Zerlina calma a Masetto, y cuando Don Ottavio canta «Il mio tesoro»

"La producción de Holten resultó divertida porque se contó con un cantante actor como Erwin Schrott en un rol que le cae a la medida"

En el primer caso Don Giovanni los mira con celos y envidia y en el segundo se da una doble proyección: Donna Anna sube las escaleras dejando solo a Don Ottavio y seduce a Don Giovanni. Ya se había visto durante la obertura que Donna Anna era cómplice, pero esto ya es una cosa muy vista y explorada y es, dramáticamente, un callejón sin salida. En este caso, usar la escena del aria como una proyección de los deseos de Don Giovanni es una buena salida, pero no la complicidad del comienzo, que totalmente contradice las palabras de Donna Anna en «Non mi dir».

¿Se debe creer entonces que Donna Anna es hipócrita? Mejor dejar estas tonterías sin explorar. Con estos reparos, la producción de Holten resultó divertida porque se contó con un cantante actor como Erwin Schrott en un rol que le cae a la medida, quien se paseó por el escenario como la viviente personificación del seductor, con su particular estilo semi parlando, con cambios de color y énfasis, sus recitativos fueron un modelo de conversación. En esta producción su presencia se hace sentir en todo momento y su voz, bella y muy bien articulada, mostró un sonido ideal, áspero y suave al mismo tiempo, cantando «Fin ch’an dal vino» con total dominio y desfachatez.

Roberto Tagliavini presentó una figura oportunista, semi-leal, cantando sus escenas con buena voz y fraseo. Daniel Behle fue un Don Ottavio serio, correcto, de voz suntuosa. Destacó Malyn Byström como una Donna Anna bella, impetuosa, sensual, y hasta quizás contradictoria; su voz dominó la escena en sus dos grandes arias, cantando con total facilidad los agudos y coloraturas. Aunque Myrtó Papatanasiu lució bella como Donna Elvira, la voz mostró aspectos de dureza, de apretar notas, y de falta de legato. La voz es buena, pero necesita pulirse en este rol tan difícil. En cambio Louise Alder fue una auténtica zorrita astuta como Zerlina, buscando las atenciones de Don Giovanni y cantando con gran escuela y expresividad. Por su parte, Leon Košavić fue un Masetto serio, de voz muy adecuada y Petros Magoulas presentó al Commendatore con voz mas bien baritonal pero llena de autoridad. Hartmut Haenchen dirigió con sentido de estilo una función a lo grande, con algún que otro sonido poco acertado en el ataque de las cuerdas, pero con tempi ágiles y buen fraseo. Debe hacerse notar que el concertante final fue acortado y cantado desde bambalinas, dejando solo a Don Giovanni en el escenario.