La Zarzuela se entrega a la magia de 'Dolores'

Madrid

30 / 01 / 2023 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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ladolores-operaactual-teatrodelazarzuela (2) Una escena de 'La Dolores' en el Teatro de La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL y Elena DEL REAL
ladolores-operaactual-teatrodelazarzuela (2) Una escena de 'La Dolores' en el Teatro de La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL y Elena DEL REAL
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Teatro de La Zarzuela

Bretón: LA DOLORES

Nueva producción

Saioa Hernández, Jorge de León, José Antonio López, Rubén Amoretti, Gerardo bullón, María Luisa Corbacho, Francisco Rivero, Ricardo Rubio, Juan Sousa y Juan Noval Moro. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Guillermo García Calvo. Dirección de escena: Amelia Ochandiano. 27 de enero de 2023.

La Dolores es (o debería ser) pura mercadotecnia. Bretón, uno de los compositores más autocríticos de su generación, intentó con esta obra poner coto a todos los elementos que habían hecho fracasar en ocasiones anteriores, eso tan intangible que era la construcción del drama lírico español. Por eso acorta la duración del drama, modera el uso del Leitmotiv para que no sea tan recurrente, recorre folclores y, lo más importante, crea una especie de verismo patrio, de canto honesto hispano que emocione a la par que se ciña a personajes de carne y hueso. O, dicho de otra forma, La Dolores lo tiene teóricamente todo para ser un bombazo. Por eso, para la ocasión, el Teatro de La Zarzuela ha tirado la casa por la ventana en cuanto al reparto, trayendo a una de las sopranos más en forma y cotizadas de todo el circuito, Saioa Hernández, y a una contraparte de también dilatada carrera internacional como el tenor Jorge de León.

La nueva producción de la obra corre al cargo de Amelia Ochandiano, que elabora los movimientos escénicos con algunos aciertos y otras decisiones no tan resolutivas. La acción se traslada de época, pero eso tiene poca importancia en este caso, porque la estética más bien feísta de la producción anula la importancia del momento concreto. Se juega con varias alturas, con lo sugerido más que con lo enseñado (como la escena de la Plaza de Toros) y con algunas licencias en forma de gigantes, cabezudos y bailarinas. Lo mejor estuvo en el hecho de que todo lo importante ocurría en el centro del escenario, los movimientos eran fluidos y lo esperpéntico tenía presencia pero en un espacio delimitado, sin acaparar protagonismo.

"Saioa Hernández (Dolores) demostró que las dificultades del papel —con exigencia de agudo, pero con peso de graves, con personalidad arrolladora, pero contradictoria—"

En cualquier caso, el mayor atractivo estaba en un reparto que resulta difícil ver hoy día si no es en una versión de concierto. Saioa Hernández (Dolores) demostró que las dificultades del papel —con exigencia de agudo, pero con peso de graves, con personalidad arrolladora, pero contradictoria— quedaban en nada dado el momento vocal en el que se encuentra la soprano: imponente en lo vocal y coherente en lo actoral, con el dramatismo sin quitamiedos al que la fuerza el libreto de José Feliú y Codina. Jorge de León (Lázaro) empezó con un despliegue vocal casi excesivo, que fue moldeando y arropando hasta entregar un tercer acto magnífico, cantado con agudos fáciles y fraseo emocionante. A gran nivel también José Antonio López como Melchor, que suma la mejor de las actuaciones en el plano actoral. Sin puntos débiles el resto del reparto ni el coro, que se mostró empastado y con una integración natural en la acción.

Tarea difícil tenía Guillermo García Calvo, porque si bien la obra es impecable a nivel constructivo, la inspiración es más irregular. García Calvo se esforzó durante toda la representación en igualar los registros, por dar salida al romanticismo exacerbado de Bretón y cierta claridad a la instrumentación en los instantes más densos. Con todo, la ORCAM tuvo algunos vaivenes y desajustes que no pasaron a mayores. El momento que despertó mayores ovaciones, como era de esperar, fue la jota, resuelta de forma sobresaliente por el director madrileño en todas sus variaciones, además de coreografiada y bailada con entusiasmo por el propio Miguel Ángel Berna y el cuerpo de baile. No se llegó a bisar —como sí hizo en su estreno— pero poco le faltó. Hay muchas representaciones, ya llegará.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL