Lise Davidsen, escalofriante encarnación carnal de Salome

París

17 / 05 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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strauss paris Lise Davidsen en su debut como Salome en París © ONP / Charles DUPRAT
strauss paris Lise Davidsen en su debut como Salome en París © ONP / Charles DUPRAT
strauss paris Lise Davidsen en su debut como Salome en París © ONP / Charles DUPRAT

Opéra national de Paris

Strauss: SALOME

Gerhard Siegel, Ekaterina Gubanova, Lise Davidsen, Johan Reuter, Pavol Breslik, Luke Stoker, Yiorgo Ioanno y otros. Dirección musical: Mark Wigglesworth. Dirección de escena: Lydia Steier. Opéra Bastille, 15 de mayo de 2024.

La puesta en escena de Lydia Steier de Salome fue estrenada en la Opéra de Paris en octubre 2022 (ver crítica en este enlace). No hace falta añadir nada más sobre la impresionante escenografía de Momme Hinrichs, ilustración de la búsqueda de belleza en la fealdad: un espacio triste y desamparado, gris y frío, dividido en dos niveles sin contar la fosa del Bautista, trazado con solo líneas rectas, trabajado hasta el más mínimo detalle. En suma, un lugar muy propicio a la sórdida secuencia de acciones que van a ocurrir. Excelente el trabajo dramático, complejo, de cada uno de los actores, principales y secundarios. La voluntad de la regista era presentar el personaje principal sin ninguna atracción física, de presencia voluntariamente banal el aquel ambiente de juerga, y del todo antitética con la mayoría de las encarnaciones de Salomé. La escena final, interesantísima, culminó en un chiste sin gracia: los soldados matan a Herodes en lugar de ejecutar sus órdenes.

"Su voz a la vez contundente y refinada, de timbre claro que se adivinaba elegante, llenó por completo la inmensa sala Bastille"

Lise Davidsen (ver entrevista en este enlace) encarnó a la hija de Herodías por vez primera en el escenario; su voz a la vez contundente y refinada, de timbre claro que se adivinaba elegante, llenó por completo la inmensa sala Bastille y en los pasajes líricos mostró su gran escuela. Triunfó sin ninguna contestación posible y venció a Johan Reuter —Jochanaan— en el diálogo largo y tendido con el insigne prisionero, que más pareció interesarse por la buena dicción de sus maldiciones que por el volumen de su voz. La soprano noruega propinó luego un monólogo final en el que alternaron momentos líricos en los que puso de relieve la pureza de su emisión, con otros más sonoros en los que la fuerza de su canto hizo temblar la escenografía; su actuación dramática, por llana, directa y exenta de toda imposición moral y social, creó momentos de tensión y hasta de malestar y la danza final se convirtió en una relación sexual explícita de gran brutalidad con su padrastro, de la que ella no salió indemne.

Por fortuna para la pareja reinante Gerhard Siegel —Herodes— y Ekaterina Gubanova —Herodias— , solo se las tuvo directamente con Salome en contadas ocasiones y pudieron desplegar las primeras escenas de su actuación y sobre todo de su canto —afinado siempre, pero también ácido, duro, difícil de escuchar por momentos— con relativa tranquilidad. Ambos hicieron honor al compositor peleándose contra la orquesta con tesón y profusión de decibelios. En un raro momento de tranquilidad orquestal, Luke Stoker y Yiorgo Ioanno —los nazarenos— pudieron, anunciar con elegancia las bienandanzas del Salvador por tierras palestinas. De Narraboth —Pavol Breslik— se dirá que a causa de su escaso volumen no se le oyó y que escondido en su uniforme militar ni se le vio.

Por cuanto viene dicho se comprende que Mark Wigglesworth lanzó la orquesta de la casa por derroteros de gran sonoridad (la sala lo permitía) que, amén de cumplir con los deseos del compositor, valorizaron todavía más el trabajo de la soprano en particular, pero también de los comprimarios para el mayor regocijo de los presentes.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL