Logradísima versión francesa de 'Giullaume Tell'

Milán

09 / 04 / 2024 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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rossini milan La producción de Chiara Muti de 'Guillaume Tell' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
rossini milan La producción de Chiara Muti de 'Guillaume Tell' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
rossini milan La producción de Chiara Muti de 'Guillaume Tell' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Rossini: GUILLAUME TELL

Nueva producción

Michele Pertusi, Dimitry Korchak, Salome Jicia, Catherine Trottmann, Géraldine Chauvet, Dave Monaco, Luca tittoto, Brayan Ávila Martinez, Paul Grant, Evgeny Stavinsky, Nahuel di Pierro. Dirección musical: Michele Mariotti. Dirección de escena: Chiara Muti. 6 de abril de 2024.

Tras las memorables funciones que en 1988 abrieron la temporada de La Scala, dirigidas por Riccardo Muti y Luca Ronconi, la obra maestra y último título de Rossini vuelve por fin en versión francesa como Guillaume Tell. La función de esta crónica fue la penúltima y, en opinión del mismísimo director de orquesta, Michele Mariotti, la más lograda, al menos desde el punto de vista musical. En efecto, y tras una vida pasada bajo el techo de la Sala del Piermarini desde 1972, no se tiene memoria de un triunfo tan apabullante para el director de orquesta. La Orquesta de La Scala no tiene rival en este repertorio, igual que el coro, que en este título tiene un relieve protagonista, dirigido magistralmente por Alberto Malazzi. No fue para menos: se presenció una lectura modélica por énfasis y delicadeza al mismo tiempo, por acompañamiento ideal a las voces, instigándolas a ofrecer el máximo rendimiento, una ilustración perfecta de los colores, de la naturaleza descrita casi con onomatopeya por el Cisne de Pésaro…

Lástima la puesta en escena confiada a Chiara Muti, un montaje que se vislumbra –en una total y perenne oscuridad, con luces de Vincent Longuemare– monumental y por supuesto muy caro como máquina escénica, en el cual las citas son evidentes a la cinematografía expresionista de Lang, con Metropolis, pasando al Bergman de El séptimo sello o incluso Star Wars. Lo que ha faltado por completo, haciendo caso omiso a la música, ha sido la ambientación: no está la Suiza de la época, sino los elementos de la naturaleza.

"Estupendo el reparto, encabezado por Michele Pertusi, bajo-barítono de noble línea de canto, cuidadoso en la expresividad de la palabra cantada y con una voz todavía poderosa"

Estupendo el reparto, encabezado por Michele Pertusi, bajo-barítono de noble línea de canto, cuidadoso en la expresividad de la palabra cantada y con una voz todavía poderosa a sus próximos 40 años de carrera, ideal para hacer frente a este monumental rol. Su momento mágico fue el aria con un acompañamiento admirable del violonchelo. Dimitry Korchak delineó un Arnold valiente, espectacular en los agudos y sobreagudos lanzados con eficaz potencia, pero sobre todo apreciable estilísticamente por el uso de delicadas medias voces, del exquisito sonido mixto tan propio de este repertorio; tras el aria “Asile héréditaire” se detuvo la acción por el prolongado aplauso. En el papel de Mathilde se distinguió con elegancia, musicalidad y buen canto la soprano georgiana Salome Jicia, admirable en su aria de entrada en el segundo acto. Todo el reparto rayó la perfección: el Jemmy de la soprano francesa Catherine Trottmann, a quien se sacrificó el aria (pequeño recorte en una lectura prácticamente integral) pero cuya intervención es determinante en la mayoría de los concertantes. Muy bien la Hedwige interpretada por la mezzo, también francesa, Géraldine Chauvet, cuya parte adquiere mayor importancia en el terceto del último acto.

Excelente el pescador Ruodi de Dave Monaco en su superaguda aria que abre la ópera; el pérfido Gesler del bajo Luca Tittoto; el Melcthal del bajo ruso Evgeny Stavinsky, crucificado como Cristo; el bajo argentino Nahuel Di Pierro, Walter Furst; el tenor mexicano Brayan Ávila Martínez, Rodolphe; y el tenor de Edimburgo Paul Grant, Leuthold. Todos muy aplaudidos por parte de un público que, pese a las más de cuatro horas de música y a los interminables tres entreactos de 30 minutos cada uno, no se cansó de aplaudir, eso sí, después de haber abucheado el ballet del tercer acto.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL