Londres: Las intrigas del zar

27 / 06 / 2019 - Eduardo BENARROCH - Tiempo de lectura: 4 minutos

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Bryn Terfel fue el protagonista de la nueva producción de 'Boris Godunov' que se estrenó en Londres © The Royal Opera / Clive BARDA-Arena Pal
Bryn Terfel fue el protagonista de la nueva producción de 'Boris Godunov' que se estrenó en Londres © The Royal Opera / Clive BARDA-Arena Pal
Bryn Terfel fue el protagonista de la nueva producción de 'Boris Godunov' que se estrenó en Londres © The Royal Opera / Clive BARDA-Arena Pal
Bryn Terfel fue el protagonista de la nueva producción de 'Boris Godunov' que se estrenó en Londres © The Royal Opera / Clive BARDA-Arena Pal

The Royal Opera House

Musorgsky: BORIS GODUNOV

Nueva producción. Nueva edición crítica de la partitura

Bryn Terfel, Jeremy White, Matthew Rose, David Butt Philip, John Tomlinson, Joshua Abrams. Dirección: Marc Albrecht. Dirección de escena: Richard Jones. 25 de junio de 2019.

La nueva edición de la partitura de Musorgsky a cargo de Michael Rot permitió que la acción sobre las tablas de la ROH transcurriera de forma fluida, sin interrupciones, en dos horas de intenso dramatismo que transformaron al espectador en testigo del drama.  Miriam Buether creó un decorado donde la acción se sitúa en dos niveles: el superior, en el que se toman las decisiones de poder y se ve una y otra vez el asesinato del niño Dmitri, y el inferior, en el que el público es testigo de las grandes ceremonias, el Consejo de los boyardos y el pueblo reunido.

El coliseo londinense presentó una obra descriptiva que narra la historia desde varios puntos de vista. La más impactante resultó ser la de Pimen, un viejo soldado que es ahora un religioso, una especie de Gurnemanz ruso, 13 años antes de Wagner.  El vestuario realizado por Nicky Gillibrand es colorido, espectacular, aplastante por el lujo y el uso del color dorado.  El coro toma un papel protagonista, sea como los nobles boyars o como el pueblo oprimido y obediente. Desde el comienzo se observa a un Boris lleno de dudas, de remordimientos, que se reflejan en el nivel superior, donde se repite el asesinato del niño. En este contexto sombrío se desarrollan intrigas que culminan en la muerte de Boris y el avance imparable del falso Dmitri.

Richard Jones propuso un final que dejó un interrogante sin respuesta: Jones dejó en el nivel superior a los boyardos, con Shuisky sosteniendo a Fyodor; en ese momento entra Grigory, es decir, el falso Dmitri, puñal en mano. Es una solución un poco haragana aunque efectiva desde el punto teatral, especialmente porque el final se sucede inmediatamente después, sin música, sin acción. Simplemente se apagan las luces y cae el telón.

Boris Godunov es una obra que ha tenido una brillante trayectoria en este teatro, y esta no fue excepción. Bryn Terfel fue un taciturno y vacilante Boris, no con una voz espectacular como antes, sino con total dominio dramático del rol. Terfel es ahora un hombre que se apodera de los roles desde dentro aportando una creación al nivel mas alto que conmovió por su intensidad. Matthew Rose fue Pimen, un hombre paciente pero lleno de poder interior, un guerrero religioso, devoto, y con una línea vocal llena de expresión, de bellísimo color, ofreciendo una lección de canto. David Butt Philip dibujó un Gregory joven e impresionable que llevaba sus fantasías al límite de lo creíble con voz firme y desafiante. John Tomlinson hacía de Varlaam, aquí un monje itinerante vocalmente exuberante que provocaba la simpatía del público: ¡qué artista!  Roger Honeywell como Shuisky fue un intrigante perfecto, fiel a Boris y a quien asumiera el poder, aunque un poco débil vocalmente.  El Coro de la Royal Opera cumplió en forma atronadora y la Orquesta, bajo la dirección de Marc Albrecht, destacó por sus contrastes sonoros, los acordes tenebrosos llenos de poder y por un sonido que acompañaba pero que también guiaba la acción.