CRÍTICAS
NACIONAL
Literes se hace flamenco en Castellón
Peñíscola
Festival Internacional de Música Antigua y Barroca
Literes: LOS ELEMENTOS
Aurora Peña, Violeta Alarcón, Marta Valero, Helena Ressurreição, Jorge Morata. Ensemble Contratemps. Dirección de escena: Adrián Schvarzstein. 29 de julio de 2026.
Amaneció en una tasca. Sobre una pizarra a tiza, el “Bar Los Elementos” destapó su rótulo ―“Abierto / Open”― y cuatro flamencas aguardaron entre botellas y carteles taurinos la salida del sol. Con ese gesto, Adrián Schvarzstein trasladó a una taberna española de los años cincuenta la ópera armónica que Antonio Literes concibió tres siglos atrás: los cuatro Elementos esperan a la Aurora en la oscuridad y el Tiempo anuncia el día nuevo. El Festival Internacional de Música Antigua y Barroca de Peñíscola alcanzó su trigésima primera edición sin síntomas de fatiga. Nacido al amparo de la Generalitat Valenciana, a través del Institut Valencià de Cultura, con apoyo de la Diputación de Castellón y del Ayuntamiento local, el certamen se afianzó entre las citas europeas del repertorio anterior a 1800 y ratificó algo que conviene repetir: la ópera respira también lejos de los grandes teatros y de las capitales.
El Ensemble Contratemps sostuvo la velada desde el escenario, sin batuta, con la vitalidad rítmica que distingue a Literes: cambios de compás, hemiolias y síncopas que anotó con notas ennegrecidas. Entre número y número, el conjunto engarzó un rosario de danzas ibéricas que anticiparon el flamenco venidero. Y ahí residió el mayor acierto de la propuesta. El injerto flamenco no chirrió como capricho anacrónico, sino que reveló un linaje. La jácara, hija del mundo del jaque y del pícaro, comparte con el cante hondo el sustrato rítmico y la cadencia andaluza, y la tonada barroca nutrió, siglos después, el ADN del flamenco. Literes, que fundió las arias da capo italianas con la raíz escénica española, ofreció el terreno idóneo para que el compás de la bata de cola dialogara con la viola da gamba sin impostura. La velada se sumó así a la fértil divulgación del patrimonio lírico español.
La puesta en escena y el vestuario de Le Tendre Amour recrearon una tasca de posguerra: paredes azules empapeladas de carteles taurinos y anaqueles con botellas y trofeos. Una pizarra rezó un “Menú del día” donde cada Elemento se volvió tapa ―“Fuego con chorizo”, “Agua de arroz”―, guiño que cifró el tono de la noche. Los trajes de flamenca de los años cincuenta vistieron a las cuatro voces, mientras Esmeralda Manzanas y Miguel Lara, sobre coreografía de Carolina Pozuelo, hicieron volar el mantón de Manila. Schvarzstein, camarero atareado y factótum cómico, hilvanó el chiste continuo: un Tiempo tenoril (Jorge Morata) que cortejó sin fortuna a las damas y un público que subió a la barra a brindar. El humor nunca desalojó a la música.
En lo vocal, importa lo esencial: cuatro voces femeninas (Aurora Peña, Marta Valero, Violeta Alarcón y Helena Ressurreiçao) se repartieron los Elementos con emisión homogénea y trenzaron sin fisuras el extraordinario trío en canon y los concertantes. El resultado desbordó el mero divertimento. Peñíscola recordó que el Barroco español guarda una veta popular tan viva como la del tablao, y que basta un bar de tramoya para que la ópera anterior a 1800 hable al público de hoy. Cuando el Tiempo dio al fin con su Aurora y el cante celebró la luz del día nuevo, el “Bar Los Elementos” siguió abierto ―“Abierto / Open”―, dispuesto a servir otra ronda. * Jerahy GARCÍA, corresponsal en Valencia de ÓPERA ACTUAL
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