'La Traviata' liceísta, luchar para vencer

Barcelona

05 / 12 / 2020 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

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Traviata Kristina Mhkitaryan, brillante Violetta, y Pavol Breslik, un flojo Alfredo © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Traviata Mhkitaryan, junto al autoritario Germont 'père' de George Gagnidze © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Traviata Una imagen de la producción de 'La Traviata' que volvía al Liceu, ahora con mascarillas © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Verdi: LA TRAVIATA

Kristina Mhkitaryan, Pavol Breslik, George Gagnidze, Laura Vila, Gemma Coma-Alabert, Antonio Lozano, Felipe Bou, Gerardo Bullón, Tomeu Bibiloni. Dirección: Speranza Scappucci. Dirección de escena: David McVicar / Marie Lambert. 4 de diciembre de 2020.

Tiempos de pandemia. En el ambiente desolado en un teatro medio vacío por las medidas sanitarias en materia de ocupación (el aforo está limitado a 500 espectadores), la voluntad de los gestores del  Liceu para encarar las actuales circunstancias merece todos los respetos. Anticipando en un día la inauguración prevista, ha subido a escena La Traviata  y el resultado artístico ha sido más que notable. Por una vez la lucha ha llevado a la victoria. El futuro puede ser incierto, pero el primer paso se ha dado ya, y con pie firme.

"El montaje de David McVicar, acicalado por Marie Lambert para adaptarlo a la situación actual, apareció más atildado en el gesto y mejor integrado en la peripecia escénica"

El montaje escénico de David McVicar, acicalado en esta ocasión por Marie Lambert para adaptarlo a la situación actual, apareció más atildado en el gesto y mejor integrado en la peripecia escénica que cuando se dio aquí por primera vez. Si se lograra algún día que las zingarelle en la fiesta de Flora canten el texto que tienen asignado en lugar de limitarse a bailar dejándolo a cargo del resto de invitadas y que los mattadori hagan otro tanto, la felicidad podría llegar a ser total. Speranza Scappucci, por su parte, dirigió una versión aceptablemente completa, con las cabalette obligadas y doble estrofa para «Addio, del passato» y supo administrar  los tempi con criterio, logrando una excelente respuesta por parte de la orquesta y el coro, con nitidez en la definición del discurso de la cuerda en el primer caso y tanto en la calidad del canto como en la participación escénica en el segundo.

Kristina Mhkitaryan fue una Violetta que tardó algo en calentar motores, con una proyección escasa de la primera octava en el primer acto, pero acabó imponiéndose con una voz de gran fuste y brillante esmalte, de centro carnoso y extensión apreciable con una emotiva progresión dramática en las últimas escenas. A su triunfo ante un público no por escaso menos entusiasta se unió el que obtendría el barítono georgiano George Gagnidze, últimamente muy activo en el ahora silenciado MET neoyorquino, que hizo un Germont père de gran autoridad vocal y justo acento.

No tan apreciada fue la participación del tenor Pavol Breslik, un Alfredo bien cantado pero escasamente arrogante en el timbre, que acertó al culminar su «O mio rimorso» sin la espúrea puntatura final. Cumplieron en este regreso de La Traviata, con sólidas prestaciones, los demás, desde Felipe Bou (Grenville) a Gemma Coma-Alabert, pasando por los eficaces Laura Vila, Antonio Lozano, Gerardo Bullón y Tomeu Bibiloni. Un primer paso ejecutado con limpieza. Que no sea el último es lo que hace falta.