La voz wagneriana de Lise Davidsen llenó el Real

Madrid

10 / 01 / 2022 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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lisedavidsen-operaactual-real (1) Lise Davidsen y el pianista Leif Ove Andsnes © Teatro Real / Javier DEL REAL
lisedavidsen-operaactual-real (1) Lise Davidsen y el pianista Leif Ove Andsnes © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Recital de LISE DAVIDSEN

Debut en el teatro

Obras de Edvard Grieg, Richard Strauss y Richard Wagner. Leif Ove Andsnes, piano. 8 de enero de 2021.

Gran expectación había entre el público madrileño ante la presentación en el Teatro Real de Lise Davidsen, la joven cantante noruega que triunfa como la gran soprano wagneriana de hoy tras su presentación en La Walquiria y como Elisabeth de Tannhäuser en Bayreuth. (Davidsen fue cover de Manuela Uhl en las funciones de La prohibición de amar en el Real en 2016, aunque no tuvo que aparecer en escena).

Para este aclamado debut se escogió un repertorio adecuado para el momento que vive su voz, antes de abordar papeles más pesados del repertorio que ya ha empezado a hacer suyo. La primera parte la ocuparon dos ciclos de canciones de Grieg, compatriota de la cantante y del pianista. El primero, las Seis Canciones Op. 48 sobre textos de poetas alemanes, son encantadoras miniaturas que evocan la naturaleza, el canto de un ruiseñor (imitado con gracia por la soprano y repetido en eco por el piano), el amor soñado, el cumplido y el desdichado. Requieren variedad de colores, limpieza y claridad, sin excesos dramáticos. Otro tanto ocurre en las Canciones Op. 67, sobre textos en noruego, que cuentan de nuevo, ampliándola, una historia de amor y de contemplación de la naturaleza, como una evocación un poco fácil de los ciclos de Schubert. En un recital, en todo caso, sobra uno de los dos ciclos, probablemente el segundo, demasiado monótono.

El clima cambió al entrar en el terreno plenamente adulto de la segunda parte. Arrancó con tres de las Cuatro canciones Op. 27 de Richard Strauss y ya desde la primera, una apabullante “Ruhe, meine Seele” (“Descansa, alma mía”), cantado con tensión dramática, se pudo comprobar la calidad de la artista: voz tersa, sin fallos, esmaltada y fresca al mismo tiempo, con una riqueza de armónicos prodigiosa, capaz de sostener una nota variando el color a voluntad, con agudos fáciles y graves rotundos y subidas vertiginosas (como en el “Cäcilie”, también de Strauss). Una soprano dramática de primera magnitud.

"Davidsen, pletórica de medios, capaz de llenar el teatro con un chorro de voz extraordinario y de apianar hasta lo más delicado, comprendió muy bien este papel que le ofrece Wagner"

Es difícil exagerar la categoría de la artista, que realizó una interpretación inolvidable de los Wesendonck Lieder y demostró por qué su carrera está tan relacionada con el repertorio wagneriano. Como es sabido, los textos están escrito por la propia Mathilde Wesendonck y en ellos, aunque se escuchan a ráfagas esbozos del Tristán, hay que imaginar la voz de la propia autora y amante por entonces del compositor. Davidsen, pletórica de medios, capaz de llenar el teatro con un chorro de voz extraordinario y de apianar hasta lo más delicado, comprendió muy bien este papel que le ofrece Wagner, situado, tanto como en la pura evocación lírica, entre la representación de lo que el compositor se imaginaba que era el amor y la reflexión abstracta, de ínfulas metafísicas y matices autocomplacientes. Ni rastro de afectación, por tanto, como si la protagonista del ciclo contemplara desde una (muy) ligera distancia las gesticulaciones de su admirador.

Acompañó a Davidsen Leif Ove Andsnes, con un sonido de gran belleza, lírico cuando hacía falta y descriptivo en los momentos pertinentes: en algún caso, en particular en varias de las canciones del segundo ciclo de Grieg, más interesante que la línea vocal. Enorme y merecido éxito, con tres propinas, un definitivo Zueignung de Strauss y otras dos cancioncitas de Grieg.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL