Lección de canto Liederístico

Madrid

16 / 10 / 2020 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 2 min

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Anna Lucia Richter en el Teatro de La Zarzuela dentro del ciclo de 'Lied' © CNDM / Rafa MARTÍN
Ricther, magníficamente acompañada por Ammiel Bushakevitz © CNDM / Rafa MARTÍN
La soprano alemana, ovacionada por el público © CNDM / Rafa MARTÍN

Teatro de La Zarzuela

Recital de ANNA LUCIA RICHTER

XXVII Ciclo de 'Lied'

Obras de Gustav Mahler, Hugo Wolf y Franz Schubert. Ammiel Bushakevitz, piano. XXVII Ciclo de Lied del CNDM. 13 de octubre de 2020.

La segunda sesión del XXVII Ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela vino protagonizada por la joven Anna Lucia Richter, muy esperada después de varias cancelaciones y excelente conocedora del repertorio liederístico, con incursiones consistentes en el barroco y el clásico. A diferencia de lo que ocurre a veces hoy en día, esta inclinación no viene determinada por un instrumento pálido y pequeño. Muy al contrario.

"Richter fue de la relativa sencillez de las canciones de 'El cuerno mágico del muchacho' a la complejidad expresiva, conceptual y emocional de algunos 'Lieder' de Schubert"

Richter, además de ofrecer una presencia escénica sorprendente, variada y sumamente elegante, tiene un instrumento de amplio registro, muy hermosa en los graves y sin problemas para la tesitura aguda, aterciopelada, de perfecta articulación. Son los medios necesarios para cantar, sin forzar en lo más mínimo la expresividad, algunas canciones fáciles solo en apariencia. Al revés de lo esperable, el recital empezó con Mahler para llegar a Schubert, con parada en Wolf. El sentido de la selección quedó aclarada a medida que transcurría el recital. Richter fue de la relativa sencillez de las canciones de El cuerno mágico del muchacho a la complejidad expresiva, conceptual y emocional de algunos Lieder de Schubert. Hugo Wolf servía de transición con su extraordinaria variedad expresiva. Resultó fascinante ver cómo Richter pasaba de las florituras casi operísticas de algunas de las canciones de Mahler (espléndido el «Urlicht») a la concentración y la finura de algunos de los de Wolf, hasta la libertad con la que Schubert se emancipa, antes que nadie, de cualquier sujeción estrófica en «Gretchen am Spinnrade»Margarita en la rueca») y luego en «Der Wanderer an der Mond»El caminante a la luna»).

Además de la belleza y la inteligencia en el uso de la voz, el recital resultó un modelo cómo el Lied explora un mundo propio, entre la exterioridad teatral y el rigor en la lectura y la articulación del texto: es ahí, sin abandonar del todo ninguno de los dos extremos, donde está la poesía que Richter expuso con tanta belleza. Una propina de Wolf y otra de Schubert cerraron una actuación memorable y muy justamente aplaudida. Acompañó, con delicadez y atención, el pianista Ammiel Bushakevitz.