La zarzuela volvió al escenario

Madrid

29 / 06 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Los protagonistas de la función saludando ante el teatro vacío © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
La actriz Marisa Paredes, maestra de ceremonias del espectáculo © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Ainhoa Arteta brilló interpretando fragmentos del repertorio de zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Concierto AIRES DE ZARZUELA

Concierto en 'streaming'

Ainhoa Arteta, Marisa Paredes, Rosa Torres-Pardo, Cecila Bercovich, Francisco Velasco. Ramón Grau, piano. Dirección: Lluís Pascual. 20 de junio de 2020.

Desde el Teatro de La Zarzuela de Madrid, y dentro de la variada programación en streaming escogida por el Inaem para celebrar el Día Europeo de la Música, se incluyó la emisión de Aires de Zarzuela, un espectáculo escrito y dirigido por Lluís Pascual que intentaba guiños en muchas direcciones uniendo canto, música y danza, por un lado, y aprovechando la riqueza lingüística por el otro, con fragmentos en catalán, euskera y castellano. Todo ello con la actriz Marisa Paredes en funciones de maestra de ceremonias y usando como verbo los versos de Lorca o las adaptaciones del propio Pascual.

En el apartado vocal se comenzaba con una reivindicación del encuentro y la nostalgia de lo perdido, el Cant dels ocells que popularizara Pau Casals hace muchos años y al que consiguió hacer trascender más allá de su sentido original. El exilio moral, la pérdida y el derecho inalienable de compartir realidad con tus seres queridos son su significado hoy día. No podía arrancar el concierto con un mensaje más pertinente, aunque en su versión para canto, aquí a cargo de la soprano Ainhoa Arteta junto al piano de Ramón Grau, parte de esta reconocible emotividad y sencillez melódica se pierde. Es música donde poco es mucho. Dudosa, cuando menos, la decisión de introducir aplausos enlatados tras cada intervención porque la sensación de extrañeza de este nuevo formato, lejos de reducirse, se incrementa…

"Se echó en falta lo inevitable: a pesar del excelente trabajo pianístico, lejos queda la potencia instrumental de uno de los fragmentos más seductoramente orquestados de todo el repertorio"

Entre líneas de Yerma llegó una de las piezas más comunes del repertorio zarzuelístico, “¿Qué te importa que no venga?”, la romanza de Rosa en Los claveles de José Serrano. Arteta mostró buena dicción y un traslado interesante del lenguaje original (más dramático y teatral) a lo lírico. El resultado fue bueno, más allá de alguna pérdida de color en el registro grave. Se echó en falta lo inevitable: a pesar del excelente trabajo pianístico, lejos queda la potencia instrumental de uno de los fragmentos más seductoramente orquestados de todo el repertorio.

El momento álgido llegó con la bien conocida Mirentxu de Guridi (“Goizeko eguzki argiak”), cantada en el mismo escenario por Arteta hace apenas seis meses. La vocalidad y el lirismo, tan herederos del Dvořák operístico, encajan perfectamente con el tipo canoro de la soprano, y la lectura fue modélica y conmovedora. Menos suerte hubo con “El Café de Chinitas” que popularizaran Lorca y la Argentinita. No es pieza para voz lírica, sino para construcción fronteriza entre lo poético, la copla y lo flamenco. En ese ámbito, Arteta tenía más que perder que ganar. La última de las intervenciones fue “Sierras de Granada”, de La Trempranica de Giménez, en la misma línea que la romanza de Rosa, sobrada de potencia y algo lastrada por el impostado acento.

En definitiva, un meritorio intento de Lluís Pascual por presentar un espectáculo aglutinador y atractivo. Rezaba el eslogan de este día Volvemos a los escenarios. Ojalá se vuelva pronto a las butacas, no solo por el deleite estético propio de la música, sino también por su capacidad como relatora de conflictos y, más aún, de bálsamo. Y hay mucho que curar.