Lise Davidsen en la intimidad

Madrid

13 / 10 / 2023 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
davidsen lied Lise Davidsen y James Baillieu en el Teatro de La Zarzuela © CNDM / Rafa MARTÍN
davidsen lied Lise Davidsen y James Baillieu en el Teatro de La Zarzuela © CNDM / Rafa MARTÍN

Centro Nacional de Difusión Musical

Recital de LISE DAVIDSEN

XXX Ciclo de 'Lied'

Obras de Edvard Grieg, Alban Berg, Franz Schubert y Jean Sibelius. James Baillieu, piano. Teatro de La Zarzuela, 9 de octubre de 2023.

Para su primer recital en el Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela, Lise Davidsen y James Baillieu escogieron un programa variado, en el que, sin embargo, predominaba el tono intimista, el propio de la canción, más que la extroversión teatral y operística, aunque esta no dejó de aparecer en algunos momentos. Curiosamente, fue en las seis canciones de Schubert donde esta expresividad irrumpió con fuerza: tras una no demasiado inspirada An die Musik (A la música), que pareció corroborar la falsa idea de que Schubert es demasiado íntimo para una voz como la suya, Davidsen abordó con extraordinario dramatismo tres de las grandes canciones del compositor: la desmelenada, gótica y muy divertida Die Junge Nonne (La joven monja), Gretchen am Spinnrade (Margarita en la rueca), que convirtió en una gran aria dramática digna de Berlioz, y Erlkönig (El rey de los alisos), uno de los más aterradores Lieder de su autor, con el que compuso una escena trágica con la fabulosa precisión de los ataques, los prodigiosos cambios de color para cada uno de los tres personajes (el Padre, el Niño y la Muerte) y un juego de dinámicas explosivo.

"Davidsen exhibe aquí toda su delicadeza: desolada y morbosa en la evocación de la madre muerta dentro de su ataúd e ingenua en un diálogo con un caracol, de un registro humorístico que el público madrileño, bien educado, se esforzó aplicadamente por entender"

Fueron los momentos más abiertamente expresivos que contentaron —no del todo, hay que decirlo— a quien habría querido algo más de consistencia, como que apareciera “Dich, Teure Halle”, convertida por la soprano en marca de la casa. Claro que si con Schubert la envergadura de una voz como la suya estuvo a punto de saturar un espacio recoleto como el de La Zarzuela, no se sabe lo que habría ocurrido con las oceánicas oleadas wagnerianas, que tan bien le van a un instrumento excepcional como el suyo. El recital había empezado con una selección de las canciones más o menos populares de Grieg, que ya hubo ocasión de escucharle en el Teatro Real. Davidsen exhibe aquí toda su delicadeza: desolada y morbosa en la evocación de la madre muerta dentro de su ataúd (Ved Moders Grav – En la tumba de mi madre) e ingenua en un diálogo con un caracol (Snegl, Snegl!¡Caracol, caracol!), de un registro humorístico que el público madrileño, bien educado, se esforzó aplicadamente por entender. Vinieron luego unas tempranas canciones de Berg. Muy lejos aún de los abismos posteriores, se despliega aquí un lirismo evocador, no exento de melancolía, pero capaz de celebrar el amor y la belleza del mundo: un mundo ideal para que Davidsen sacara a relucir un buen legato, la belleza de los pianísimos y la dulzura expresiva.

El bloque final, con seis canciones de Sibelius, retomó el registro nórdico, aunque con más garra dramática. Así se desplegaron los graves rotundos, sin fallos, extraordinariamente pulidos, de esta voz auténtica de soprano dramática. Acompañó al piano, con una delicadeza fuera de serie, y perfectamente bien acordado a la protagonista, el joven maestro James Baillieu, de frac y calcetines de colores. En algunos de los intermedios, Lise Davidsen intentó ganarse al público con unos comentarios, no demasiado originales, dichos con micrófono.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL