La vida a escena

Valencia

02 / 11 / 2020 - César RUS - Tiempo de lectura: 4 min

Print Friendly, PDF & Email
Una escena del montaje de Pierre Audi con el que la obra se estrenó en La Scala de Milán y que ya ha visitado la Ópera de Ámsterdam y Les Arts de Valencia © Dutch National Opera / Ruth WALZ

Palau de Les Arts

Kurtág: FIN DE PARTIE

Estreno nacional

Frode Olsen, Leigh Melrose, Hilary Summers, Loeonardo Cortellazzi. Dirección: Markus Stenz. Dirección de escena: Pierre Audi. 29 de octubre de 2020.

La apuesta por la calidad a veces es arriesgada, pero Les Arts programando Fin de partie, ha vuelto a despertar interés nacional. No es fácil programar música contemporánea, y en Valencia menos; sin embargo, en esta ocasión, ha sido una decisión que ha resultado ser providencial, pues quien asistió a esta ópera con mente abierta se enfrentó a una experiencia desgarradora. La historia se ha encargado de dar un nuevo sentido al texto del escritor y dramaturgo irlandés, Samuel Beckett. En ese sentido, la imagen clásica, pero siempre desgarradora, de los ancianos consumiéndose en cubos de basura, ha adquirido en los últimos meses una nueva significación después de lo ocurrido en las residencias de ancianos en medio mundo a raíz de la pandemia. Por ello, era difícil desligarse de la inefable conexión entre lo que se veía en escena y lo que se ha vivido y se continúa viviendo.

La obra se estrenó en La Scala en 2018 y esta es la tercera vez que se interpreta. György Kurtág se ha encargado no solo de la música, sino también del libreto. Mantiene la literalidad del texto original pero aplica cortes con los que logra una metamorfosis del clásico. Así pues, desaparecen las referencias al mundo postapocalíptico y también las referencias temporales. En lugar de eso, unos cortes entre escenas con bajada de telón contribuyen a una sensación de estatismo e intemporalidad que generan sensación de angustia.

"Especialmente emotivo es el frío lirismo que despliega Nell recordando el lago de Como, mientras que el grito de Nagg al descubrir que su mujer ha muerto desgarra por su mezcla de dolor y caricatura"

Pero el cambio más relevante es la importancia que se da a la relación entre Hamm y sus padres. Dos escenas dedica Kurtág a esa relación creando los momentos más intensos de toda la obra. Especialmente emotivo es el frío lirismo que despliega Nell recordando el lago de Como, mientras que el grito de Nagg al descubrir que su mujer ha muerto desgarra por su mezcla de dolor y caricatura. Sin embargo, la relación entre Clov y Hamm pasa a un cierto segundo plano. Desaparecen las órdenes y contraórdenes asfixiantes con las que Hamm tortura a su sirviente. La última escena es donde más se desarrolla esa relación y donde Kurtág se muestra más austero en lo musical, creando una atmósfera viciada, antes de cerrar la obra con una coda de tintes tétricos. Por lo demás, Kurtág se sirve de todo su lenguaje musical acumulado tras décadas y los hace comulgar con la semántica del texto. Ahí estaban, por ejemplo, el dominio de las texturas o la rítmica de raíz húngara.

La ausencia de referencias espaciales (no existe el espacio externo que sí existe en Beckett), permite a Pierre Audi dar la vuelta a la escena y, como si de un calcetín se tratase, el espacio no es interior sino que es exterior y en lugar de ser una habitación, es el exterior de una cabaña; por lo demás, su concepción es fiel, incluso visualmente, a la tradición teatral de la obra. El director de escena firma un trabajo escénico de primerísmo nivel exigiendo el máximo a nivel actorial. No en vano el elenco provenía de la producción escalígera y reunió a cuatro cantantes-actores que dominan soberanamente sus partes y que tienen el privilegio de sentar un canon en una obra que tiene voluntad de clásico: Frode Olsen (Hamm), Leigh Melrose (Clov), Hilary Summers (Nell) y Leonardo Cartellazzi (Nagga) fusionaron canto y teatro en una unidad indisoluble. Magnífico el trabajo de la Orquesta de la Comunitat a manos de Markus Stenz, quien demostró un dominio soberano de la obra.

Por desgracia, una parte importante del público fue abandonando la sala entre escena y escena. Una pena. La obra no es difícil y cualquiera que ame el teatro sabrá apreciarla. Probablemente es una ópera que puede gustar mucho más a aquellos que no estén familiarizados con la ópera más tradicional, pues, a veces, cierto público amante de la ópera cae en ciertos prejuicios sobre la ópera contemporánea. Este tipo de obras merecen una segunda oportunidad.