La vida y el canto de Radvanovsky, de la pérdida a la esperanza

Pamplona

11 / 01 / 2024 - Alberto OSÁCAR - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
radvanovsky pamplona Sondra Radvanovsky, en su debut en Pamplona © Fundación Baluarte / Iñaki ZALDÚA
radvanovsky pamplona Sondra Radvanovsky y el pianista Anthony Manoli © Fundación Baluarte / Iñaki ZALDÚA

Fundación Balaurte

Recital de SONDRA RADVANOVSKY

Debut en Pamplona

Obras de Purcell, Händel, Rajmáninov, Strauss, Lizst, Heggie y Giordano. Anthony Manoli, piano. 9 de enero de 2024.

Bajo el título From Loss to Love, Sondra Radvanosky viene ofreciendo un recital (ver crítica del Liceu en este enlace) en el que recoge un conjunto de arias y canciones que ella misma se encarga de ir presentando y explicando su sentido dentro de sus vivencias personales, como la muerte de su madre, su divorcio o un nuevo amor. De la pérdida a la esperanza. De esta forma hizo su debut en la capital navarra ante un auditorio que lamentablemente no se llenó.

La soprano de Illinois es sin duda, junto a Anna Netrebko, una de las cantantes más mediáticas del momento. Poseedora de una voz con una densidad innegable —bueno es saber que comenzó cantando como mezzosoprano— que le permite aportar ese dramatismo de soprano spinto con un tercio grave firme y seguro, al mismo tiempo que su ascenso al agudo se produce sin esfuerzo y con total rotundidez y brillo. La voz de la artista norteamericana muestra un vibrato muy característico y la técnica que maneja le permite hacer un despliegue de recursos espectaculares, como sus pianos, medias voces, frases sostenidas con un fiato sorprendente y un control de la voz que explica el porqué de su posición de número uno.

"La soprano ofreció toda su capacidad dramática al servicio de todo un despliegue de facultades demostrando porque se está en la cima de una carrera tan competitiva, con todas sus virtudes canoras"

Para comenzar el recital de su debut en la programación de la Fundación Baluarte de Pamplona, eligió dos arias barrocas que le ayudaron a calentar la voz, «When I am laid in earth», de Dido y Eneas de Purcell, y la conocida «Piangerò la sorte mia» de Julio César de Händel dicha con enorme carga de sentimiento y con su particular estilo. Siguió con tres canciones de Rajmáninov consiguiendo con «Ne Poi Krasavitsa» los primeros bravos del público gracias a un dramatismo y fuerza contenida de una factura extraordinaria. Justo es destacar en este punto el innegable acierto del acompañamiento de Anthony Manoli, de enorme pulso y carga sentimental, totalmente alineado con la solista, hecho que volvió a ponerse de manifiesto en las cuatro canciones de Richard Strauss con las que se puso fin a la primera parte, interpretadas también de forma espléndida.

Comenzó la segunda parte con los Tre sonetti di Petrarca de Lizst, felizmente ejecutados tanto por Radvanosky como por el maestro Manoly. Siguió una canción de su compatriota Jake Heggie, If I had known, precedida de la introducción que hizo la cantante acerca de la enfermedad que sufrió su madre antes de fallecer y que le brindó a su versión una enorme carga emocional. Para acabar el recital eligió la archiconocida aria de Andrea Chénier «La mamma morta», con la que después de desplegar todos sus recursos canoros, incluido un sostenido agudo de enorme impacto, consiguió poner en pie al público y, como era de esperar, dar paso a la tanda de bises que generosamente tenía preparada. La comenzó con una modélica interpretación de «Io son l’umille ancella» de Adriana Lecouvreur en la cual desplegó toda su artillería técnica de reguladores y forti acabados en piano de una factura soberbia. Pero sin lugar a duda lo mejor de la velada estaba por llegar cuando abordó la gran aria de La forza del destino veriadana, «Pace, pace mio Dio»: aquí la soprano ofreció toda su capacidad dramática gracias a un despliegue de facultades.

El público supo responder ante tal derroche de arte con una ovación interminable puesto en pie y que fue correspondido por la cantante con una última propina, «Oh mio babbino caro«, del Gianni Schicchi pucciniano. El éxito final de la velada se puede imaginar.  * Alberto OSÁCAR, corresponsal en Pamplona de ÓPERA ACTUAL