‘La Vestale' regresó, incomprensible, a la ONP

París

16 / 06 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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spontini paris La producción de Lydia Steier de 'La Vestale' © ONP / Guergana DAMIANOVA
spontini paris La producción de Lydia Steier de 'La Vestale' © ONP / Guergana DAMIANOVA
spontini paris La producción de Lydia Steier de 'La Vestale' © ONP / Guergana DAMIANOVA

Opéra national de Paris

Spontini: LA VESTALE

Michael Spyres, Julien Behr, Jean Teitgen, Florent Mbia, Élodie Hache, Eva-Maud Hubeaux. Dirección musical: Bertrand de Billy. Dirección de escena: Lydia Steier. 15 de junio de 2024.

Si la lenta progresión de la historia y la pulcritud académica de sus diálogos sitúan La Vestale (1807) de Gaspare Spontini en el mundo lírico francés del siglo XVIII, su duración —140 minutos— y su orquestación consecuente, con cantidad de intermedios sinfónicos, anuncian la grand opéra del siglo XIX. El interés de la presentación de la obra en la Opéra national de Paris se explica porque su autor, un extranjero más al servicio de la música gala y muy apreciado por la corte de Napoleón I, fue rápidamente olvidado y fue Maria Callas quien resucitó la obra en 1954 en el 180° aniversario de la muerte del compositor. 

El libreto de Étienne Jouy, simple y lineal, trata de los amores prohibidos entre una mujer que la sociedad romana ha dedicado a la diosa Vesta —vale decir la ha condenado a la virginidad perpetua, a su pesar— y un glorioso militar. Por supuesto, el fuego sacro que ella debe mantener —símbolo de su propia virginidad—, se apaga en un momento de efusión de los amantes. Ambos se salvan de la venganza combinada del ejército y de la institución religiosa gracias al last minute rescue de la propia diosa. 

En una escenografía de Étienne Puss dominada por la vetustez y los colores grises, y presidida por el rétulo “Talis est ordo deorum” —“Ésta es la ley de los dioses”—, y atrezzatura salida de una Semana Santa sevillana en forma de pesadilla, Lydia Steier, dispuso de un terreno amplio y abonado para denunciar la eterna tiranía del binomio ejército-iglesia. Su voluntad de relacionar la historia del soldado y la vestal con el woke de las universidades americanas (que la escenografía tradujo por el paraninfo la Sorbona) fue imposible de comprender; más bien quedó clara su voluntad de atraer hacia ella la atención del público. Y así, pidió a los cantantes actuar sin expresar emociones particulares e inyectó tensión dramática sobre la base de escenas de violencia que incluyeron imprecaciones, insultos, humillaciones, empujones, patadas, bofetones, puñetazos, escupitajos, latigazos, cuerpos putrefactos colgados cabeza abajo… A contrapelo de lo que estaban diciendo académicas, la música y las voces.

Apláudanse con vehemencia las intervenciones de coro; Ching-Lien Wu entendió la importancia dada por el compositor al papel de la masa coral y logró de los miembros del coro de la ONP unidad, matices y claridad en las múltiples intervenciones, y las de las voces femeninas en particular. 

"Michael Spyres —Licinius— y Julien Behr —Cinna— , brindaron dos diálogos de campanillas en los actos extremos con voces contundentes, ambas de buen metal"

Michael Spyres como Licinius y Julien Behr como Cinna, brindaron dos diálogos de campanillas en los actos extremos con voces contundentes, ambas de buen metal, complementarias por voluntad del compositor aunque de igual tesitura, Jean Teitgen —el Souverain Pontife— aportó autoridad en el escenario y en la historia gracias a su registro grave, neutro y mandón. Élodie Hache (Julia, la vestal) cantó las notas sin dar a sus intervenciones el mínimo de pathos que requería la desmesurada longitud de la obra en relación con su escueto contenido, al entender de un espectador actual. Ève-Mahud Hubeaux como La Grande Vestale estuvo muy irregular, y se las vio y se las deseó para satisfacer a la vez las exigencias del compositor y las veleidades de la directora de escena. Las pocas intervenciones de Florent Mbia en su doble papel de Cónsul y Jefe de los Arúspices fueron de excelente calidad.  

En el foso, Bertrand de Billy, perfiló los momentos sinfónicos con la aplicación que se le conoce y, por lo demás, se limitó a dirigir la orquesta procurando siempre no dañar a los cantantes. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en París