La 'Traviata de Mayer', una piedra en el camino del MET

Nueva York

23 / 03 / 2020 - Rebeca BLANCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Lisette Oropes lució una voz brillante, aunque en alguna ocasión demasiado ligera para el personaje de Violetta © Met Opera / Richard TERMINE
El montaje de Michael Mayer concluyó sus funciones en Nueva York justo antes del cierre del Met por la pandemia © The Metropolitan Opera / Richard TERMINE

The Metropolitan Opera

Verdi: LA TRAVIATA

Lisette Oropesa, Piero Pretti, Luca Salsi, Maria Zifchak, Kevin Short. Dirección: Bertrand de Billy. Dirección de escena: Michael Mayer. 9 marzo de 2020.

De nuevo, y por desventura, el MET de Nueva York ha incluido en su temporada La Traviata en la visión teatral de Michael Mayer, estrenada en 2018. Esta producción, que vio la luz de la mano de Diana Damrau y Juan Diego Flórez, volvió para consolidarse como un desacierto escénico que intenta dar vida a una de las óperas más populares y reconocidas por el público. La obra de Verdi puede considerarse un track básico en la educación musical de todo hijo de vecino. Una responsabilidad que sobrepasa muchas veces a directores de escena que deberían intentar captar la atención de nuevos públicos para la ópera con su trabajo.

El montaje, que ya se empapó de malas críticas en su estreno, parece elegir el camino de Broadway, algo que tal vez con menos intensidad podría funcionar pero que la epilepsia de color no permite. Goza de todo y nada, demasiadas gamas cromáticas yuxtapuestas y ostentosidad para un escenario acaparado por una omnipresente cama que aparece y reaparece acto tras acto. Y no solo fueron los fluorescentes los que no dejaron disfrutar de la noche, porque los movimientos básicos y desacompasados de los artistas eran sosos y huecos de carisma.

"Bertrand de Billy fue sin duda el héroe de la noche. Tiró de orquesta, coro y solistas y luchó contra viento y marea en los momentos más vertiginosos de la partitura"

Sobre el escenario Lisette Oropesa y Piero Pretti asumieron los roles principales. Ella, ovacionada en el MET en múltiples ocasiones esta temporada, debutaba el rol en la ciudad y su desempeño fue ante todo correcto. Sin destacar especialmente en su fuerte, la coloratura, supo suplir con su impecable técnica la ejecución de un papel que aún no se le ajusta del todo en medidas. Oropesa tiene una voz vivaz y brillante que encaja con Violetta pero que, sin embargo, la compleja extensión vocal y el perfil dramático de la dama de las camelias necesita más peso y pasión.

El tenor italiano dibujó un Alfredo de voz aterciopelada y afinación magistral, aspectos que tampoco fueron suficientes para llamar la atención del público. Su talón de Aquiles sin duda fue la escasa proyección: no solo perdía presencia en la zona central de su tesitura, sino, además, en los dúos su voz resultó casi inaudible. Luca Salsi, con un buen fraseo y buen control de fiato aunque sin especial atractivo, dejó frío e indiferente al público con su tibia personificación de Germont père. Completaron el reparto Maria Zifchak como Annina y Kevin Short como un devoto Dr. Grenvil.

Pero si hay que aplaudir y rendir honores en una noche tan desacertada, habría que dirigirlos al podio. Bertrand de Billy fue sin duda el héroe de la noche. Tiró de orquesta, coro y solistas y luchó contra viento y marea en los momentos más vertiginosos de la partitura. Bien es sabido que el director es un destacado verdiano y, desde el primer acorde, supo mantener la compostura entre escena y foso consiguiendo, por ejemplo, que el «Sempre libera” fuese ligero y muy llevadero.

En definitiva, el MET también tropieza dos veces con la misma piedra. Habrá que ver cuándo llega la tercera.