La venganza del Holandés de Chernyakov

Bayreuth

13 / 08 / 2021 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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der fliegende hollander bayreuth / operaactual.com Asmik Grigorian como Senta © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH
der fliegende hollander bayreuth / operaactual.com Una escena de la producción de Dimitri Chernyakov © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH
John Lundgren como Holandés © Festival de Bayreuth / Enrico NAWRATH

Festival de Bayreuth

Wagner: DER FLIEGENDE HOLLÄNDER

Nueva producción

John Lundgren, Asmik Grigorian, Georg Zeppenfeld, Eric Cutler, Marina Prudenskaya. Dirección musical: Oksana Lyniv. Dirección de escena: Dmitri Chernyakov. Festspielhaus, 11 de agosto de 2021.

El Festival de Bayreuth ha vuelto a la actividad tras el obligado paréntesis pandémico del año pasado, sin alcanzar, ni de lejos, la normalidad: controles estrictos de acceso, aforo reducido a la mitad, público enmascarado y limitaciones en la programación artística, entre otros factores que no han sido impedimento para que la nueva producción del año ofreciera algunos debuts destacados y una primicia histórica: la primera directora de orquesta en una ópera en la Verde Colina. Confiemos que las siguientes no tarden mucho en seguirla.

Oksana Lyniv ha sido una de las principales protagonistas de Der fliegende Holländer, el mismo título, curiosamente, con el que debutó hace unos años en el Gran Teatre del Liceu. La obertura apuntaba a una versión vibrante que el desarrollo de la obra confirmó del todo. Junto a pasajes de una energía tonificante, otros momentos languidecían por falta de tensión en el discurso, en especial los dúos de Senta con Erik y el Holandés del segundo acto. Quizá no por casualidad, eran escenas en las que también el montaje navegaba sin rumbo. En esta quinta representación de la serie, Lyniv consiguió una cohesión más que razonable de las fuerzas a sus órdenes, teniendo en cuenta las características del foso de Bayreuth, nada fáciles de dominar en una primera incursión, con la agravante que el coro cantaba desde una sala anexa, mientras la escena la ocupaban otros coristas que simulaban cantar. Efectos de las restricciones pandémicas. Dejando de lado un efecto acústico desorientador, el sonido amplificado restó impacto a la formación de Eberhard Friedrich, mientras que la orquesta cumplió con más eficiencia que brillantez. Con todo, un debut auspicioso para la directora ucraniana.

"Las ovaciones más generosas fueron, con total merecimiento, para Asmik Grigorian, una Senta de una intensidad incendiaria, de una generosidad vocal sin límites que afrontaba los continuos saltos al agudo con una facilidad pasmosa"

Las ovaciones más generosas fueron, con total merecimiento, para Asmik Grigorian, una Senta de una intensidad incendiaria, de una generosidad vocal sin límites que afrontaba los continuos saltos al agudo con una facilidad pasmosa. Es posible que en otras circunstancias su encarnación ofrezca más matices, pero la combinación de delicadeza y determinación, de rebeldía y lirismo de la soprano armenio-lituana era digna de encomio. Lástima que no tuviera un Holandés a su altura.

El fraseo de John Lundgren era más que correcto, subrayando la vertiente atormentada del personaje, pero la voz fue falible en exceso: corta por arriba y por abajo, y bien justa de fuerzas ya desde el monólogo inicial. Durante las funciones Bayreuth anunció que el bajo-barítono sueco será Wotan en Die Walküre y Wanderer en el Ring del 2022, una elección que, a tenor de este Holandés, causa no poca perplejidad.

Georg Zeppenfeld es uno de los puntales del Bayreuth actual, posición más que refrendada por un Daland ejemplar por la nobleza de la voz y del fraseo, contradictorias con la caracterización antipática de la propuesta escénica. Marina Prudenskaya encarnó una Mary de voz suculenta y dotes dramáticas aprovechadas por un montaje que le daba más protagonismo del usual. Eric Cutler aportó elegancia casi belcantista al poco agradecido papel de Erik, aquí con un perfil más violento y caracterizado no como cazador sino como pescador (¿un toque irónico de Chernyakov?), mientras que Attilio Glaser, como todo joven tenor debería hacer, llamó la atención con su luminoso Timonel.

Dmitri Chernyakov era otro de los debuts importantes de la producción. Fiel a su estilo, el director ruso se muestra poco atado por la literalidad de argumento y libreto, en el caso de Der fliegende Holländer, evacuando cualquier elemento sobrenatural y de redención, y de nuevo se mostró más que dispuesto a explicar una historia diferente. El ejercicio puede ser válido si la alternativa es coherente y está bien resuelta a nivel teatral, circunstancia que no se dio en esta ópera de Wagner. Toda la propuesta se puede resumir como la venganza del Holandés (o H). Durante la obertura vemos cómo Daland tiene una aventura con una mujer, a la que acaba rechazando. No sólo él, toda la comunidad le da la espalda sin piedad, conduciendo a la mujer a ahorcarse delante de su hijo pequeño. Muchos años después, éste vuelve, sin ser reconocido, a su ciudad, un espacio de edificios grises, en perpetuo –y cansino– movimiento (el propio Chernyakov firma el decorado, Elena Zaytseva el vestuario y Gleb Filshtinsky las luces), un entorno intencionadamente deprimente sin el menor atisbo de barcos. El plan de H es unirse para después abandonar a Senta, la hija inquieta e insatisfecha de Daland y Mary, retratada como una réplica de Billie Eilish. Una dirección del segundo acto demasiado pobre para alguien del talento de Chernyakov no acaba de clarificar qué atrae del Holandés a Senta, más allá de sus ansias de huir de una familia pequeñoburguesa (la balada fue interpretada más en clave irónica que de obsesión), y su gran dúo se sitúa en una comida familiar ante un ilusionado Daland y una tensa Mary, quien sabe más de lo que parece.

La venganza de H se consuma en el tercer acto, cuando, acompañado por un grupo de sicarios, aterroriza a golpe de pistola a los vecinos e incendia la ciudad. Un final apocalíptico resuelto de forma confusa por Chernyakov: Mary liquida con un tiro de escopeta por la espalda al Holandés ante la reacción entre histérica y resignada de Senta y el espanto de Daland. Es posible que la madre quiera evitar a su hija el trauma del abandono masculino, pero quién sabe, quizás Mary sólo quería acabar con el último vestigio de los devaneos pasados de su marido. La atracción de Senta por H tomaría entonces un cariz bien diferente. * Xavier CESTER, corresponsal en Bayreuth de ÓPERA ACTUAL