Lirismo gitano en La Zarzuela

Madrid

08 / 10 / 2020 - Isabel IMAZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Nancy Fabiola Herrera triunfó con una potentísima María de 'La Tempranica' © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
El bajo Rubén Amoretti al lado de la protagonista, Nancy Fabiola Herrera © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Magnífica Ainhoa Arteta en 'La vida breve', acompañada de Amoretti y María Luisa Corbacho © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Arteta con Jorge de León, quien abordó un excelente Paco © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

GRANADA. Giménez: LA TEMPRANICA / Falla: LA VIDA BREVE

Inauguración de Temporada

Nancy Fabiola Herrera, Ruth González, Rubén Amoretti, Gustavo Peña, Gerardo Bullón, Ricardo Muñiz, María Luisa Corbacho. Ainhoa Arteta / Virginia Tola, Jorgé de León / Francesco Pio Galasso, María Luisa Corbacho, Rubén Amoretti, Anna Gomà, Jesús Méndez, Gustavo Peña. Dirección de escena: Giancarlo Del Monaco. Dirección: Miguel Ángel Gómez-Martínez. 1, 2 y 15 de octubre.

 

Tras una etapa de silencio, butacas vacías, espera y mucho trabajo, el Teatro de La Zarzuela volvió a subir el telón volcando su emoción en los nuevos inicios. Bajo el epígrafe de Granada, dos títulos, inicialmente programados en conjunto, se alternaron en días consecutivos con un denominador común, el dramatismo de dos mujeres abandonadas en la Granada gitana. ¿Una casualidad intencionada? La Tempranica y La vida breve confluyen en el drama y aportan una visión musical relevante. Giménez y Falla, compositores fundamentales del acervo musical español, exponen en ambos títulos líricos del siglo XX, la pasión, el lirismo, la atmósfera bailaora y popular, el folclore y flamenco combinado con aires musicales de la escena europea.

A pesar de la riqueza de ambas obras, la dirección musical de Miguel Ángel Gómez-Martínez se resintió debido a la reducción de músicos en el foso a causa de los protocolos sanitarios. Las partituras, adaptadas de forma óptima y quasi camerística por Miquel Ortega y el propio Gómez-Martínez, sonaron con falta de empaste y tensión, así como desdibujadas. A pesar de ello, la especial simbiosis creada entre orquesta y escena fue un punto esencial para obtener un resultado eficaz, siendo protagónica la partitura de Giménez. A nivel escénico, el regista italiano Giancarlo Del Monaco reflejó ambas historias que ahondan en una problemática cultural y social a través de un ambiente realista y sórdido dominado por la oscuridad y el rojo sobre un escenario semidesnudo. En La Tempranica, Del Monaco busca el nexo de unión de los dos compositores (Giménez y Falla) a través de un diálogo de nueva creación, de la pluma de Alberto Conejero, interpretado por dos grandes actores como son Jesús Castejón y Carlos Hipólito.

"María es quien mantiene el pulso de la obra: Nancy Fabiola Herrera. Su poderosa interpretación fue lo más formidable y estimulante de toda la representación bordando canora y escénicamente su personaje"

Esta concepción escénica desadereza la obra sin atender el drama puntualizado solo por la música de Giménez, enmarcada por una escenografía y atmósfera que se derrumba en el doble sentido de la palabra y remonta en la creación de un ambiente goyesco surgido quizás de la imaginación de su protagonista María. Ella es quien sin lugar a dudas mantiene todo el pulso de la obra: Nancy Fabiola Herrera. Su poderosa interpretación fue lo más formidable y estimulante de toda la representación bordando canora y escénicamente su personaje. Rubén Amoretti, a pesar de su buen talante escénico no deslumbró en lo vocal y Ruth González dibujó a un correcto Grabié. Muy bien las breves intervenciones de Gerardo Bullón y Gustavo Peña.

Adquiría más relevancia la atmósfera de La vida breve mediante una escenografía de paneles en movimiento de texturas rugosas y rojizas que van ahogando el espacio, una iluminación acorde, una natural y sólida coreografía y un movimiento escénico en consonancia. La soprano Ainhoa Arteta abordó el personaje de Salud con una clara voluntad de entrega escénica, pasión y desgarro en el gesto redondeándolo con una impetuosa expresividad canora. Jorge de León fraguó el rol de Paco con gran presencia escénica y línea de canto enaltecida. En este título Rubén Amoretti supo dar los matices adecuados al personaje, tanto en lo escénico como en lo vocal, de Tío Salvaor, y María Luisa Corbacho bordó el personaje de La abuela. Cabe destacar el talento del cantaor Jesús Méndez en ambas obras. El resto del elenco funcionó con bastante instinto escénico y muy entonados a nivel vocal. El coro, como es habitual, demostró empaste y precisión. El telón bajó y volverá a subir con el ímpetu y la emoción de los nuevos inicios.

Segunda Salud verista

En estas funciones del Teatro de La Zarzuela, el segundo reparto de La vida breve contó con la excelente soprano argentina Virginia Tola en el papel de Salud, absolutamente protagonista y complicado por la diversidad de matices. La soprano exhibió una voz rotunda y bien colocada, de alto calibre y con amplios medios expresivos, sin problema ninguno para dominar una orquesta reducida por las circunstancias. Fue una Salud verista, e incluso desgarrada, más que lírica, aunque no faltaron detalles de gran clase en algunos pianísimos. La opción, legítima, corre el riesgo de que la voz se descontrole y se abra cuando alcanza el máximo volumen, algo que ocurrió de vez en cuando. No ayudó a Tola tener que pasarse buena parte de la función arrastrándose por el suelo del escenario, ni dedicar todo el dúo de amor a hacer obscenidades delante del que ella cree su novio, que parecía esforzarse, mientras tanto, en poner cara de circunstancias, según las directrices del director de escena. Esperando que el espíritu de don Manuel, tan púdico, con un sentido tan exigente del decoro ande distraído con otros asuntos (había algún niño por el patio de butacas, y más debía haber en un teatro nacional). El tenor Francesco Pio Galasso encarnó a Paco, un personaje sin gran relevancia  vocal, pero cantado, según quiere la tradición, por primeras figuras. Estuvo muy bien, seguro, con aplomo, gracias a una voz sólida y amplia. Tampoco aportó demasiados matices al condenarle la puesta en escena a encarnar un señorito íntegramente cínico y aprovechado, salvo el patetismo desconcertado del final, bien expresado.  * José María MARCO