La ‘Viuda’ de Kosky, opulencia y melancolía

Zúrich

21 / 03 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

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léhar zúrich La nueva producción de 'La viuda alegre' de Barrie Kosky © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
léhar zúrich La nueva producción de 'La viuda alegre' de Barrie Kosky © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
léhar zúrich La nueva producción de 'La viuda alegre' de Barrie Kosky © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS

Opernhaus Zürich

Léhar: LA VIUDA ALEGRE

Nueva producción

Martin Winkler, Katharina Konradi, Michael Volle, Elisa Huber, Andrew Owens, Omer Kobiljak, Nathan Haller, Valeriy Murga, Maria Stella Maurizi, Chao Deng, Ann-Kathrin Niemczyk, Anddre Moore, Liliana Nikiteanu, Barbara Grimm. Dirección musical: Patrick Hahn. Dirección de escena: Barrie Kosky. 14 de marzo de 2024.

Barrie Kosky, en su inigualable estilo, se sumergió en el opulento universo de La viuda alegre de Lehár en la Opernhaus Zürich, desplegando un juego de contrastes que capturó la imaginación del público. Desde el comienzo, su regia, en colaboración con Fabio Dietsche –brillante dramaturgia— y Klaus Grünberg en la escenografía e iluminación, entregó un escenario que es tanto un espectáculo visual —una auténtica maravilla, gracias al vestuario de Gianluca Falaschi— como un espacio para la narrativa emocional. La coreografía de Kim Duddy inyectó vida y una energía contagiosa a la producción, con números que hicieron justicia al espíritu vivaz de la opereta, fusionando movimiento y música en una sinfonía de gracia estilizada.

Esta Viuda zuriquesa transporta a un París de extravagancia, bullicio, excesos y algarabía, un telón de fondo perfecto para una historia impregnada de añoranza y recuerdos. Es aquí donde la producción brilla, en su habilidad para entrelazar con maestría la comedia con la tragedia, reflejando la complejidad de la vida y del amor, del ser y del querer, consiguiendo dejar con una emoción contenida tras el desgarrador “Ja, so – ist’s einmal un fertig!” de Hanna. Kosky se sirvió del flashback para tejer los encuentros y desencuentros entre los protagonistas, culminando en una reflexión sobre la frivolidad, la soledad y la melancolía y desafiando así las convenciones para ofrecer una experiencia teatral profundamente emotiva y reflexiva.

"Michael Volle añadió una capa de complejidad a Danilo, combinando carisma con una presencia escénica que enriquecía su interpretación"

Elissa Huber, como Hanna Glawari, junto a Michael Volle, en la piel del Conde Danilo, brindaron un arte lleno de dualidades emotivas: por un lado, la grandiosidad palpable, por otro, una intimidad sutil que apenas se insinúa, con cada nota y gesto desentrañando las complejidades y fragilidades que anidan en las profundidades de sus vidas. Actuaciones que capturan la complejidad y la contradicción de sus personajes, marcando un contraste fascinante entre la opulencia externa y la vulnerabilidad interna. La prestación de Huber resultó magnética, llevando al público a través de una montaña rusa de emociones evocando a un pasado irrecuperable. Volle, por su parte, añadió una capa de complejidad a Danilo, combinando carisma con una presencia escénica que enriquecía su interpretación; en ocasiones, sin embargo, el instrumento perdía brillantez en el registro agudo y con síntomas de cansancio.

Del resto del elenco, cabe destacar la magnífica Valencienne de Katharina Konradi, Martin Winkler como el Embajador pontevedrino, Barbara Grimm hilarante en el papel hablado de Njegus, y Andrew Owens como Camille de Rosillon, quienes añadieron vitalidad y dinamismo a la producción.

Bajo la dirección de Patrick Hahn, la Philharmonia Zürich interpretó la partitura con pasión y precisión, superando el desafío de combinar la grandiosidad de la música con la coreografía y la acción en escena, y logrando mantener la vibrante y emotiva esencia de la opereta, capturando así la esencia del trabajo del compositor austrohúngaro.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Zúrich de ÓPERA ACTUAL