'La Traviata' con media entrada o el Liceu cerrará de nuevo

Barcelona

06 / 12 / 2020 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 3 min

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Yende Korchak La soprano Pretty Yende y el tenor Dmitri Korchak protagonistas de 'La Traviata' en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Traviata Liceu 'La Traviata' en el Liceu de Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Traviata Liceu 'La Traviata' con dirección de escena de David McVicar en el Liceu de Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Verdi: LA TRAVIATA

Pretty Yende, Dmitri Korchak, Giovanni Meoni, Laura Vila, Gemma Coma-Alabert, Antonio Lozano, Felipe Bou, Gerardo Bullón, Tomeu Bibiloni. Dirección musical: Speranza Scappucci. Dirección de escena: David McVicar / Marie Lambert. 5 de diciembre de 2020.

El Gran Teatre del Liceu lanzó un ultimátum a los responsables de la Generalidad de Cataluña en referencia a las funciones restantes de La Traviata: o se permiten un aforo de un mínimo del 50 por cien en las próximas funciones o el coliseo barcelonés no tendrá más remedio que cerrar sus puertas hasta que ello se permita. Los responsables políticos de algunas comunidades autónomas no se han percatado que después de nueve meses de restricciones debidos a la pandemia de la Covid-19 hay muchos sectores de la economía que necesitan con urgencia que se les permita un mínimo de actividad. Entre ellos la cultura, y muy especialmente su buque insignia en Cataluña, el Gran Teatre del Liceu. Es imposible abordar funciones con un máximo del 20 por ciento de aforo en un coliseo con una capacidad de casi 2.300 localidades. Con 500 entradas (incluidos críticos, familiares de cantantes o responsables públicos y del propio coliseo) el Liceu, así, es una ruina.

El coliseo barcelonés, precisamente, ha hecho un gran esfuerzo aumentando las funciones de La Traviata con tal de dar cabida a los abonados y público interesado, pero se necesita un mínimo de ingresos para hacerlo viable. Los protocolos implementados son fiables y la cultura en el Liceu, así como en los museos, salas de conciertos o teatros, ha demostrado que es segura. Parece ser que fuera más fácil prohibirlo todo que trabajar e informarse de lo que está sucediendo en cada sector implicado y no destruir la economía. Así nos va, y la crisis económica posterior puede llegar a ser mucho peor que la del 2009. Al tiempo.

"El montaje de David McVicar, puesto al día por Marie Lambert para adaptarlo a las restricciones de la Covid-19, resultó más vistoso incluso que en su estreno"

La propuesta verdiana con dirección de escena de David McVicar y puesta al día por Marie Lambert, focaliza el drama en la muerte de Violetta presentando los tres actos sobre una gran lápida de mármol negro que no es otra que la de la pobre protagonista. La lápida, con el nombre y fechas de nacimiento y muerte de la protagonista, no se puede ver desde la platea, y sí desde los pisos superiores, perdiéndose para parte del público un detalle fundamental de la propuesta. Los grandes cortinajes en negro y blanco permiten adentrarse en la trama argumental como visitantes privilegiados en pleno siglo XIX.

La directora italiana Speranza Scappucci, mantuvo en esta segunda función una versión aceptablemente completa de la obra, administrando los tempi con criterio, destacando en la exquisitez de los detalles y sin perder el efecto en los momentos más dramáticos de la ópera, contando con una excelente respuesta por parte de la orquesta y del coro del Liceu.

La soprano sudafricana Pretty Yende fue una Violetta de destacada proyección canora, con cuerpo, redondez en la emisión y una muy cuidada dicción, no exenta de eficacia en las agilidades y coloraturas, complementado con una zona aguda muy estimable. La artista fue merecidamente ensalzada en los aplausos finales. Su Violetta, un tanto fría en el primer acto, fue ganado en profundidad e interpretación actoral en los dos últimos, con una escena final muy meritoria.

A su lado brilló el tenor Dmitri Korchak, quien presentó un muy interesante y homogéneo instrumento de cuidada emisión y un más que interesante registro agudo. Pero le faltó ese punto de coraje y emoción que hace triunfar a muy pocos tenores en este difícil personaje. El barítono Giovanni Meoni fue recibido con grandes aplausos al finalizar la representación gracias a una cuidada dicción y a su elegante fraseo, pero resultó algo estático y poco implicado en la trama para redondear el personaje. Cumplieron el resto del reparto que era el mismo de la primera función. Una velada que podría ser la última de unas funciones verdianas, precisamente pensadas para cerrar el año haciendo una importante caja para el coliseo barcelonés. Es de esperar que tanto esfuerzo pueda llegar a buen puerto.