'La verbena de la Paloma', eternamente clásica

Madrid

09 / 05 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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bretón madrid La producción de Nuria Castejón de 'La verbena de la Paloma' © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
bretón madrid La producción de Nuria Castejón de 'La verbena de la Paloma' © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
bretón madrid La producción de Nuria Castejón de 'La verbena de la Paloma' © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Tomás Bretón: LA VERBENA DE LA PALOMA

Nueva producción

Borja Quiza, Antonio Comas, Carmen Romeu, Ana San Martín, Milagros Martín, Gurutze Beitia, Gerardo López, Sara Salgado, Rafa Castejón, Adrián Quiñones, Ricardo Reguera, Mitxel Santamarina. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Nuria Castejón. 8 de mayo de 2024.

Una nueva producción de La verbena de la Paloma, el sainete lírico de Tomás Bretón con libreto del genial Ricardo de la Vega, es siempre un acontecimiento. Así se comprobó anoche en el estreno de la nueva producción de un Teatro de La Zarzuela (ver previa en este enlace) lleno hasta la bandera de un público expectante, que no se vio defraudado. En lo musical, La verbena de la Paloma se puede abordar desde una visión simplificadora, legítima aunque no corresponda a lo imaginado por sus autores. Como era de esperar, no fue esa la opción del maestro José Miguel Pérez-Sierra, nuevo director musical del coliseo, quien, desde el arranque de la obertura, dejó clara su intención de poner en relieve la complejidad de una partitura que sintetiza milagrosamente diversas tradiciones, como la operística, la bufa y la popular casticista. El maestro madrileño también dejó claro que la obra requiere una especial finura y transparencia en números como el del quinteto (“Linda Susana”) del segundo cuadro o la famosísima y arriesgada habanera concertante, “¿Dónde vas con mantón de Manila?”, del tercero. Algún desajuste en cuanto a la homogeneidad del volumen no logró desmerecer una dirección llena de tensión teatral, animada y capaz de reconciliar lo popular con lo más sofisticado. Pérez-Sierra obtuvo una gran respuesta de la Orquesta Titular del Teatro.

"En el papel protagonista de Julián volvía al escenario de La Zarzuela el barítono Borja Quiza, con su voz fabulosamente bien colocada y proyectada, con un centro de una extraordinaria solidez"

En el papel protagonista de Julián volvía al escenario de La Zarzuela el barítono Borja Quiza, con su voz fabulosamente bien colocada y proyectada, con un centro de una extraordinaria solidez; incluso le sobró un poco de proyección, ya que en ocasiones llegó a tapar a otras voces, redundando en una cierta monotonía en la expresión. Excelente la Susana de Carmen Romeu, que no se arredró ante el caudal de sonido que se le venía encima, y fabulosa la Señá Rita de Milagros Martín, de una naturalidad fuera de serie, como si hiciera descubrir al público su personaje por primera vez. Antonio Comas dio vida a un elegante Don Hilarión, más decidido a divertirse que a exhibir su retranca, como le ocurre al Don Sebastián de Gerardo López y, en general, a una función que no se despeña por el populismo fácil. Quizá por eso la estupenda Tía Antonia de Gurutze Beitia dejó un poco de lado, sin perder comicidad ni tronío, la voz desgarrada que le asigna la tradición. Muy bien la Casta de Ana San Martín, que quedó algo desvaída por el ocasional exceso de volumen. Y honda y emocionante la soleá cantada por Sara Salado. Estupendos todos los demás.

La dirección de escena corrió a cargo de Nuria Castejón, que lleva el género en la masa de la sangre. (Rafa Castejón plantó un muy irónico Tabernero, y el gran Jesús Castejón hizo una aparición en cameo radiofónico). La regista plantó un Madrid tan popular como burgués, como corresponde a la sociedad descrita en la obra y a la naturaleza de la partitura, con una gran dirección de actores (fabuloso el sublime Nocturno del cuadro segundo) y una espectacular escenografía realista de Nicolás Boni. La iluminación de Albert Faura, tan naturalista como poética, y el precioso vestuario de Gabriela Salaverri contribuyeron al éxito de la que se ha convertido ya en una referencia en la historia escénica de La verbena de la Paloma. Los aficionados lo agradecerán durante muchos años.

Muy bien el Coro Titular y magníficos los bailarines. A modo de prólogo cómico-lírico, Álvaro Tato presentó un sainete (Adiós, Apolo), que ponía en escena la preparación de la última función del Teatro Apolo, mítico teatro que acogió el estreno absoluto de esta obra maestra de Bretón. Con números musicales de Chueca, Serrano y López Torregrosa y Valverde, funcionó como una perfecta introducción a lo que viene luego y un hermoso homenaje al escenario por excelencia del género chico que tantas obras maestras brindara al teatro lírico hispano. Resulta impresionante comprobar, una vez más, que un repertorio tan ligado a su circunstancia siga siendo tan conmovedor, tan hilarante, y tan profundamente alegre en pleno siglo XXI como el primer día. Gran éxito, como era de justicia.  * Jose María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL