Logendio y Viribay en el corazón lorquiano

Granada

05 / 07 / 2024 - Alejandro FERNÁNDEZ - Tiempo de lectura: 3 min

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lorca granada Raquel Lojendio y el pianista Aurelio Viribay © Festival de Granada / Fermín RODRÍGUEZ

Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Recital de RAQUEL LOJENDIO

Obras de María Teresa Prieto, Francis Poulenc, Antón García Abril, Borja Mariño, Federico García Lorca y otros. Aurelio Viribay, piano. Auditorio Fundación Federico García Lorca, 4 de julio de 2024.

El universo musical de Federico García Lorca brilló con luz propia dentro de la extensa agenda del Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Y lo hacía de la mano de dos grandes intérpretes de la escena nacional: la soprano tinerfeña Raquel Lojendio acompañada al piano de la personalidad de Aurelio Viribay. En programa estuvo definido por reflejos del flamenco, el canto popular o los vasos comunicantes entre artistas que definían la personalidad artística, literaria y musical de uno de los pilares de la Generación del Veintisiete. En total, una selección de siete ciclos de canciones a modo de retrospectiva para redimensionar la influencia de la poesía del poeta granadino en otros compositores.

El recital se iniciaba con dos canciones de María Teresa Prieto, escritas entre el final de la Guerra Civil y el inicio del exilio mexicano, en las que Lojendio brilló por el protagonismo que la compositora otorga a la fuerza plástica de la palabra. Contrastaron con las Trois chansons de Federico García de Francis Poulenc, dominadas por la emoción y que la soprano tinerfeña hizo suyas en una explosión de mimo en los acentos sobre un fraseo que latía en paralelo al teclado de Viribay. La feliz unión artística para este recital entre Lojendio y Viribay giró sobre la base de dos esferas en constante relación y diálogo, como mostraron también en las Tres canciones españolas de Antón García Abril, en las que el piano y la voz mantienen un constante diálogo.

"La feliz unión artística para este recital entre Lojendio y Viribay giró sobre la base de dos esferas en constante relación y diálogo"

El piano de Viribay destila una sonoridad pulida, llena de cromatismos, intensificada por la amplia selección de sonoridades de los autores seleccionados, que tuvieron como resultado un juego de espejos único sobre la base de una técnica pulida de vocación íntima. Y es que Viribay tenía en las emociones la excusa ideal para este proyecto alejado del hiriente tópico andaluz y conectado con el universo lorquiano. En este sentido se sitúa Vaqueros en Nueva York, cuatro canciones estrenadas en este recital lorquiano escritas por el compositor y pianista Borja Mariño, con las que continúa su interés por la canción española. Destacaron las sonoridades marinas que adornan La balada del agua del mar, uno de los momentos más redondos del recital. No podía faltar la atención hacia Miguel Ortega y su interés por Lorca, que se distingue por un piano plagado de sutiles sonoridades.

Cerraba el recital una selección de Canciones españolas antiguas recopiladas y armonizadas por el propio Federico García Lorca (quien también escribió diversas piezas e incluso música teatral), con la que ambos intérpretes dieron el punto y final a un programa íntimamente español desde sólidos presupuestos técnicos y especialmente musicales que claman su registro fonográfico.  * Alejandro FERNÁNDEZ, corresponsal en Granada de ÓPERA ACTUAL