Larga vida a la regina Devia

A Coruña

21 / 09 / 2020 - José Luis JIMÉNEZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Una imagen de una de les recientes actuaciones de Mariella Devia en A Coruña © Teatro Colón

Amigos de la Ópera de A Coruña

Recital MARIELLA DEVIA

Obras de F. Chopin, F. Liszt, G. Verdi, G. Donizetti, R. Schumann, V. Bellini y G. Puccini. Giulio Zappa, piano. Teatro Colón, 18 de septiembre de 2020.

Los Amigos de la Ópera consiguieron al fin desconfinar los espectáculos de su programación lírica. No sin esfuerzo, hicieron entender a las autoridades que los problemas no surgen en entornos perfectamente controlados en aforo, separación y seguridad, ni siquiera en recintos cerrados. Fue modélico el acceso al Teatro Colón del público que pudo completar el 50 por cien de la asistencia máxima, tanto por orden como por respeto a las normas aplicadas por la organización. Ojalá lo vivido en las funciones iniciales del ciclo lírico queden como un mal recuerdo.

De ello se encargó en buena medida Mariella Devia. De la última gran dama italiana del bel canto está casi todo dicho, pero basta escuchar la frescura del timbre, su squillo, la nitidez de las notas y la pluscuamperfecta afinación de la soprano para creer que su fecha de nacimiento debe estar equivocada. Es verdad, por una cuestión de pura biología, que en determinados instantes las agilidades no se deslizan con la velocidad de antaño, como en la cabaletta de la Maria Stuarda «Nella pace del mesto riposo«. Pero todo lo demás, desde trinos a escalas, está en su sitio, con el gusto y el academicismo que han marcado los casi 50 años de carrera de la señora. Y los que parecen quedarle, aunque sea ya siempre en recital.

"Hay una precisión absoluta en la emisión, que empieza con un inteligente manejo de la respiración y sigue por una contención en la expresividad que lleva a la intérprete en no dejar nunca nada al azar"

La clave es sencilla. El dominio técnico sigue siendo insultante. Hay una precisión absoluta en la emisión, que empieza con un inteligente manejo de la respiración y sigue por una contención en la expresividad que lleva a la intérprete en no dejar nunca nada al azar. La voz fue calentando con los «Sonetti del Petrarca» de Liszt, que empezaron con un sentido recogimiento para irse abriendo en la tercera de las piezas, «I’ vidi in terra«. Pero fue en Verdi donde la señora empezó a impartir una emocionante lección. Su «Sempre all’alba ed alla sera«, quizás con una leve pátina belcantista, fue delicioso por lo acariciador de su comienzo y lo aguerrido de ese «D’una spada e d’un cimier» con que culmina. Hermosísima fermata. Con todo, y minúsculos matices aparte, el gozo absoluto fue toda la cavatina de la Stuarda «Oh nube, che lieve» y la ya mencionada cabaletta con sus correspondientes variaciones. La reina donizettiana ha sido uno de sus grandes papeles y demostró su maestría en él, siempre con el acento justo.

Tras un escueto receso (más para descanso de la soprano que para el público, que tuvo que permanecer en sus butacas por las medidas de seguridad contra la pandemia), volvió a Verdi y la escena «O madre, dal cielo… Se vano è il pregare» de I Masnadieri. La veteranía exhibida en la cabaletta «Carlo vive», sabiendo adaptar una partitura a su contexto vocal fue impagable, sin recurrir en ningún momento a artificios o vicios que pudieran ser disculpables a una artista de tan legendaria trayectoria. Una lección de maestría, y por si fuera poco, de nuevo con variaciones. Cerró el programa oficial con otra cavatina, «Né sulla terra… Vola talor del carcere» de la Gulnara de Il Corsaro, exhibiéndose en la coloratura de ese «e strugge il cor».

Con el público entregado, la Devia regaló dos propinas, la «Casta Diva» de Norma, un papel que debutó a los 65 pero de cuya aria principal ya no se despega. Al escucharlo se entiende. Las largas frases bellinianas sirven a la veterana soprano para recostar las notas en la media voz y el piano. Una delicia justamente braveada, al igual que «Tu che di gel sei cinta«, Turandot, con una emoción contenida sobrecogedora. El Teatro Colón acabó la función de pie, y la señora, al fin, se permitió esbozar una sonrisa sin corsé.

A su lado, justo es mencionar la buena labor de Giulio Zappa, que hace algo más que acompañar a la intérprete. La arropa cuando tiene que amoldar en alguna ocasión los tempi para hacerlos más livianos. Sus páginas solistas, dos mazurcas de Chopin y la Arabeske de Schumann destilaron vibrante intensidad. Devia permanecerá unos días en La Coruña para dirigir una nueva edición del Curso de Perfeccionamiento Vocal que creó en su día el recordado maestro Alberto Zedda.