Las tres reinas de Donizetti, por Radvanovsky

Madrid

08 / 01 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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tudor sondra Sondra Radvanovsky como María Stuarda © Teatro Real / Javier DEL REAL
tudor sondra Sondra Radvanovsky como Elisabetta de 'Roberto Devereux' © Teatro Real / Javier DEL REAL
tudor sondra Sondra Radvanovsky como Anna Bolena © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Donizetti: Las reinas Tudor

Concierto escenificado

Sondra Radvanovsky, Gemma Coma-Alabert, Fabián Lara, Carles Pachón. Dirección musical: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Rafael V. Villalobos. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. 6 de enero de 2024.

Tras su paso por Chicago y Barcelona (ver crítica en este enlace), llegó al Teatro Real de Madrid esta propuesta de Riccardo Frizza. Consiste en representar, en una sola velada y en forma de concierto escenificado, las oberturas y las últimas escenas de las óperas que Donizetti dedicó a las tres reinas Tudor: dos de ellas a punto de morir ejecutadas y otra que no logra detener la ejecución de su amante, las tres en situación de expresar con total libertad sus emociones desbocadas. Un auténtico reto para la intérprete, que debe meterse en la piel de tres personajes muy distintos, con exigencias escénicas específicas y una vocalidad belcantista, como no podía ser menos, pero bien diferenciada en cada caso. Pocas intérpretes tan adecuadas para este cometido como la soprano norteamericana Sondra Radvanovsky, que lo viene protagonizando desde que Frizza se lo propuso.

"La velada anglo-italiana arrancó con una versión memorable de la más difícil de las tres escenas, la de 'Anna Bolena', que requiere un 'legato' excepcional, graves consistentes y subidas al agudo peligrosas"

La velada anglo-italiana arrancó con una versión memorable de la más difícil de las tres escenas, la de Anna Bolena, que requiere un legato excepcional, graves consistentes y subidas al agudo peligrosas, de las que desembocan con facilidad en sonidos abiertos y destemplados. Todo lo evitó Radvanovsky con una gran elegancia, una línea de canto muy hermosa, convenientemente melancólica y con una afinación sin desmayos en los pasajes filados. Para María Stuarda, se adaptó al tono introspectivo de un personaje que se lanza, en el último instante de su vida, a cantar una gran plegaria en crescendo que le llevará a uno de los agudos más prolongados y difíciles del repertorio, acompañado por un coro que la cantante y el director deben controlar con gran cuidado. A pesar de que Frizza no lo consiguió del todo, se logró el impresionante efecto buscado por el compositor. Con Roberto Devereux se entra en un mundo muy distinto, el muy melodramático de la mujer poderosa, la reina Isabel I, pero desgraciada por la falta de amor: de hecho —lo que no deja de tener gracia—, su amante acaba de ser decapitado por orden suya. Aquí Radvanovksy no duda en sobreactuar ni escatima los efectos, sin miedo a la exageración histérica de un personaje al que Donizetti exige un virtuosismo vocal casi sin límites, como en una más de sus grandes escenas de locura.

A la exhibición vocal se suma la dramática, con la que la gran soprano parece disfrutar —con razón— y la escénica. Rafael R. Villalobos es el responsable de esta última, que resume cada escena con un color dominante, en un escenario predominantemente oscuro, con el efecto concentrado siempre en la protagonista. Contribuye al espectáculo la variedad del vestuario, algo kitsch en el caso de la pobre María Estuarda, ataviada con tacones y un sorprendente vestido de fiesta, y ciertamente galáctico, como un insecto gigante, en el traje de la reina Isabel, que al final se quita los manguitos en vez de la peluca.

Excelente el Coro Titular, con intervenciones muy notables de la parte femenina, y muy bien la Orquesta, aunque la dirección de Frizza, solvente en general, no siempre logró la necesaria delicadeza. Excelentes intervenciones las de la mezzo Gemma Coma-Alabert, el tenor Fabián Lara y el barítono Carles Pachón en las tres escenas. Afrontado y superado el reto, la soprano recibió la larga ovación de un público rendido.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL